22 Junio 2003 Seguir en 
POR ARQUIMIDES CARRIZO, Consultor azucarero
Con sorpresa se advierte que algunos tucumanos con alto nivel de educación desconocen las virtudes y bondades de las industrias de nuestra provincia y en particular de la azucarera. Muchos de ellos abren grandes los ojos cuando les comento que nuestra actividad azucarera no es ni nunca fue subsidiada. Hubo solamente una regulación estatal que como resultado final generó señales equivocadas a los productores y ciertas transferencias de ingresos inequitativas entre las partes. Lo peligroso de esta falta de información se manifiesta cuando nuestros gobernantes tampoco tienen un conocimiento acabado de la industria azucarera y por lo tanto no pueden defenderla de los intentos de agresiones comerciales originadas en los intereses económicos de otras provincias o países, en especial, de Brasil.
Desde que la actividad azucarera se desreguló, a comienzos de la década del 90, el proceso de modernización en los aspectos productivos, el management y las incorporaciones tecnológicas permitieron bajar los costos de producción en más de un 40%. En los últimos años del siglo XX, la actividad soportó la sobrevaluación del peso sólo por el efecto positivo de las reformas encaradas.
Después de la devaluación de 2002, los costos del sector se tornaron más competitivos todavía y se pudo encarar la exportación de los excedentes del mercado interno con menos trauma que en la década anterior.
Las subvenciones
La pregunta que todo el mundo se hace es por qué la Argentina no se convierte en un gran exportador pese a su competitividad. La respuesta es que esto es así debido a que el mercado libre mundial del azúcar permanentemente tiene precios que no cubren los costos de producción de los países más eficientes y en los hechos, los mayores exportadores no son los países genuinamente más eficientes, sino aquellos que reciben subvenciones oficiales.
La Unión Europea y Brasil abastecen a más del 50% de la demanda internacional y su participación crece en forma acelerada desplazando a países genuinamente eficientes. Pero su verdadera fuerza y competitividad está en el nivel de subsidios que recibieron en el pasado y que continúan recibiendo. Esto se suma a proyectos privados avalados por el Estado sin importar la ideología de los gobernantes de turno. La Unión Europea les paga a sus productores un reintegro a la exportación del orden de 40 a 50 centavos de dólar por kilo de azúcar exportado, mientras el precio internacional es de 20 centavos de dólar o menos. También protege a sus productores impidiendo la entrada de azúcar importada.
Brasil, desde hace un par de décadas, subsidia a su sector azucarero por miles de millones de dólares por año bajo diferentes formas ( financiamiento a tasas subsidiadas, sobreprecios en el alcohol, desgravaciones impositivas, etc). La última sutil forma de generar transferencia de ingresos al sector (a través de los años las regulaciones y subsidios fueron mutando) se traduce en asegurarle una demanda al alcohol con precios por encima del de mercado o de costo de oportunidad del combustible sustituido, con lo cual generan subsidios por montos anuales que van de los U$S 1.000 a los 3.000 millones anuales de acuerdo al nivel de precios de barril de petróleo.
Internacionalmente se acusa a Brasil de tener un sistema sucroalcoholero que cubre sus costos fijos con el alcohol y que busca con el azúcar sólo cubrir sus costos variables. Este modelo, le aseguraría una permanente expansión en el mercado internacional del azúcar. Por cierto el precio del alcohol subsidiado se deriva del mercado que ha diseñado el Estado Brasileño a los productores de caña y existe el consenso entre el Gobierno brasileño con los lobbies azucareros respecto de que el precio del alcohol equivaldrá a un porcentaje determinado del precio de la gasolina. En nivel de ese porcentaje será tal que los ingresos cumplan el objetivo señalado: una permanente expansión en el mercado internacional del azúcar.
Avances
Con los avances hechos en los últimos 15 años, el sector azucarero argentino podría ser un gran exportador, pero las distorsiones del mercado libre mundial sólo permiten luchar para que no sea destruido por países que no tienen nuestra competitividad. Y este hecho no es advertido con claridad por parte de muchos de nuestros gobernantes. En algunos casos, por desconocimiento y en otros, por malicia porque están dispuestos a sacrificar al azúcar local en favor de la de Brasil en aras de conseguir negocios para otras regiones del país.
La hipocresía de nuestros vecinos es evidente en este tema, ya que nunca podrían proponer seriamente, a un país que dicen respetar, que deje de producir azúcar para hacer alcohol, combustible que sólo funciona con subsidios y regulaciones estatales. Con la información de los cuadros 2 y 3 se puede apreciar que los costos de producción y precios de Brasil no son mayores a los nuestros, sino parecidos, pero los contextos son distintos ya que nuestra actividad no tiene ningún subsidio ni regulación del Estado sino una norma arancelaria que evita los daños del azúcar subsidiada importada.
