22 Junio 2003 Seguir en 
La solución brasileña a la falta de integración del Mercosur no es otra que lograr ingresar con su azúcar a la Argentina. Para lograr este propósito, los vecinos esgrimen desde hace años una idea que si se la toma en broma es graciosa, y si se la considera en serio suena a locura: que los ingenios argentinos se transformen exclusivamente en fábricas de alcohol para que este producto sea vendido en Brasil.
En el último mes los funcionarios brasileños volvieron a avanzar con esta propuesta, y el Gobierno argentino tuve que salir a desinflar este globo de ensayo, ante la ira de los azucareros argentinos.
El presidente del Centro Azucarero Argentino (CAA), Jorge Zorreguieta, tuvo que explicar lo obvio: que esta idea significaría que el desregulado mercado azucarero argentino pasaría a depender de las decisiones de un país vecino.
El titular del CART, César Paz, debió evidenciar que la propuesta significaría un golpe mortal para la economía de Tucumán y del NOA, sólo para satisfacer el ansia expansionista de un país que controla a su antojo el mercado mundial del azúcar y del alcohol.
La Argentina produce anualmente unos 150 millones de litros de alcohol etílico, los cuales son consumidos, en parte por las industrias argentinas y otra parte es exportada, principalmente, a Chile, Uruguay, Estados Unidos, Alemania y Japón. No se exporta a Brasil. Además, produce por año alrededor de 1,6 millón de toneladas de azúcar (de mejor calidad que el producto brasileño) y se consume, parte en el mercado argentino y parte se exporta a Chile, Uruguay y Estados Unidos.
El industrial azucarero Jorge Rocchia Ferro presentó un informe que analiza el planteo brasileño desde los puntos de vista económico, sociológico y ecológico. Sostiene como premisa básica que fabricar alcohol a partir del jugo de caña es trabajar a pérdida, por varias razones.
De 1.000 kilos de caña de azúcar se obtiene lo siguiente: A) 65 litros de alcohol o B) 100 kilos de azúcar más 10 litros de alcohol. En términos de dinero estos resultados equivalen a: A) 65 litros de alcohol x $ 0,70 el litro = $ 45,50; o B) 100 kilos de azúcar x $ 0,70 el kilo + 10 litros de alcohol x $ 0,70 el litro = $ 77. Por lo tanto, fabricar los dos productos implica un ingreso de casi un 70% mayor que elaborar sólo alcohol.
En el caso de destilación exclusiva, el jugo de la caña, para poder ser fermentado, requiere de una serie de nutrientes que la melaza no los necesita porque ya los tiene incorporados. Se requiere mayor cantidad de insumos para la generación del vapor porque una destilería no devuelve condensado, como sucede con las fábricas de azúcar. A todo lo mencionado, se le debe asumir la mano de obra, energía eléctrica, insumos y otros para el funcionamiento de una planta para el tratamiento de efluente.
El ofrecimiento que hace Brasil es proveer financiación para adecuar las fábricas azucareras argentinas para que produzcan nada más que alcohol, lo que significa eliminar las fábricas azucareras argentinas. Pero nada dicen sobre financiar las plantas para tratamiento de efluentes. El costo de instalación de una planta para tratamiento de efluentes es alrededor de cuatro veces más que lo que cuesta la fábrica que produce el efluente a ser tratado.
La mano de obra
El informe plantea que quizá se piense que la existencia de plantas para tratamiento de efluentes generaría más mano de obra. "No es así", responde el estudio, porque, aun cuando dichas plantas generaran más mano de obra, eso sería plenamente cierto si la fábrica de azúcar siguiera funcionando. Pero al modificar la fábrica azucarera, todo el personal que trabaja actualmente en ciertos sectores (prácticamente desde la mitad del proceso hasta el final) quedaría sin trabajo y la mano de obra que absorbería la planta para tratamiento de efluentes nunca llegaría, ni siquiera, a cubrir la mano de obra que quedaría desocupada con la "conversión" de los ingenios en alcoholeras.
