Con ellas, la espalda del jefe está salvada
Quizás estén obligadas a mentir alguna vez, a salir corriendo detrás de una orden caprichosa o a quedarse mudas mientras se muerden la lengua. Sin embargo, las secretarias que visitamos afirman que disfrutan muchísimo su trabajo. La celebración de hoy es un homenaje a Lillian Scholes, hija del inventor de la máquina de escribir. Descubrí algunas historias tejidas detrás de los escritorios.
04 Septiembre 2012 Seguir en 
Juliana Quipildor: "el jefe siempre está ocupado"
En una primera instancia el jefe siempre está ocupado y de ahí se verá si puede hacer un lugarcito para atender a alguien que llegó sin cita previa. Juliana trabaja desde hace 18 años con Ricardo Salim en sus actividades privada, artística y pública. Ya tienen un sistema de comunicación. "Su oficina siempre está enfrentada a la mía, entonces cuando entra alguien me encara primero a mí y con una sola mirada ya sé si quiere atenderlo o no", confiesa Juliana. En un principio se incorporó al estudio de arquitectura de Salim y más tarde su jefe le fue asignando más tareas: desde pedir presupuesto hasta convocar a un casting o rastrear al elenco de "La Pasión". "Si está muy apurado deja el auto en la puerta y yo me encargo de estacionarlo. Acá se hace de todo", resumió.
Ángel Barraza: "por ahora no voy a ponerme pollera"
Antes de ser secretario trabajó en un bazar y ahí aprendió a tratar con los clientes. Desde hace 10 años se desempeña en la clínica de cirujía plástica Luna Pastore. Se encarga desde dar turnos hasta hacer algunas curaciones a los pacientes. Además, escucha los problemas de la gente. "En ese sentido somos como un chofer de taxi. La gente viene, nos cuenta sus cosas y uno le presta la oreja", destaca Ángel. Sabe que a su trabajo suelen hacerlo las mujeres y se da cuenta de la sorpresa de algunos pacientes cuando lo ven en la recepción. "El que más me 'gasta' es mi hijo, Ezequiel. A veces me dice que tengo que teñirme el pelo y usar pollera. Por lo pronto me sigo llamando Ángel y no me voy a poner pollera", confiesa entre risas este secretario multitarea.
Soledad Díaz: "mi tarea es manejarle la vida a mi jefe"
"Apenas entré, mi jefe me dijo que mi tarea era manejarle la vida. Al tiempo me convertí en su peor pesadilla... Y bueno, él lo quería así. Ahora no puede hacer nada sin consultarme previamente", cuenta Soledad, secretaria desde hace dos años en la inmobiliaria Feler. Ella maneja no solo la agenda laboral sino también la personal del contador Raúl Feler; por eso, el calendario en el que anota las citas es el hebreo. "Por ahí hace una cita y se olvida de que tiene alguna festividad judía", revela. Para evitar confusiones, el "Conta" -como lo llama ella- es capaz de mandarle un e-mail a las 4 de la madrugada para preguntarle qué tiene que hacer al día siguiente. "A mí no me molesta, al contrario, disfruto mucho mi trabajo, me encanta hacerlo", celebra Soledad.
Margarita Delgado ("Marita"): "(el ministro) recién se va"
A la Casa de Gobierno le conoce cada uno de los rincones. Es que luego de 25 años y de haber pasado por tres ministerios diferentes aprendió todos los detalles. Pero es una tumba. "La dedicación, la discreción y la responsabilidad son fundamentales en este trabajo", enfatiza "Marita" (a la izquierda en la foto). Así la conocen todos sus colegas. Actualmente trabaja como secretaria del ministro de Salud, Pablo Yedlin. Según ella, la mentira máxima de una secretaria, la que siempre tiene bajo la manga es: "(el ministro) recién se va". Su compañera, Viviana Villareal (a la derecha) se ríe y asiente con la cabeza. Con ese mantra logra ahorrarle a su jefe visitas inoportunas. Aunque su función, confiesa, es ser un nexo y solucionar los problemas.
Beatriz Rougés ("Cucú"): "aprender a mentir es una de las condiciones"
Es algo que no dice el manual de la secretaria pero que, en la práctica, sí o sí deben aprender. "Está ocupado, está en reunión, no se lo puede molestar... Son algunas frases para salvarle las papas al jefe. Aprender a mentir es una de las condiciones para ser una buena secretaria. A veces se retrasan y van a llegar tarde... Cuidarle las espaldas es cosas de todos los días", afirmá "Cucú". Así la conocen todos en el Tribunal de Cuentas, donde trabaja desde hace 12 años. Primero como secretaria del Fiscal General y ahora del vocal Sergio Díaz Ricci. Para ella, la buena presencia es fundamental en su trabajo y también el respeto mutuo, con las personas que atiende y con su jefe. "Por suerte mi jefe es un caballerito inglés y nunca hizo falta pegarle un tirón de orejas", confiesa Beatriz.
María Isabel Dorado: "la clave es ser simpática con los pacientes"
Su primer y único trabajo lo consiguió hace 40 años en el laboratorio bioquímico Levy. Ella es conocida por los pacientes porque hace cumplir a rajatabla el régimen de trabajo: "acá las extracciones se hacen de 7.30 a 10", repite hasta el cansancio. Y si alguien llega a las 10.01 se planta en la puerta y no se hace la extracción. Es simpática, sí... hasta que la hacen enojar. "La clave es tratar bien a los pacientes, pero a veces me hacen renegar porque quieren pasar primero, o porque no sacan número. Ya no peleo, les explico dos veces y, si no entienden, les digo que los voy a hacer hablar con el doctor. Ahí se soluciona todo", cuenta María Isabel (57 años). "Nos llevamos muy bien, pero después de 40 años por supuesto que algunas agarradas tenemos", confiesa divertida.