Producir en Brasil cuesta un 30% más
Los costos de producción y de precios son muy parecidos en la Argentina y en Brasil. Los precios mayoristas que muestra el cuadro 3 son un poco más bajos en Brasil porque ese país tiene su zafra más avanzada, situación que se equilibrará cuando Argentina esté el plena zafra. Si nos ubicáramos en un contexto de ficción, y en el largo plazo, donde los precios se basen en los reales costos internos, sin subsidios ni intervención del Estado brasileño, el azúcar proveniente de Brasil sería un 30% más cara que la de la Argentina.
Si el programa Proalcohol dejara de funcionar en Brasil, desaparecerían las ventajas operativas y de grandes escalas de la producción conjunta de azúcar y de alcohol. Esto pondría en pie de igualdad a ambos países.
Un análisis objetivo de la competitividad de ambos países concluiría en que no hay razones económicas para que la Argentina deje de producir azúcar. Aún más, el Nordeste brasileño produce azúcar y alcohol sólo gracias a la protección del Estado porque sus costos son entre un 20% y un 25% más altos que los de San Pablo. El volumen de esa producción es el doble respecto de lo que se produce en la Argentina.
Uno de los precios más bajos del mundo
El sector azucarero argentino les da a sus consumidores un producto a uno de los precios más bajos del mundo. Esto ha permitido que los trabajadores mejoren su salario real y que la industria de dulces, golosinas y galletitas puedan expandir sus exportaciones. El precio del azúcar en Estados Unidos (cuadro 2) es más del doble del vigente el Mercosur. Esto se repite o es más caro aún en la Unión Europea, en Japón, en Europa del Este, en Inglaterra, en los países nórdicos, en Medio Oriente y en China. Sólo con estos altos precios y con una gran protección arancelaria o paraarancelaria, ellos pueden sostener sus ineficientes producciones locales.
En el mercado interno argentino, el sector afronta la competencia desleal de la fructuosa y glucosa de maíz que nació con los planes de promoción industrial y que tuvo y tiene una materia prima subsidiada. Además, las retenciones a la exportación de maíz hacen que el producto en el mercado interno sea más barato que en la esfera internacional.
Con sorpresa se advierte que algunos tucumanos con alto nivel de educación desconocen las virtudes y bondades de las industrias de nuestra provincia y en particular de la azucarera. Muchos de ellos abren grandes los ojos cuando les comento que nuestra actividad azucarera no es ni nunca fue subsidiada. Hubo solamente una regulación estatal que como resultado final generó señales equivocadas a los productores y ciertas transferencias de ingresos inequitativas entre las partes. Lo peligroso de esta falta de información se manifiesta cuando nuestros gobernantes tampoco tienen un conocimiento acabado de la industria azucarera y por lo tanto no pueden defenderla de los intentos de agresiones comerciales originadas en los intereses económicos de otras provincias o países, en especial, de Brasil.
Desde que la actividad azucarera se desreguló, a comienzos de la década del 90, el proceso de modernización en los aspectos productivos, el management y las incorporaciones tecnológicas permitieron bajar los costos de producción en más de un 40%. En los últimos años del siglo XX, la actividad soportó la sobrevaluación del peso sólo por el efecto positivo de las reformas encaradas.
Después de la devaluación de 2002, los costos del sector se tornaron más competitivos todavía y se pudo encarar la exportación de los excedentes del mercado interno con menos trauma que en la década anterior.
Las subvenciones
La pregunta que todo el mundo se hace es por qué la Argentina no se convierte en un gran exportador pese a su competitividad. La respuesta es que esto es así debido a que el mercado libre mundial del azúcar permanentemente tiene precios que no cubren los costos de producción de los países más eficientes y en los hechos, los mayores exportadores no son los países genuinamente más eficientes, sino aquellos que reciben subvenciones oficiales.
La Unión Europea y Brasil abastecen a más del 50% de la demanda internacional y su participación crece en forma acelerada desplazando a países genuinamente eficientes. Pero su verdadera fuerza y competitividad está en el nivel de subsidios que recibieron en el pasado y que continúan recibiendo. Esto se suma a proyectos privados avalados por el Estado sin importar la ideología de los gobernantes de turno. La Unión Europea les paga a sus productores un reintegro a la exportación del orden de 40 a 50 centavos de dólar por kilo de azúcar exportado, mientras el precio internacional es de 20 centavos de dólar o menos. También protege a sus productores impidiendo la entrada de azúcar importada.