El programa de alcohol combustible en Brasil está estacionado en cantidad y en baja en su consumo, pese al aumento del tamaño de la flota de vehículos en circulación. La propuesta brasileña ofrece a la Argentina entrar en el terreno de los combustibles y sujetarnos a sus precios relativos y usos, mientras que el país exporta naftas. Además, el programa de alcohol no tiene futuro en la Argentina, que es gran productor de gas.
Voces del sector que se oponen
La oferta de Brasil persigue la eliminación de los aranceles y la entrada de azúcar de ese país a la Argentina. A cambio, ofrecen una producción no rentable y sin futuro. Hay quienes dicen que en el fondo se estaría negociando el otorgamiento de cupos de importación de azúcar para Brasil, que afectarían especialmente a la producción de azúcar de Tucumán.
El presidente de UCIT, Sergio Fara, se preguntó por qué Brasil, en lugar de tener un gran excedente de azúcar que desequilibra el mercado mundial no produce más alcohol, que tanto necesita si le propone a la Argentina que lo provea de este producto. "Si con un mínimo de vinaza que hoy cae a los ríos tenemos semejante problema de contaminación con Santiago, al producir sólo alcohol llegaríamos hasta Mar Chiquita", apuntó.
El titular de Cactu, Otto Gramajo, esgrimió varias razones por las cuales sería inconveniente que Tucumán produzca sólo alcohol y no azúcar. "Una tonelada de caña sólo para alcohol vale la mitad que para producir azúcar y alcohol. Además, está el aspecto ecológico, puesto que la contaminación sería tremenda. En el plano laboral, las fábricas necesitarían la mitad de la actual mano de obra para hacer sólo alcohol y no azúcar", remarcó.
Según el secretario general de Fotia, Roberto Palina, la reconversión que propone Brasil significaría que sólo un tercio de los obreros que ocupa hoy un ingenio mantendría su fuente de trabajo. "La fabricación de azúcar requiere de un proceso de cocimiento, centrifugado, etcétera, que demanda la cantidad de gente que hoy trabaja en un ingenio. En la destilería es mucho más simple la tarea, con mucha menos mano de obra", señaló el gremialista.
La vinaza sería un gran problema
Estudios realizados por instituciones dedicadas a la fabricación de alcohol y la consecuente contaminación de cursos de agua que este proceso supone han determinado que, aun con las plantas de tratamiento de efluentes, se producen otros deshechos contaminantes. Según los especialistas, la forma más viable y segura para la eliminación total del efluente de la fabricación de alcohol (vinaza) sería utilizar el desecho para el riego de sembrados.
Es cierto que la vinaza sirve como abono natural, pero este producto debe ser usado en una solución muy diluida, por lo que el caudal de riego debe ser muy grande. Esto significa que para poder eliminar toda la vinaza que se generaría haría falta una red inmensa de canales para poder llegar a terrenos tan distantes como algunos ubicados, quizás, en otras provincias.
El volumen de efluente diluido que debería ser utilizado para riego sería del orden de más de 113 millones de metros cúbicos. Entonces, ¿cuántos kilómetros de canales habría que construir? ¿Qué valor tiene el material que debiera usarse para la construcción de los canles? ¿Las pendientes naturales lo permitirían? ¿Cuál sería la magnitud de la erogación? ¿Quién podría financiar esta obra, quizá faraónica? La propuesta de Brasil, que supone un financiamiento de 50 millones de dólares sólo para la transformación de los ingenios argentinos, jamás menciona estos interrogantes, ni mucho menos sus respuestas.
Rige un plan de producción limpia
Hay un punto muy importante, y que se contrapone con la propuesta brasileña: el "Programa provincial de producción limpia", impulsado desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, surgido por la actual gran contaminación existente en todas las cuencas principales del país. Este programa fue puesto en marcha en setiembre de 2002 y como consecuencia de él surgió el "Memorándum de Entendimiento Provincia-Nación", del que participaron el gobernador de Tucumán y el secretario de Política Ambiental y Desarrollo Sustentable del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, entre otros.
