29 Junio 2003 Seguir en 
En las actuales circunstancias la mujer debe llevar adelante varios roles simultáneos. El de madre trabajadora puede ser elegido o sólo el resultado de la necesidad. Pero aun en el caso de ser sólo esto último, esa doble carga que implica ser madre y trabajadora puede no sentirse como tal si ella, mediante el trabajo, logra desarrollarse como persona, más allá de la carga extra que esto implica.
La carrera laboral de la mujer tiene una evolución diferente a partir del momento de la maternidad. A su vez, es importante que, frente al dilema madre en el hogar o madre trabajadora, la mujer pueda llevar adelante su propia elección al igual que la del tipo de carrera laboral que desea encarar.
En América Latina, al final del último milenio y al comienzo de este, muchas mujeres asumen el rol de madre trabajadora por necesidad por de ser ellas cabeza de hogar. Esto se debe a múltiples razones: mujeres viudas, madres solteras o divorciadas, y familias donde el varón está desempleado.
Conviene repasar algunas cifras. En la Argentina, el porcentaje de trabajadoras jefas de hogar aumentó considerablemente en los últimos años. En 1960 era del 4,9% y en 1991, fecha del último censo procesado, de 22,3%. En la Capital Federal, una de cada tres mujeres es responsable de la casa.En América Latina, un 22,7% de los hogares son dirigidos por una mujer (esto es, al menos uno de cada cuatro), según la Organización de las Naciones Unidas para la Niñez (Unicef). Los países con mayor proporción de hogares encabezados por mujeres son Nicaragua (36%), Honduras (27%) y Bolivia (26%). Y los que cuentan con una menor proporción al respecto son México (18%) y Perú (19%).
Un problema doble
El trabajo para la madre será siempre una doble carga. Pero conviene no olvidar que, además de ser una fuente de satisfacción, puede constituirse en un seguro para protegerse de eventuales situaciones desagradables provenientes del seno mismo de la familia.
La mujer que trabaja y es madre tiene a su cargo más de dos roles. Estos se pueden sintetizar en cinco.
1) Profesional-laboral. Es la relación con el trabajo remunerado.2) Esposa. Debe ocuparse cariñosamente de su pareja y, en ocasiones, asistirlo en los problemas personales.
3) Madre. En esta función todo es posible. Las madres sabrán la razón de la referencia: la mujer estructura la vida emocional, física e intelectual de unos seres humanos, transformando a unos bebés totalmente dependientes en adultos completamente independientes. Además, preparan menúes y los cocinan; hacen compras; equilibran el presupuesto del hogar; son mediadoras en riñas; dominan la medicina pediátrica, y negocian con albañiles, carpinteros y electricistas. Desde los últimos años, los varones colaboran más en los asuntos domésticos, así como en la crianza de los niños, para suerte de la familia y de los propios menores.
4) Administradora del hogar. La mujer se ocupa personalmente de las tareas domésticas, incluso cuando tienen personal dependiente; en este caso deben supervisarlo.
5) Mujer. El medio le impone estar bonita, verse bien y cuidar su físico. Ser linda, cuando se es muy joven, lleva menos tiempo que querer estar más o menos bien cuando se es mayor.
Aquí, allá y en todas partes
Armonizar diferentes roles es difícil. Sin embargo, en esto, en general, las mujeres son (somos) verdaderas artistas. Sin embargo, manejar diferentes situaciones es un tema que se relaciona con todo ser humano, varón o mujer, porque todos tienen familia y otros intereses que deben compatibilizarlos con el trabajo. La satisfacción en la vida de las personas se reparte entre la familia y los amigos, el empleo, la política, la religión y el tiempo libre.
No hay una receta única y esto requiere de mucha imaginación. Se necesita, además, un entorno que coopere, no sólo en acciones concretas -que son necesarias-, sino también en actitudes. Si cualquier persona, varón o mujer, siente que el entorno le cuestiona lo que hace o un ser querido le manifiesta que se siente abandonado por las numerosas obligaciones del otro, en ese momento todo se hace muy difícil.
La carrera laboral de la mujer tiene una evolución diferente a partir del momento de la maternidad. A su vez, es importante que, frente al dilema madre en el hogar o madre trabajadora, la mujer pueda llevar adelante su propia elección al igual que la del tipo de carrera laboral que desea encarar.
En América Latina, al final del último milenio y al comienzo de este, muchas mujeres asumen el rol de madre trabajadora por necesidad por de ser ellas cabeza de hogar. Esto se debe a múltiples razones: mujeres viudas, madres solteras o divorciadas, y familias donde el varón está desempleado.
Conviene repasar algunas cifras. En la Argentina, el porcentaje de trabajadoras jefas de hogar aumentó considerablemente en los últimos años. En 1960 era del 4,9% y en 1991, fecha del último censo procesado, de 22,3%. En la Capital Federal, una de cada tres mujeres es responsable de la casa.En América Latina, un 22,7% de los hogares son dirigidos por una mujer (esto es, al menos uno de cada cuatro), según la Organización de las Naciones Unidas para la Niñez (Unicef). Los países con mayor proporción de hogares encabezados por mujeres son Nicaragua (36%), Honduras (27%) y Bolivia (26%). Y los que cuentan con una menor proporción al respecto son México (18%) y Perú (19%).
Un problema doble
El trabajo para la madre será siempre una doble carga. Pero conviene no olvidar que, además de ser una fuente de satisfacción, puede constituirse en un seguro para protegerse de eventuales situaciones desagradables provenientes del seno mismo de la familia.
La mujer que trabaja y es madre tiene a su cargo más de dos roles. Estos se pueden sintetizar en cinco.
1) Profesional-laboral. Es la relación con el trabajo remunerado.2) Esposa. Debe ocuparse cariñosamente de su pareja y, en ocasiones, asistirlo en los problemas personales.
3) Madre. En esta función todo es posible. Las madres sabrán la razón de la referencia: la mujer estructura la vida emocional, física e intelectual de unos seres humanos, transformando a unos bebés totalmente dependientes en adultos completamente independientes. Además, preparan menúes y los cocinan; hacen compras; equilibran el presupuesto del hogar; son mediadoras en riñas; dominan la medicina pediátrica, y negocian con albañiles, carpinteros y electricistas. Desde los últimos años, los varones colaboran más en los asuntos domésticos, así como en la crianza de los niños, para suerte de la familia y de los propios menores.
4) Administradora del hogar. La mujer se ocupa personalmente de las tareas domésticas, incluso cuando tienen personal dependiente; en este caso deben supervisarlo.
5) Mujer. El medio le impone estar bonita, verse bien y cuidar su físico. Ser linda, cuando se es muy joven, lleva menos tiempo que querer estar más o menos bien cuando se es mayor.
Aquí, allá y en todas partes
Armonizar diferentes roles es difícil. Sin embargo, en esto, en general, las mujeres son (somos) verdaderas artistas. Sin embargo, manejar diferentes situaciones es un tema que se relaciona con todo ser humano, varón o mujer, porque todos tienen familia y otros intereses que deben compatibilizarlos con el trabajo. La satisfacción en la vida de las personas se reparte entre la familia y los amigos, el empleo, la política, la religión y el tiempo libre.
No hay una receta única y esto requiere de mucha imaginación. Se necesita, además, un entorno que coopere, no sólo en acciones concretas -que son necesarias-, sino también en actitudes. Si cualquier persona, varón o mujer, siente que el entorno le cuestiona lo que hace o un ser querido le manifiesta que se siente abandonado por las numerosas obligaciones del otro, en ese momento todo se hace muy difícil.







