17 Julio 2011 Seguir en 
La Guerra Civil dividió a la enorme colectividad española de la Argentina. Disputaron por el control del Hospital Español o el Centro Gallego y se enfrentaron con pasión en las calles y los cafés. Aunque los franquistas eran numerosos y muy influyentes, la gran mayoría de la colectividad fue republicana.
También los argentinos se dividieron. En apoyo de Franco, la Iglesia católica movilizó sus parroquias, los jóvenes nacionalistas agregaron bullicio y violencia, y los conservadores respaldaron más silenciosamente. En contra de ese "frente nacional" se constituyó una suerte de "frente popular", congregado por el propósito de enviar ayuda al bando republicano. Lo animaron los sindicatos, socialistas, comunistas y anarquistas, que por entonces retomaban su activismo. Se sumó un gran movimiento de artistas e intelectuales, enriquecido con los primeros exiliados republicanos. El diario Crítica, de Botana, le otorgó una voz poderosa. Los partidos Socialista y Comunista militaron en la causa, así como los estudiantes universitarios. La Unión Cívica Radical, el gran partido popular, fue más cauto, pero muchísimos radicales participaron en el gran movimiento solidario. Hubo entre ellos divisiones y enfrentamientos, pero la ayuda a la República fue enorme.
Lo más notable fue la intensa movilización de las más variadas organizaciones de la sociedad. Los comités de solidaridad con la República brotaron en cada ciudad y cada pueblo del país. Los impulsaron las asociaciones mutuales españolas, pero también los sindicatos, los comités partidarios, las sociedades de fomento, las bibliotecas populares o los clubes sociales. La solidaridad con España se alimentó de las redes de sociabilidad existentes, las integró y consolidó. Organizar festivales, o picnics campestres para reunir fondos, ropa o alimentos era una tarea agradable, que además se asociaba con una causa juzgada buena y justa. También lo era concurrir todos juntos a una manifestación.
En unos años en los que la actividad política languidecía por obra del fraude, la guerra de España alimentó las ilusiones de todos: de quienes apoyaban a la República y repudiaban el fascismo y de quienes veían en Franco y en los boyantes regímenes fascistas o clericales de entonces la clave de un orden nuevo. La Guerra de España colmó el espacio de las ilusiones de unos y otros. También dio forma y profundizó una brecha cultual e ideológica que se venía conformando desde la década anterior y que persistió largamente, con diferentes figuraciones, cuando la guerra llegó a su fin. (Especial para LA GACETA)
También los argentinos se dividieron. En apoyo de Franco, la Iglesia católica movilizó sus parroquias, los jóvenes nacionalistas agregaron bullicio y violencia, y los conservadores respaldaron más silenciosamente. En contra de ese "frente nacional" se constituyó una suerte de "frente popular", congregado por el propósito de enviar ayuda al bando republicano. Lo animaron los sindicatos, socialistas, comunistas y anarquistas, que por entonces retomaban su activismo. Se sumó un gran movimiento de artistas e intelectuales, enriquecido con los primeros exiliados republicanos. El diario Crítica, de Botana, le otorgó una voz poderosa. Los partidos Socialista y Comunista militaron en la causa, así como los estudiantes universitarios. La Unión Cívica Radical, el gran partido popular, fue más cauto, pero muchísimos radicales participaron en el gran movimiento solidario. Hubo entre ellos divisiones y enfrentamientos, pero la ayuda a la República fue enorme.
Lo más notable fue la intensa movilización de las más variadas organizaciones de la sociedad. Los comités de solidaridad con la República brotaron en cada ciudad y cada pueblo del país. Los impulsaron las asociaciones mutuales españolas, pero también los sindicatos, los comités partidarios, las sociedades de fomento, las bibliotecas populares o los clubes sociales. La solidaridad con España se alimentó de las redes de sociabilidad existentes, las integró y consolidó. Organizar festivales, o picnics campestres para reunir fondos, ropa o alimentos era una tarea agradable, que además se asociaba con una causa juzgada buena y justa. También lo era concurrir todos juntos a una manifestación.
En unos años en los que la actividad política languidecía por obra del fraude, la guerra de España alimentó las ilusiones de todos: de quienes apoyaban a la República y repudiaban el fascismo y de quienes veían en Franco y en los boyantes regímenes fascistas o clericales de entonces la clave de un orden nuevo. La Guerra de España colmó el espacio de las ilusiones de unos y otros. También dio forma y profundizó una brecha cultual e ideológica que se venía conformando desde la década anterior y que persistió largamente, con diferentes figuraciones, cuando la guerra llegó a su fin. (Especial para LA GACETA)