El programa tiene por fin descontaminar las cuencas principales del país. En este caso que nos ocupa se trata de la cuenca del río Salí-Dulce, que nace en el límite entre Salta y Tucumán, cruza todo Tucumán, Santiago del Estero (incluido el dique de Termas de Río Hondo) y muere en la laguna de Mar Chiquita, en el norte de Córdoba. Es decir, que lo que se intenta con este programa es descontaminar prácticamente la mitad norte de la Argentina.
En todo el mundo se habla de diversificar para generar progreso. Pero lo que propone Brasil a Argentina es justamente lo contrario: eliminar la diversidad de productos. En vez de fabricar azúcar y alcohol, Brasil propone que Argentina no elabore azúcar, sino que produzca solamente alcohol, mientras ellos continuarían manteniendo la diversificación mediante la fabricación de los dos productos.
Puntos clave para rechazar la oferta
La propuesta brasileña merece algunas consideraciones que se deben tener en cuenta:
1 ) Razones tecnológicas y económicas indican la conveniencia de moler simultáneamente para azúcar y alcohol. En Brasil han desaparecido, por ello, las destilerías autónomas. Entonces, ¿cuál es la razón de querer imponer en la Argentina explotaciones que no son rentables en ese país?
2) Llevar la producción de un lugar a otro, es decir los fletes del alcohol a Brasil y del azúcar a la Argentina, implicaría un desperdicio económico que no existe cuando cada uno produce para su propio mercado.
3) Cuando se desarrolló el programa Proalcohol en Brasil se intentó sustituir importaciones ante la falta de producción de otros carburantes. En el transcurso del tiempo, Brasil desarrolló su producción petrolera y hoy obtiene más petróleo que la Argentina, y le falta poco para llegar al autoabastecimiento. La tendencia en Brasil indica que el consumo de alcohol se estacionó y disminuyó en términos relativos con respecto al consumo de naftas.
4) La producción de alcohol en Brasil disminuyó de 15.600 millones de litros en 1997 a 12.500 millones de litros en el último año, mientras que la de azúcar aumentó de 16 millones de toneladas a 22,2 millones en el mismo período.
5) La proporción del consumo de alcohol por automóviles en Brasil bajó casi un 40% en el último decenio. En cambio, subió la proporción del consumo de naftas.
6) ¿Qué precios se pagarían por el alcohol combustible? Si fueran los de las naftas que sustituyen, sus costos están por encima de los valores de estas últimas.
En el último mes los funcionarios brasileños volvieron a avanzar con esta propuesta, y el Gobierno argentino tuve que salir a desinflar este globo de ensayo, ante la ira de los azucareros argentinos.
El presidente del Centro Azucarero Argentino (CAA), Jorge Zorreguieta, tuvo que explicar lo obvio: que esta idea significaría que el desregulado mercado azucarero argentino pasaría a depender de las decisiones de un país vecino.
El titular del CART, César Paz, debió evidenciar que la propuesta significaría un golpe mortal para la economía de Tucumán y del NOA, sólo para satisfacer el ansia expansionista de un país que controla a su antojo el mercado mundial del azúcar y del alcohol.
La Argentina produce anualmente unos 150 millones de litros de alcohol etílico, los cuales son consumidos, en parte por las industrias argentinas y otra parte es exportada, principalmente, a Chile, Uruguay, Estados Unidos, Alemania y Japón. No se exporta a Brasil. Además, produce por año alrededor de 1,6 millón de toneladas de azúcar (de mejor calidad que el producto brasileño) y se consume, parte en el mercado argentino y parte se exporta a Chile, Uruguay y Estados Unidos.
El industrial azucarero Jorge Rocchia Ferro presentó un informe que analiza el planteo brasileño desde los puntos de vista económico, sociológico y ecológico. Sostiene como premisa básica que fabricar alcohol a partir del jugo de caña es trabajar a pérdida, por varias razones.
De 1.000 kilos de caña de azúcar se obtiene lo siguiente: A) 65 litros de alcohol o B) 100 kilos de azúcar más 10 litros de alcohol. En términos de dinero estos resultados equivalen a: A) 65 litros de alcohol x $ 0,70 el litro = $ 45,50; o B) 100 kilos de azúcar x $ 0,70 el kilo + 10 litros de alcohol x $ 0,70 el litro = $ 77. Por lo tanto, fabricar los dos productos implica un ingreso de casi un 70% mayor que elaborar sólo alcohol.
