El Estado sacó el piloto automático

El nuevo gobierno, influído por las ideas de John Maynard Keynes, no quiere dejar todo librado a las fuerzas del mercado.

UN MODELO CUESTIONADO. Kirchner considera que las propuestas de John Maynard Keynes podrían ser aplicables para el despegue de la Argentina.
UN MODELO CUESTIONADO. Kirchner considera que las propuestas de John Maynard Keynes podrían ser aplicables para el despegue de la Argentina.
15 Junio 2003
Durante la campaña electoral, el hoy presidente Néstor Kirchner no perdía oportunidad para definirse económicamente como un neokeynesiano. Era la forma de advertir que su actitud, en caso de asumir -y por consiguiente la del Estado-, no sería la de mero espectador de los tejes y manejes del mercado. Era también la manera de distanciarse de la política menemista que dominó el país durante la década de los 90, preocupada principalmente por las privatizaciones de empresas públicas, la apertura y la estabilidad del dólar. En menos de un mes de gestión, Kirchner estuvo preocupado por cumplir con lo prometido: indujo a una baja del precio de los combustibles, prometió un plan de obras públicas y advirtió a las compañías privatizadas que revisará los pliegos si hay irregularidades. Además, demostró que Brasil y el Mercosur siguen siendo la prioridad internacional. Los especialistas, según adónde se encuentren ideológicamente, se entusiasman o critican estas medidas, pero los empresarios (ver aparte), más prácticos, quieren resultados (léase reactivación) antes que definiciones grandilocuentes.
El economista Aldo Abram fue lapidario. "El keynesianismo fue un instrumento pasajero para salir de la recesión y en países con una conducta previa intachable durante años. Esto les brindó disponibilidad de financiamiento para desplegar políticas activas. Lo de Kirchner parece más bien una estrategia de crecimiento desde el sector público. La idea es adoptar un modelo brasileño, muy vulnerable jurídicamente. No habrá caos, se crecerá a un ritmo de entre un 3% y un 5% -es poco para lo que se necesita después de cuatro años de estancamiento-, habrá un tipo de cambio alto y la economía ganará poco en eficiencia", manifestó.
Más moderado fue el economista tucumano Carlos Pucci. Este señaló que, en el plano financiero, prácticamente están resueltos los problemas causados por el corralito y por el corralón, y sólo queda el tema de las deudas hipotecarias y la restructuración del sistema, algo clave para la rehabilitación del crédito interno. También destacó la necesidad de renovar el acuerdo de cortísimo plazo con el Fondo Monetario, para negociar uno de largo plazo. "Se habla de promover el consumo interno, algo inobjetable, pero no se nota igual énfasis respecto de las inversiones vinculadas con el avance tecnológico y con la formación de capital humano en el sector privado. Y sólo se menciona una más o menos tibia declaración de aumentar las inversiones públicas en infraestructura sin determinar claramente de dónde provendrán los fondos necesarios", advirtió. También señaló que, más allá de las declamaciones de establecer una nueva estructura fiscal, el nuevo gobierno "debe ir, paso a paso, hacia una mayor tributación basada en un impuesto a las ganancias reales y combatir la enorme evasión".
El gran acierto del pensador inglés John Maynard Keynes, según sus defensores, fue acabar con la idea de que los altibajos de los ciclos económicos eran inevitables. Por eso, convencido de que aquello de la sabia mano invisible del mercado era un mito, sostuvo que una acertada política monetaria y fiscal podía influir en la producción, reducir el desempleo y acortar las recesiones. A muchas de estas propuestas las puso en práctica el presidente Franklin Roosevelt para sacar a Estados Unidos de la crisis de 1930. Los actores reales de la economía, más allá de los rótulos y de las buenas intenciones, le piden soluciones a Kirchner.Durante la campaña electoral, el hoy presidente Néstor Kirchner no perdía oportunidad para definirse económicamente como un neokeynesiano. Era la forma de advertir que su actitud, en caso de asumir -y por consiguiente la del Estado-, no sería la de mero espectador