BUENOS AIRES.-Situaciones conflictivas en ámbitos diferentes y con muy distintos orígenes están coincidiendo en un vértice político que pone a prueba el poder del Presidente y la capacidad del gobierno para resolverlas. La compleja coyuntura es consecuente con la imagen hegemónica y salvadora que las circunstancias y su propia acción política le han asignado a Kirchner, en un contexto donde la oposición no gravita lo necesario para equilibrar las cargas. Entre esas situaciones, la más reveladora es la vacilante respuesta al virtual secuestro del ministro de Trabajo y otros funcionarios por un grupo radicalizado de piqueteros. El retroceso en el proyecto de crear una brigada antipiquetes sin armamentos, ha mostrado por otra parte que la interna en el gobierno sobre el conflicto más inmediato y agudo no es fácil de superar. Otro problema es la confrontación de los dos peronismos sindicales por el encuadramiento de los camioneros en la empresa Carrefour, y que ha terminado en un arbitraje donde aparece la decisión final de Kirchner. El polémico prejuzgamiento con que se debaten los juicios políticos a jueces de la Corte Suprema, aparece por su lado firmemente influenciado por la senadora Fernández de Kirchner, constituyendo parte esencial de una lista que no se cierra con los casos mencionados.
Un laberinto
La semana próxima confluirán frente a la Casa Rosada no sólo los piqueteros denunciados por el ministro de Trabajo ante la Justicia, sino otros núcleos que han calificado como represión antisocial esa denuncia, y para entonces el Gobierno deberá contar con una alternativa política suficiente que no se advierte hasta el momento. Ese manejo vacilante del problema ha sido causa de que no pocos comentarios apunten al Presidente como responsable de una falta de acción que en realidad compete a la fiscalía y es de oficio, y por la que el fiscal Luis Comparatore ha tomado ya protagonismo. Si la acción de la Justicia promovida por el ministro Carlos Tomada prospera en la forma planteada, las relaciones con el sector dialoguista de los piqueteros pueden resentirse, pero el Kirchner no podrá detener al fiscal y al juez federal Norberto Oyarbide.
Tan compleja realidad no dejará de incluir los efectos del desenlace en el caso Carrefour, donde uno de los dos sectores más poderosos del peronismo sindical, -los camioneros de Hugo Moyano, cabeza de la CGT disidente, y los comerciales de Armando Cavalieri, jerarca de la CGT legal- perderá la disputa, apelable, por decisión de la cartera laboral. El caso no es sencillo, pues Moyano pretende extender el problema a otros gremios donde confluyen también diferentes especialidades laborales. La crítica cuestión afecta a la fluida interna del PJ, donde ambas CGT tienen sus bandos y temen alguna movida institucional de Kirchner sobre el régimen gremial. (De nuestra Sucursal)







