15 Junio 2003 Seguir en 
El funcionamiento eficiente y equitativo de una economía moderna de mercado requiere de una organización social sofisticada, que incluye instituciones jurídicas y políticas que no aparecen de manera natural y espontánea, sino que son un producto altamente artificial elaborado por la civilización humana. En consecuencia, una economía se destruye a sí misma si no está debidamente organizada a través de reglas de juego institucionales, integrada entre otras cosas por un conjunto variado de leyes, jurisprudencias, prácticas judiciales, etc.
Estas reglas de juego, una vez conocidas y aceptadas, deben imponerse a todo el mundo como exigencia ética del mercado, cuyo funcionamiento eficiente requiere la definición clara de derechos de propiedad que garanticen la seguridad básica de la actividad empresarial, el respeto de los contratos y la posibilidad cierta de hacer justicia si la palabra no se cumple. Otra condición ética de la economía de mercado apunta a que la diferencia de poder entre los agentes económicos competidores no puede ser tan grande que haga perder sentido a las reglas de juego.
Los hechos mafiosos
En el mismo nivel de exigencia ética aparecen cuestiones muy puntuales, como la lucha contra fenómenos mafiosos, y otras mucho más generales, como la obligación del Estado de instrumentar políticas sociales que respondan a criterios de justicia distributiva, en favor de los menos favorecidos por la dinámica de la economía.
Además, todas estas reglas deben ser estables, como condición indispensable para el mantenimiento generalizado de prácticas económicas normalizadas, sin perder de vista la constante regulación política que requiere la adaptabilidad de estas reglas a condiciones cambiantes.
Todo esto es lo que la Argentina necesita debatir a fondo en este momento, después de años de prédica simplista por parte de muchos que pretendían reducir el debate económico nacional a la instauración un conjunto de reglas que se reducían a la estabilidad monetaria, la liberación de los mercados y la apertura irrestricta al intercambio internacional de bienes y de capitales. Estos consejos estrictamente económicos tienen un valor innegable en términos de la productividad que necesitamos si pretendemos mejorar la vida material de nuestra gente, pero deben plantearse en un contexto de discusión más amplia centrada en los criterios de justicia.
Es en este contexto de debate económico amplio donde hay que juzgar la necesidad que tiene la sociedad argentina de renovar el funcionamiento actual de su justicia concreta, empezando por la mismísima Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Hugo Ferullo, economista de la UNT y de la UNSTA
Estas reglas de juego, una vez conocidas y aceptadas, deben imponerse a todo el mundo como exigencia ética del mercado, cuyo funcionamiento eficiente requiere la definición clara de derechos de propiedad que garanticen la seguridad básica de la actividad empresarial, el respeto de los contratos y la posibilidad cierta de hacer justicia si la palabra no se cumple. Otra condición ética de la economía de mercado apunta a que la diferencia de poder entre los agentes económicos competidores no puede ser tan grande que haga perder sentido a las reglas de juego.
Los hechos mafiosos
En el mismo nivel de exigencia ética aparecen cuestiones muy puntuales, como la lucha contra fenómenos mafiosos, y otras mucho más generales, como la obligación del Estado de instrumentar políticas sociales que respondan a criterios de justicia distributiva, en favor de los menos favorecidos por la dinámica de la economía.
Además, todas estas reglas deben ser estables, como condición indispensable para el mantenimiento generalizado de prácticas económicas normalizadas, sin perder de vista la constante regulación política que requiere la adaptabilidad de estas reglas a condiciones cambiantes.
Todo esto es lo que la Argentina necesita debatir a fondo en este momento, después de años de prédica simplista por parte de muchos que pretendían reducir el debate económico nacional a la instauración un conjunto de reglas que se reducían a la estabilidad monetaria, la liberación de los mercados y la apertura irrestricta al intercambio internacional de bienes y de capitales. Estos consejos estrictamente económicos tienen un valor innegable en términos de la productividad que necesitamos si pretendemos mejorar la vida material de nuestra gente, pero deben plantearse en un contexto de discusión más amplia centrada en los criterios de justicia.
Es en este contexto de debate económico amplio donde hay que juzgar la necesidad que tiene la sociedad argentina de renovar el funcionamiento actual de su justicia concreta, empezando por la mismísima Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Hugo Ferullo, economista de la UNT y de la UNSTA







