Empieza la transición

La economía favorecerá al mirandismo. El Gobierno sacará provecho. (Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción).

29 Junio 2003
A los sofocones que vive el mirandismo se agregará esta noche la aparición del gobernador electo, que puede gatillar un agravamiento de la tensión política.
El futuro mandatario tendrá la mirada puesta en lo que haga y en lo que deje de hacer Miranda. Al sucesor no le caerá simpático que el gobierno recaude impuestos en forma anticipada, aumente los sueldos, gaste como loco, nombre más empleados o no apague los incendios sociales.
La larga transición durará 4 meses. Es un desierto que envuelve en temores a los empresarios. La sociedad está fastidiada por el confuso e irracional sistema de sublemas, que lanzó a miles de tucumanos a tratar de acomodarse en el Estado.
Pero los alegra la renovación, porque se terminarán la falta de contacto con los empresarios y la mentalidad antiempresa."Con este Gobierno no hay nada más que hacer. No creó condiciones favorables para el sector privado", sostienen.
Mientras el país apura el paso gracias al acuerdo con el FMI, Tucumán todavía vive un desgarrador corto plazo, sin reglas de juego claras (los tucumanos perdieron $ 300 millones con los Bocade) y con la seguridad jurídica e institucional haciendo agua (les duelen los $ 50 millones en bonos que les expropió el Estado).
Ayudado por Kirchner, el mirandismo se aferrará a la generosidad financiera para entregar el mando sin escándalos. En medio de una grave crisis social y de un profundo desprestigio político, el Gobierno sacará provecho de la estabilidad económica.
Si se maneja con habilidad, no serán meses tan complicados. Pero una gestión agotada, que perdió el respeto y la confianza de la gente, debe pagar el precio de sus errores, aunque le sobre dinero para tapar agujeros.
El escaso entusiasmo que muestran los inversores y la falta de financiamiento conspiran contra la recuperación. Hacen falta un plan en serio y un cambio de actitud, para apuntalar los consensos que serán útiles al futuro gobierno para ponerse en marcha, en medio de una dispersión política inédita.
Mientras no sean creados miles de empleos y la gente siga envuelta en la pobreza, no habrá solución posible. Siete de cada 10 niños y adolescentes tucumanos son pobres y carecen de ingresos para alimentarse bien.
Por las turbulencias económicas, los empresarios no se animan a encarar negocios o inversiones, salvo en sectores de alta rentabilidad. También esperan que se defina la incertidumbre política tucumana.
Aunque mira la transición con optimismo, el mirandismo navegará entre dos realidades. Las grandes cosechas aportarán recursos y trabajo; la recesión va terminando, aunque en Tucumán no cede a causa de los Bocade.Además, la inflación se detuvo; aumenta la recaudación; el acuerdo con el FMI aliviará tensiones; en los bancos sobra dinero, y el cambio gubernamental despierta curiosidad y esperanzas.
Hay otros aspectos negativos: empresas quebradas por la depresión; alto desempleo; el 70% de los tucumanos son pobres; sistemas de salud y de educación con dificultades; poca seguridad; salarios y tarifas congelados.
Lo peor no pasó. La situación provincial es desesperante y deberán realizarse grandes esfuerzos para salir de la crisis.
Pero la sociedad no tolera más fracturas. Las divisiones y los desencuentros paralizaron a Tucumán durante años y le hicieron perder terreno. Con sólidas ventajas comparativas sobre otras regiones, se abre otras oportunidades para que el ex jardín de la República se recupere como potencia económica, cultural, educativa e intelectual.

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