de los tejes y manejes del mercado. Era también la manera de distanciarse de la política menemista que dominó el país durante la década de los 90, preocupada principalmente por las privatizaciones de empresas públicas, la apertura y la estabilidad del dólar. En menos de un mes de gestión, Kirchner estuvo preocupado por cumplir con lo prometido: indujo a una baja del precio de los combustibles, prometió un plan de obras públicas y advirtió a las compañías privatizadas que revisará los pliegos si hay irregularidades. Además, demostró que Brasil y el Mercosur siguen siendo la prioridad internacional. Los especialistas, según adónde se encuentren ideológicamente, se entusiasman o critican estas medidas, pero los empresarios (ver aparte), más prácticos, quieren resultados (léase reactivación) antes que definiciones grandilocuentes.
El economista Aldo Abram fue lapidario. "El keynesianismo fue un instrumento pasajero para salir de la recesión y en países con una conducta previa intachable durante años. Esto les brindó disponibilidad de financiamiento para desplegar políticas activas. Lo de Kirchner parece más bien una estrategia de crecimiento desde el sector público. La idea es adoptar un modelo brasileño, muy vulnerable jurídicamente. No habrá caos, se crecerá a un ritmo de entre un 3% y un 5% -es poco para lo que se necesita después de cuatro años de estancamiento-, habrá un tipo de cambio alto y la economía ganará poco en eficiencia", manifestó.
Más moderado fue el economista tucumano Carlos Pucci. Este señaló que, en el plano financiero, prácticamente están resueltos los problemas causados por el corralito y por el corralón, y sólo queda el tema de las deudas hipotecarias y la restructuración del sistema, algo clave para la rehabilitación del crédito interno. También destacó la necesidad de renovar el acuerdo de cortísimo plazo con el Fondo Monetario, para negociar uno de largo plazo. "Se habla de promover el consumo interno, algo inobjetable, pero no se nota igual énfasis respecto de las inversiones vinculadas con el avance tecnológico y con la formación de capital humano en el sector privado. Y sólo se menciona una más o menos tibia declaración de aumentar las inversiones públicas en infraestructura sin determinar claramente de dónde provendrán los fondos necesarios", advirtió. También señaló que, más allá de las declamaciones de establecer una nueva estructura fiscal, el nuevo gobierno "debe ir, paso a paso, hacia una mayor tributación basada en un impuesto a las ganancias reales y combatir la enorme evasión".
El gran acierto del pensador inglés John Maynard Keynes, según sus defensores, fue acabar con la idea de que los altibajos de los ciclos económicos eran inevitables. Por eso, convencido de que aquello de la sabia mano invisible del mercado era un mito, sostuvo que una acertada política monetaria y fiscal podía influir en la producción, reducir el desempleo y acortar las recesiones. A muchas de estas propuestas las puso en práctica el presidente Franklin Roosevelt para sacar a Estados Unidos de la crisis de 1930. Los actores reales de la economía, más allá de los rótulos y de las buenas intenciones, le piden soluciones a Kirchner.

FALTAN HECHOS, NO PALABRAS
"Hasta ahora lo que se advierte en los anuncios y discursos es muy diferente de lo que ocurría en la infame década de los 90. Se habla de potenciar el país hacia adentro y de volver a revalorizar la industria nacional y las PyME. No se dice nada de los grandes inversores que vinieron y se llevaron la rentabilidad a costa del esfuerzo de los argentinos". De este modo se pronunció el titular de la Cámara Tucumana de la Construcción, Oscar Mirkin.
El también vicepresidente de la FET consideró como muy auspicioso que se habla de destinar $ 4.000 millones para obras públicas, de manera de reactivar el empleo y la construcción. "En todos los países serios del mundo, las PyME representan entre el 70% y el 80% de la actividad. Si eso se quiere hacer aquí, es auspicioso. Lo vemos con buenos ojos y estamos ansiosos de que así se haga. Esperamos que se cumpla y que no quede en los anuncios", concluyó.

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