En una primera instancia el jefe siempre está ocupado y de ahí se verá si puede hacer un lugarcito para atender a alguien que llegó sin cita previa. Juliana trabaja desde hace 18 años con Ricardo Salim en sus actividades privada, artística y pública. Ya tienen un sistema de comunicación. "Su oficina siempre está enfrentada a la mía, entonces cuando entra alguien me encara primero a mí y con una sola mirada ya sé si quiere atenderlo o no", confiesa Juliana. En un principio se incorporó al estudio de arquitectura de Salim y más tarde su jefe le fue asignando más tareas: desde pedir presupuesto hasta convocar a un casting o rastrear al elenco de "La Pasión". "Si está muy apurado deja el auto en la puerta y yo me encargo de estacionarlo. Acá se hace de todo", resumió.
Ángel Barraza: "por ahora no voy a ponerme pollera"
Antes de ser secretario trabajó en un bazar y ahí aprendió a tratar con los clientes. Desde hace 10 años se desempeña en la clínica de cirujía plástica Luna Pastore. Se encarga desde dar turnos hasta hacer algunas curaciones a los pacientes. Además, escucha los problemas de la gente. "En ese sentido somos como un chofer de taxi. La gente viene, nos cuenta sus cosas y uno le presta la oreja", destaca Ángel. Sabe que a su trabajo suelen hacerlo las mujeres y se da cuenta de la sorpresa de algunos pacientes cuando lo ven en la recepción. "El que más me 'gasta' es mi hijo, Ezequiel. A veces me dice que tengo que teñirme el pelo y usar pollera. Por lo pronto me sigo llamando Ángel y no me voy a poner pollera", confiesa entre risas este secretario multitarea.
Soledad Díaz: "mi tarea es manejarle la vida a mi jefe"
"Apenas entré, mi jefe me dijo que mi tarea era manejarle la vida. Al tiempo me convertí en su peor pesadilla... Y bueno, él lo quería así. Ahora no puede hacer nada sin consultarme previamente", cuenta Soledad, secretaria desde hace dos años en la inmobiliaria Feler. Ella maneja no solo la agenda laboral sino también la personal del contador Raúl Feler; por eso, el calendario en el que anota las citas es el hebreo. "Por ahí hace una cita y se olvida de que tiene alguna festividad judía", revela. Para evitar confusiones, el "Conta" -como lo llama ella- es capaz de mandarle un e-mail a las 4 de la madrugada para preguntarle qué tiene que hacer al día siguiente. "A mí no me molesta, al contrario, disfruto mucho mi trabajo, me encanta hacerlo", celebra Soledad.
Margarita Delgado ("Marita"): "(el ministro) recién se va"
A la Casa de Gobierno le conoce cada uno de los rincones. Es que luego de 25 años y de haber pasado por tres ministerios diferentes aprendió todos los detalles. Pero es una tumba. "La dedicación, la discreción y la responsabilidad son fundamentales en este trabajo", enfatiza "Marita" (a la izquierda en la foto). Así la conocen todos sus colegas. Actualmente trabaja como secretaria del ministro de Salud, Pablo Yedlin. Según ella, la mentira máxima de una secretaria, la que siempre tiene bajo la manga es: "(el ministro) recién se va". Su compañera, Viviana Villareal (a la derecha) se ríe y asiente con la cabeza. Con ese mantra logra ahorrarle a su jefe visitas inoportunas. Aunque su función, confiesa, es ser un nexo y solucionar los problemas.
Beatriz Rougés ("Cucú"): "aprender a mentir es una de las condiciones"
Es algo que no dice el manual de la secretaria pero que, en la práctica, sí o sí deben aprender. "Está ocupado, está en reunión, no se lo puede molestar... Son algunas frases para salvarle las papas al jefe. Aprender a mentir es una de las condiciones para ser una buena secretaria. A veces se retrasan y van a llegar tarde... Cuidarle las espaldas es cosas de todos los días", afirmá "Cucú". Así la conocen todos en el Tribunal de Cuentas, donde trabaja desde hace 12 años. Primero como secretaria del Fiscal General y ahora del vocal Sergio Díaz Ricci. Para ella, la buena presencia es fundamental en su trabajo y también el respeto mutuo, con las personas que atiende y con su jefe. "Por suerte mi jefe es un caballerito inglés y nunca hizo falta pegarle un tirón de orejas", confiesa Beatriz.
María Isabel Dorado: "la clave es ser simpática con los pacientes"
Su primer y único trabajo lo consiguió hace 40 años en el laboratorio bioquímico Levy. Ella es conocida por los pacientes porque hace cumplir a rajatabla el régimen de trabajo: "acá las extracciones se hacen de 7.30 a 10", repite hasta el cansancio. Y si alguien llega a las 10.01 se planta en la puerta y no se hace la extracción. Es simpática, sí... hasta que la hacen enojar. "La clave es tratar bien a los pacientes, pero a veces me hacen renegar porque quieren pasar primero, o porque no sacan número. Ya no peleo, les explico dos veces y, si no entienden, les digo que los voy a hacer hablar con el doctor. Ahí se soluciona todo", cuenta María Isabel (57 años). "Nos llevamos muy bien, pero después de 40 años por supuesto que algunas agarradas tenemos", confiesa divertida.
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