"La UNT estaba militarizada y era parte del sistema represivo"

Hay 158 universitarios desaparecidos, pero cientos sufrieron la represión, aseguró Fernando Rovetta. El doctor en Filosofía elaboró un informe sobre la dictadura en la universidad.

02 Ago 2013
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DESDE ESPAÑA. Rovetta vino desde lejos para prestar testimonio sobre la desaparición del estudiante Rodolfo Lerner, y contó cómo funcionaba el aparato represivo dentro de la UNT. TELAM

Más de 150 universitarios, entre docentes y estudiantes (entre ellos, todo cuerpo de delegados de Bioquímica) fueron secuestrados durante la dictadura y continúan desaparecidos. Otros, fueron directamente asesinados. Pero fueron muchos más los universitarios que sufrieron los efectos de la represión ilegal.

"La Universidad Nacional de Tucumán se convirtió en un ámbito militarizado, parte del sistema represivo, incluso antes del golpe militar de 1976. Algunas de sus instalaciones, como la Escuela de Educación Física o los quonset del Parque Sierra de San Javier, fueron convertidos en centros clandestinos de detención", dijo Fernando Rovetta, que declaró ayer ante el Tribunal Oral Federal en el juicio por secuestros, torturas y otras vejaciones a los derechos humanos, conocido como Megacausa Arsenales II- Jefatura de Policía II.

Esta investigación, compilada en el informe de una comisión formada por consejeros superiores y funcionarios de la UNT, tras el regreso de la democracia, aportó datos acerca de cómo funcionaba este sistema represivo, que buscaba, según su investigación, someter a la Universidad no sólo física, sino ideológicamente. Rovetta habló de la formación de una fuerza paramilitar dentro del seno mismo de la casa de estudios, conducido por Ismael Hauache, por entonces jefe de seguridad de la UNT, y que tenía conexión con la SIDE y con el Destacamento de Información 142, de la Policía de Tucumán.

"Logramos recopilar información sobre 158 víctimas, pero ese no es un número definitivo porque, luego de que presentamos el informe por primera vez, en 1986 (informe que luego se perdió), nos dieron referencias de otros casos, como el de un estudiante de Ledesma que fue asesinado cuando bajaba del colectivo 102, en Yerba Buena", contó Rovetta a LA GACETA.

- ¿Cómo surgió la necesidad de elaborar este informe sobre la represión dentro del ámbito de la UNT?
- Cuando volvió la democracia, y el rector era (Flavio Eugenio) Virla, se formó la primera comisión, de la que yo participé como consejero superior, para investigar las desapariciones de estudiantes y docentes. Al principio nos llegaron informaciones sobre cuatro o cinco estudiantes secuestrados, pero para 1986, ya teníamos un listado de 158, que en ese entonces creíamos exhaustivo, aunque más tarde siguieron llegando datos de estudiantes desaparecidos.

- ¿Se pudo determinar cuántas personas que sufrieron la represión además de las que están desaparecidas?
- El número exacto de víctimas no lo tenemos (el informe estuvo perdido durante años y solo ahora lo recuperamos), pero sabemos que son cientos, y van desde los que sufrieron cesantías hasta las que fueron directamente asesinadas, como el profesor Fagalde o el doctor (Angel) Pisarello. Entre esos dos extremos, hay personas que fueron secuestradas y luego liberadas, los que sufrieron torturas o fueron perseguidos.

- ¿Cuáles fueron las conclusiones de esa investigación?
- En la Universidad se aplicó un plan sistemático de exterminio, como parte de la Doctrina de Seguridad Nacional, destinado a someter económica e ideológicamente a la sociedad. Parte de ese plan sistemático fue la intervención de jefe de Seguridad de la UNT, Ismael Hauache, que tenía conexiones directas con el Destacamento de Información 142, de la Policía, y con la SIDE. Hay documentos en los que demandan armas, reglamentos para funcionar dentro de las facultades y sobre la creación de un cuerpo armado dentro de la UNT. También se sabe que hubo delaciones, en muchos casos con fines mezquinos y oportunistas.

- ¿Por qué era tan importante para la dictadura actuar sobre la Universidad?
- "La verdad nos hará libres", dice una cita evangélica, que se puede aplicar a este caso, porque la Universidad es una institución comprometida con la búsqueda de la verdad. Cualquier institución crítica era algo peligroso, a lo que había que someter. La intervención militar afectó la autonomía y la libertad académica. Por ejemplo, se cerró la carrera de Psicología, se prohibieron autores ("El Principito", entre ellos) y se investigaba a qué congresos asistían los docentes o el pensamiento de los estudiantes en base a delaciones y trascendidos.

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