24 Mayo 2011 Seguir en 
LOS ÁNGELES.- Hace ya años que el éxito de algunas campañas organizadas por las ONG está inextricablemente unido al ritual de ponga una celebridad en su vida. Famosos que dan su cara para defender la lucha contra el hambre (Bono), el sida (Liz Taylor), Haití (Sean Penn) o Darfur (George Clooney), y que con su presencia le dan visibilidad a causas que sin ellos apenas recibirían atención mediática. A ese carro también se han unido marcas y firmas de todo tipo, que han optado por vincular la publicidad de sus productos a iniciativas solidarias en las que siempre luce algún nombre famoso.
Pero lo que hasta ahora no ocurría y empieza a ser tendencia, es que los museos y otras instituciones venerables como el New York City Ballet inviten a las celebridades a incorporarse a sus consejos de administración. Hasta ahora los centros culturales serios se limitaban a fichar estrellas de vez en cuando para darles caché a sus galas y a sus cenas benéficas. Sin embargo, eso parece que ya no basta y ahora algunas instituciones apuestan por incluir actores o cantantes. Sarah Jessica Parker, por ejemplo, empieza a ser uno de esos nombres, y acaba de ser contratada por el New York City Ballet. (Especial)