En el caso de destilación exclusiva, el jugo de la caña, para poder ser fermentado, requiere de una serie de nutrientes que la melaza no los necesita porque ya los tiene incorporados. Se requiere mayor cantidad de insumos para la generación del vapor porque una destilería no devuelve condensado, como sucede con las fábricas de azúcar. A todo lo mencionado, se le debe asumir la mano de obra, energía eléctrica, insumos y otros para el funcionamiento de una planta para el tratamiento de efluente.
El ofrecimiento que hace Brasil es proveer financiación para adecuar las fábricas azucareras argentinas para que produzcan nada más que alcohol, lo que significa eliminar las fábricas azucareras argentinas. Pero nada dicen sobre financiar las plantas para tratamiento de efluentes. El costo de instalación de una planta para tratamiento de efluentes es alrededor de cuatro veces más que lo que cuesta la fábrica que produce el efluente a ser tratado.
La mano de obra
El informe plantea que quizá se piense que la existencia de plantas para tratamiento de efluentes generaría más mano de obra. "No es así", responde el estudio, porque, aun cuando dichas plantas generaran más mano de obra, eso sería plenamente cierto si la fábrica de azúcar siguiera funcionando. Pero al modificar la fábrica azucarera, todo el personal que trabaja actualmente en ciertos sectores (prácticamente desde la mitad del proceso hasta el final) quedaría sin trabajo y la mano de obra que absorbería la planta para tratamiento de efluentes nunca llegaría, ni siquiera, a cubrir la mano de obra que quedaría desocupada con la "conversión" de los ingenios en alcoholeras.
El programa de alcohol combustible en Brasil está estacionado en cantidad y en baja en su consumo, pese al aumento del tamaño de la flota de vehículos en circulación. La propuesta brasileña ofrece a la Argentina entrar en el terreno de los combustibles y sujetarnos a sus precios relativos y usos, mientras que el país exporta naftas. Además, el programa de alcohol no tiene futuro en la Argentina, que es gran productor de gas.
La oferta de Brasil persigue la eliminación de los aranceles y la entrada de azúcar de ese país a la Argentina. A cambio, ofrecen una producción no rentable y sin futuro. Hay quienes dicen que en el fondo se estaría negociando el otorgamiento de cupos de importación de azúcar para Brasil, que afectarían especialmente a la producción de azúcar de Tucumán.
El presidente de UCIT, Sergio Fara, se preguntó por qué Brasil, en lugar de tener un gran excedente de azúcar que desequilibra el mercado mundial no produce más alcohol, que tanto necesita si le propone a la Argentina que lo provea de este producto. "Si con un mínimo de vinaza que hoy cae a los ríos tenemos semejante problema de contaminación con Santiago, al producir sólo alcohol llegaríamos hasta Mar Chiquita", apuntó.
El titular de Cactu, Otto Gramajo, esgrimió varias razones por las cuales sería inconveniente que Tucumán produzca sólo alcohol y no azúcar. "Una tonelada de caña sólo para alcohol vale la mitad que para producir azúcar y alcohol. Además, está el aspecto ecológico, puesto que la contaminación sería tremenda. En el plano laboral, las fábricas necesitarían la mitad de la actual mano de obra para hacer sólo alcohol y no azúcar", remarcó.
Según el secretario general de Fotia, Roberto Palina, la reconversión que propone Brasil significaría que sólo un tercio de los obreros que ocupa hoy un ingenio mantendría su fuente de trabajo. "La fabricación de azúcar requiere de un proceso de cocimiento, centrifugado, etcétera, que demanda la cantidad de gente que hoy trabaja en un ingenio. En la destilería es mucho más simple la tarea, con mucha menos mano de obra", señaló el gremialista.
