07 Mayo 2011 Seguir en 
Otra vez sopa. A esta altura y con tantas muertes encima, la inconsciencia de uno solo vuelve a manchar al rock. No fue por generación espontánea, sino parte de un proceso de degradación social que, evidentemente, todavía no alcanza a revertirse.
En los 90 el rock empezó a ser un poco más de todos. Con Los Redondos primero, y luego con Los Piojos, La Renga y otras bandas, se aproximó a sectores socialmente marginados que hasta entonces estaban excluidos económica y culturalmente hasta de los shows.
Se incorporaron otros ritos, como los que el fútbol, por ejemplo, tenía apropiados hacía tiempo. Trapos, cantos, bengalas... La vieja idea de que la música une y el fútbol divide se esfumó. El público, que no tenía dónde ni como mostrarse y hacer saber de sus dolores, empezó a ser protagonista del espectáculo. Encontró dónde hacer catarsis. La tragedia de Cromagnon parecía haber sido suficiente enseñanza. Tanto horror debería haber alcanzado. Volvieron a manchar al rock con sangre.