Brasil, desde hace un par de décadas, subsidia a su sector azucarero por miles de millones de dólares por año bajo diferentes formas ( financiamiento a tasas subsidiadas, sobreprecios en el alcohol, desgravaciones impositivas, etc). La última sutil forma de generar transferencia de ingresos al sector (a través de los años las regulaciones y subsidios fueron mutando) se traduce en asegurarle una demanda al alcohol con precios por encima del de mercado o de costo de oportunidad del combustible sustituido, con lo cual generan subsidios por montos anuales que van de los U$S 1.000 a los 3.000 millones anuales de acuerdo al nivel de precios de barril de petróleo.
Internacionalmente se acusa a Brasil de tener un sistema sucroalcoholero que cubre sus costos fijos con el alcohol y que busca con el azúcar sólo cubrir sus costos variables. Este modelo, le aseguraría una permanente expansión en el mercado internacional del azúcar. Por cierto el precio del alcohol subsidiado se deriva del mercado que ha diseñado el Estado Brasileño a los productores de caña y existe el consenso entre el Gobierno brasileño con los lobbies azucareros respecto de que el precio del alcohol equivaldrá a un porcentaje determinado del precio de la gasolina. En nivel de ese porcentaje será tal que los ingresos cumplan el objetivo señalado: una permanente expansión en el mercado internacional del azúcar.
Avances
Con los avances hechos en los últimos 15 años, el sector azucarero argentino podría ser un gran exportador, pero las distorsiones del mercado libre mundial sólo permiten luchar para que no sea destruido por países que no tienen nuestra competitividad. Y este hecho no es advertido con claridad por parte de muchos de nuestros gobernantes. En algunos casos, por desconocimiento y en otros, por malicia porque están dispuestos a sacrificar al azúcar local en favor de la de Brasil en aras de conseguir negocios para otras regiones del país.
La hipocresía de nuestros vecinos es evidente en este tema, ya que nunca podrían proponer seriamente, a un país que dicen respetar, que deje de producir azúcar para hacer alcohol, combustible que sólo funciona con subsidios y regulaciones estatales. Con la información de los cuadros 2 y 3 se puede apreciar que los costos de producción y precios de Brasil no son mayores a los nuestros, sino parecidos, pero los contextos son distintos ya que nuestra actividad no tiene ningún subsidio ni regulación del Estado sino una norma arancelaria que evita los daños del azúcar subsidiada importada.
Los costos de producción y de precios son muy parecidos en la Argentina y en Brasil. Los precios mayoristas que muestra el cuadro 3 son un poco más bajos en Brasil porque ese país tiene su zafra más avanzada, situación que se equilibrará cuando Argentina esté el plena zafra. Si nos ubicáramos en un contexto de ficción, y en el largo plazo, donde los precios se basen en los reales costos internos, sin subsidios ni intervención del Estado brasileño, el azúcar proveniente de Brasil sería un 30% más cara que la de la Argentina.
Si el programa Proalcohol dejara de funcionar en Brasil, desaparecerían las ventajas operativas y de grandes escalas de la producción conjunta de azúcar y de alcohol. Esto pondría en pie de igualdad a ambos países.
Un análisis objetivo de la competitividad de ambos países concluiría en que no hay razones económicas para que la Argentina deje de producir azúcar. Aún más, el Nordeste brasileño produce azúcar y alcohol sólo gracias a la protección del Estado porque sus costos son entre un 20% y un 25% más altos que los de San Pablo. El volumen de esa producción es el doble respecto de lo que se produce en la Argentina.
El sector azucarero argentino les da a sus consumidores un producto a uno de los precios más bajos del mundo. Esto ha permitido que los trabajadores mejoren su salario real y que la industria de dulces, golosinas y galletitas puedan expandir sus exportaciones. El precio del azúcar en Estados Unidos (cuadro 2) es más del doble del vigente el Mercosur. Esto se repite o es más caro aún en la Unión Europea, en Japón, en Europa del Este, en Inglaterra, en los países nórdicos, en Medio Oriente y en China. Sólo con estos altos precios y con una gran protección arancelaria o paraarancelaria, ellos pueden sostener sus ineficientes producciones locales.
En el mercado interno argentino, el sector afronta la competencia desleal de la fructuosa y glucosa de maíz que nació con los planes de promoción industrial y que tuvo y tiene una materia prima subsidiada. Además, las retenciones a la exportación de maíz hacen que el producto en el mercado interno sea más barato que en la esfera internacional.