Estudios realizados por instituciones dedicadas a la fabricación de alcohol y la consecuente contaminación de cursos de agua que este proceso supone han determinado que, aun con las plantas de tratamiento de efluentes, se producen otros deshechos contaminantes. Según los especialistas, la forma más viable y segura para la eliminación total del efluente de la fabricación de alcohol (vinaza) sería utilizar el desecho para el riego de sembrados.
Es cierto que la vinaza sirve como abono natural, pero este producto debe ser usado en una solución muy diluida, por lo que el caudal de riego debe ser muy grande. Esto significa que para poder eliminar toda la vinaza que se generaría haría falta una red inmensa de canales para poder llegar a terrenos tan distantes como algunos ubicados, quizás, en otras provincias.
El volumen de efluente diluido que debería ser utilizado para riego sería del orden de más de 113 millones de metros cúbicos. Entonces, ¿cuántos kilómetros de canales habría que construir? ¿Qué valor tiene el material que debiera usarse para la construcción de los canles? ¿Las pendientes naturales lo permitirían? ¿Cuál sería la magnitud de la erogación? ¿Quién podría financiar esta obra, quizá faraónica? La propuesta de Brasil, que supone un financiamiento de 50 millones de dólares sólo para la transformación de los ingenios argentinos, jamás menciona estos interrogantes, ni mucho menos sus respuestas.
Hay un punto muy importante, y que se contrapone con la propuesta brasileña: el "Programa provincial de producción limpia", impulsado desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, surgido por la actual gran contaminación existente en todas las cuencas principales del país. Este programa fue puesto en marcha en setiembre de 2002 y como consecuencia de él surgió el "Memorándum de Entendimiento Provincia-Nación", del que participaron el gobernador de Tucumán y el secretario de Política Ambiental y Desarrollo Sustentable del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, entre otros.
El programa tiene por fin descontaminar las cuencas principales del país. En este caso que nos ocupa se trata de la cuenca del río Salí-Dulce, que nace en el límite entre Salta y Tucumán, cruza todo Tucumán, Santiago del Estero (incluido el dique de Termas de Río Hondo) y muere en la laguna de Mar Chiquita, en el norte de Córdoba. Es decir, que lo que se intenta con este programa es descontaminar prácticamente la mitad norte de la Argentina.
En todo el mundo se habla de diversificar para generar progreso. Pero lo que propone Brasil a Argentina es justamente lo contrario: eliminar la diversidad de productos. En vez de fabricar azúcar y alcohol, Brasil propone que Argentina no elabore azúcar, sino que produzca solamente alcohol, mientras ellos continuarían manteniendo la diversificación mediante la fabricación de los dos productos.
La propuesta brasileña merece algunas consideraciones que se deben tener en cuenta:
1 ) Razones tecnológicas y económicas indican la conveniencia de moler simultáneamente para azúcar y alcohol. En Brasil han desaparecido, por ello, las destilerías autónomas. Entonces, ¿cuál es la razón de querer imponer en la Argentina explotaciones que no son rentables en ese país?
2) Llevar la producción de un lugar a otro, es decir los fletes del alcohol a Brasil y del azúcar a la Argentina, implicaría un desperdicio económico que no existe cuando cada uno produce para su propio mercado.
3) Cuando se desarrolló el programa Proalcohol en Brasil se intentó sustituir importaciones ante la falta de producción de otros carburantes. En el transcurso del tiempo, Brasil desarrolló su producción petrolera y hoy obtiene más petróleo que la Argentina, y le falta poco para llegar al autoabastecimiento. La tendencia en Brasil indica que el consumo de alcohol se estacionó y disminuyó en términos relativos con respecto al consumo de naftas.
4) La producción de alcohol en Brasil disminuyó de 15.600 millones de litros en 1997 a 12.500 millones de litros en el último año, mientras que la de azúcar aumentó de 16 millones de toneladas a 22,2 millones en el mismo período.
5) La proporción del consumo de alcohol por automóviles en Brasil bajó casi un 40% en el último decenio. En cambio, subió la proporción del consumo de naftas.
6) ¿Qué precios se pagarían por el alcohol combustible? Si fueran los de las naftas que sustituyen, sus costos están por encima de los valores de estas últimas.







