08 Abril 2012 Seguir en 

"Ahora me siento feliz; soy otra persona", confiesa Lourdes. Tiene 29 años y afirma que los hombres empezaron a darse vuelta para mirarla recién hace un año, a poco de haber salido del quirófano con sus nuevas lolas. A María Luisa, de 40 años, la necesidad de ponerse siliconas le llegó después de que nacieron sus tres hijos. La imagen que le devolvía el espejo la deprimía. Ahora disfruta luciendo un buen escote. "Es mi carta de presentación", bromea.
Los implantes de mamas, que cambiaron para siempre la vida de muchas mujeres, están cumpliendo 50 años. La historia de esta cirugía estética estuvo rodeada de leyendas, revuelos, miedos, suspensiones y demandas millonarias. Sin embargo, nunca dejó de representar un milagro para quienes querían salir de la chatura y elevar su autoestima. Por eso, medio siglo después es la segunda cirugía que más se efectúa en el mundo (la primera es la liposucción).
Según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica, en Argentina se realizan al menos 53 implantes de siliconas por día. En Tucumán, es una de las intervenciones estéticas más solicitadas. "Los implantes mamarios se convirtieron en la cirugía más pedida por las mujeres; incluso superaron la rinoplastía, que durante años fue la intervención estrella", explica el médico tucumano Carlos Palacio.
Según explicó el cirujano plástico, al consultorio llegan a partir de los 18 años. "Hay algunas que son menores y ya manifiestan el deseo de operarse, pero en general se les recomienda a los padres que esperen porque para tomar una decisión de este tipo es mejor tener madurez psíquica", apuntó.
"La tucumana que quiere aumentarse el busto, generalmente, es moderada. Pide uno o dos talles más de corpiño. Quiere que el espejo le devuelva una imagen natural, no exagerada; en otras palabras, que no quede tan en evidencia que se puso las lolas", detalló. Palacios cree que, sin dudas, no hay otra cirugía estética como esta que levante tanto la autoestima de una mujer.
Un poco de historia
Los primeros implantes mamarios de silicona del mundo se los puso en la primavera (hemisferio norte) de 1962 una madre de seis niños, Timmie Jean Lindsey. Ocurrió en el hospital Jefferson Davis en Houston, Texas. Los autores de esta revolucionaria cirugía fueron dos ambiciosos pioneros, el estadounidense Thomas Cronin y Frank Gerow.
Cuenta la historia que la inspiración de Cronin nació en un banco de sangre. En esa época, los frascos de vidrios que almacenaban la sangre comenzaron a ser reemplazados por nuevas bolsitas. Cronin creó un prototipo, pero en vez de colocárselo a una mujer se lo implantó a una perra llamada Esmeralda. Después de un tiempo conoció a Lindsey, una operaria de Texas que hoy tiene 80 años. La mujer, madre de seis hijos, nunca planeó aumentar el tamaño de sus senos. Sólo quería borrarse una enredadera con rosas que llevaba tatuada en el busto cuando los doctores le preguntaron si deseaba ser voluntaria para la primera operación de esta naturaleza.
En las siguientes dos horas, los pechos de Lindsey aumentaron una talla. Y ese fue el gran salto en la historia de la cirugía estética. "Pienso que no entendí en ese momento la magnitud del cambio hasta que salí a la calle y los hombres comenzaron a silbarme", comentó ella.
La importancia de la operación comenzó a hacerse patente cuando Cronin presentó el trabajo ante la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos en Washington DC, en 1963. El mundo de la cirugía plástica estaba en llamas por el entusiasmo. En la década del 70 la intervención se consolidó, especialmente en EE.UU., un país atrapado entonces por influencias culturales vinculadas con la idea de tener pechos grandes. Hoy, el mandato social ya no conoce fronteras. Porque según los médicos, por estos días pareciera imponerse la idea de que sin tetas no hay paraíso.
Los implantes de mamas, que cambiaron para siempre la vida de muchas mujeres, están cumpliendo 50 años. La historia de esta cirugía estética estuvo rodeada de leyendas, revuelos, miedos, suspensiones y demandas millonarias. Sin embargo, nunca dejó de representar un milagro para quienes querían salir de la chatura y elevar su autoestima. Por eso, medio siglo después es la segunda cirugía que más se efectúa en el mundo (la primera es la liposucción).
Según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica, en Argentina se realizan al menos 53 implantes de siliconas por día. En Tucumán, es una de las intervenciones estéticas más solicitadas. "Los implantes mamarios se convirtieron en la cirugía más pedida por las mujeres; incluso superaron la rinoplastía, que durante años fue la intervención estrella", explica el médico tucumano Carlos Palacio.
Según explicó el cirujano plástico, al consultorio llegan a partir de los 18 años. "Hay algunas que son menores y ya manifiestan el deseo de operarse, pero en general se les recomienda a los padres que esperen porque para tomar una decisión de este tipo es mejor tener madurez psíquica", apuntó.
"La tucumana que quiere aumentarse el busto, generalmente, es moderada. Pide uno o dos talles más de corpiño. Quiere que el espejo le devuelva una imagen natural, no exagerada; en otras palabras, que no quede tan en evidencia que se puso las lolas", detalló. Palacios cree que, sin dudas, no hay otra cirugía estética como esta que levante tanto la autoestima de una mujer.
Un poco de historia
Los primeros implantes mamarios de silicona del mundo se los puso en la primavera (hemisferio norte) de 1962 una madre de seis niños, Timmie Jean Lindsey. Ocurrió en el hospital Jefferson Davis en Houston, Texas. Los autores de esta revolucionaria cirugía fueron dos ambiciosos pioneros, el estadounidense Thomas Cronin y Frank Gerow.
Cuenta la historia que la inspiración de Cronin nació en un banco de sangre. En esa época, los frascos de vidrios que almacenaban la sangre comenzaron a ser reemplazados por nuevas bolsitas. Cronin creó un prototipo, pero en vez de colocárselo a una mujer se lo implantó a una perra llamada Esmeralda. Después de un tiempo conoció a Lindsey, una operaria de Texas que hoy tiene 80 años. La mujer, madre de seis hijos, nunca planeó aumentar el tamaño de sus senos. Sólo quería borrarse una enredadera con rosas que llevaba tatuada en el busto cuando los doctores le preguntaron si deseaba ser voluntaria para la primera operación de esta naturaleza.
En las siguientes dos horas, los pechos de Lindsey aumentaron una talla. Y ese fue el gran salto en la historia de la cirugía estética. "Pienso que no entendí en ese momento la magnitud del cambio hasta que salí a la calle y los hombres comenzaron a silbarme", comentó ella.
La importancia de la operación comenzó a hacerse patente cuando Cronin presentó el trabajo ante la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos en Washington DC, en 1963. El mundo de la cirugía plástica estaba en llamas por el entusiasmo. En la década del 70 la intervención se consolidó, especialmente en EE.UU., un país atrapado entonces por influencias culturales vinculadas con la idea de tener pechos grandes. Hoy, el mandato social ya no conoce fronteras. Porque según los médicos, por estos días pareciera imponerse la idea de que sin tetas no hay paraíso.
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