30 Enero 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El Gobierno nacional sigue desperdiciando tiempo y oportunidades que tal vez no vuelvan a repetirse en años o tal vez en décadas. Se va el primer mes del año, y la administración Kirchner continúa con su mezcla de tozudez, desidia y temeridad a la hora de gobernar.
El manejo de las cuentas públicas es una prueba elocuente. Nuevamente, las ganancias y los adelantos transitorios del BCRA más las utilidades de la Anses, le permitieron al Palacio de Hacienda cerrar 2010, mostrando números en azul. Pero esos no son fondos del Tesoro. Esos recursos se los quitaron a todos los ciudadanos. Esos fondos le pertenecen a la sociedad y no al Tesoro. Esos fondos son el respaldo de los billetes que la sociedad tiene en sus bolsillos y en los bancos. Al mismo tiempo, los recursos de la seguridad social son el respaldo y la salud de millones de jubilados. Esta política de exacciones ilegales tiene un costo.
Mientras, esta legión de personas que conforma el sector pasivo sufre penurias cuando no carencias en la atención de la salud y hasta debe pagar con su vida por falta de recursos para una atención a tiempo o un diagnóstico precoz de una patología. Pero en estos tiempos del todo vale del oficialismo y de un silencio cómplice de la oposición, la Argentina está metida en un callejón sin salida. No alcanza con una supercosecha para superar los problemas acumulados por el despilfarro producido en esta primera década del siglo XXI que, sumada a los 90, conforman el funeral de otra generación.
Los números son el reflejo de la crítica situación económica, a pesar del clima festivo que se quiere pintar en esta temporada estival.
Las utilidades del BCRA ascendieron en 2010 a $ 21.247,4 millones, mientras que las ganancias de Anses llegaron a $ 8.606,2 millones, totalizando recursos extraordinarios por $ 29.853,6 millones. De no haber sido por estas detracciones, el resultado financiero hubiese arrojado un déficit cercano a los $ 27.000 millones, U$S 6.750 millones que el Gobierno debería haber salido a financiar en los mercados. Pero no. La administración Kirchner optó por gastarse las reservas, el ahorro y el respaldo de todos los argentinos.
El revés de la trama es que la Argentina vive aislada del mundo y ningún país ni grupo empresario la incluye en su agenda. Por caso, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitará por primera vez el Cono Sur y evitará la Argentina. Washington privilegia las relaciones con Brasilia y Santiago e ignora a Buenos Aires. Triunfo de la diplomacia piquetera.
Pero a poco de que se profundice en las cuentas de diciembre se colige que el operativo-despilfarro Felices Fiestas causó un déficit cercano a los $ 5.000 millones, unos U$S 1.200 millones, sin contar los giros del BCRA y la Anses. El ministro de Economía, Amado Boudou, y el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, defendieron la política oficial de contabilizar como recursos del Estado las utilidades del BCRA y de la Anses, con un argumento falaz. "Si el BCRA tiene utilidades es por las buenas políticas aplicadas y si la Anses tiene utilidades es por la buena inversión de los fondos de los trabajadores", dijeron casi a dúo.
Si algo le faltaba a Boudou para adornar su presentación fue el ejemplo argentino. El ministro sin inmutarse remarcó que en todos los países del mundo se utilizan los recursos extraordinarios del Estado para presentar los resultados de las cuentas públicas. ¿Alguien se imagina cuanto durarían en sus puestos Boudou y Pezoa, si tuviesen que enfrentar a sus accionistas en una asamblea y les dijeran que utilizaron los fondos de reserva para tapar el déficit de su gestión?
En verdad, si esto llegara a ocurrir en todos los países del mundo como relata el ministro, el planeta estaría inmerso en un cataclismo.
Es difícil precisar cuanto durará este clima de bonanza financiera internacional con dinero barato y precios de activos altísimos.
Pero hay algo cierto: los ciclos económicos no son permanentes y la Argentina no está preparada para un cambio de este escenario.
Estos son los resultados horrorosos del modelo. Un modelo en el que, de acuerdo con las palabras de la Presidenta de la Nación, Néstor Kirchner es el padre de la criatura y ella, la madre.
El manejo de las cuentas públicas es una prueba elocuente. Nuevamente, las ganancias y los adelantos transitorios del BCRA más las utilidades de la Anses, le permitieron al Palacio de Hacienda cerrar 2010, mostrando números en azul. Pero esos no son fondos del Tesoro. Esos recursos se los quitaron a todos los ciudadanos. Esos fondos le pertenecen a la sociedad y no al Tesoro. Esos fondos son el respaldo de los billetes que la sociedad tiene en sus bolsillos y en los bancos. Al mismo tiempo, los recursos de la seguridad social son el respaldo y la salud de millones de jubilados. Esta política de exacciones ilegales tiene un costo.
Mientras, esta legión de personas que conforma el sector pasivo sufre penurias cuando no carencias en la atención de la salud y hasta debe pagar con su vida por falta de recursos para una atención a tiempo o un diagnóstico precoz de una patología. Pero en estos tiempos del todo vale del oficialismo y de un silencio cómplice de la oposición, la Argentina está metida en un callejón sin salida. No alcanza con una supercosecha para superar los problemas acumulados por el despilfarro producido en esta primera década del siglo XXI que, sumada a los 90, conforman el funeral de otra generación.
Los números son el reflejo de la crítica situación económica, a pesar del clima festivo que se quiere pintar en esta temporada estival.
Las utilidades del BCRA ascendieron en 2010 a $ 21.247,4 millones, mientras que las ganancias de Anses llegaron a $ 8.606,2 millones, totalizando recursos extraordinarios por $ 29.853,6 millones. De no haber sido por estas detracciones, el resultado financiero hubiese arrojado un déficit cercano a los $ 27.000 millones, U$S 6.750 millones que el Gobierno debería haber salido a financiar en los mercados. Pero no. La administración Kirchner optó por gastarse las reservas, el ahorro y el respaldo de todos los argentinos.
El revés de la trama es que la Argentina vive aislada del mundo y ningún país ni grupo empresario la incluye en su agenda. Por caso, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitará por primera vez el Cono Sur y evitará la Argentina. Washington privilegia las relaciones con Brasilia y Santiago e ignora a Buenos Aires. Triunfo de la diplomacia piquetera.
Pero a poco de que se profundice en las cuentas de diciembre se colige que el operativo-despilfarro Felices Fiestas causó un déficit cercano a los $ 5.000 millones, unos U$S 1.200 millones, sin contar los giros del BCRA y la Anses. El ministro de Economía, Amado Boudou, y el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, defendieron la política oficial de contabilizar como recursos del Estado las utilidades del BCRA y de la Anses, con un argumento falaz. "Si el BCRA tiene utilidades es por las buenas políticas aplicadas y si la Anses tiene utilidades es por la buena inversión de los fondos de los trabajadores", dijeron casi a dúo.
Si algo le faltaba a Boudou para adornar su presentación fue el ejemplo argentino. El ministro sin inmutarse remarcó que en todos los países del mundo se utilizan los recursos extraordinarios del Estado para presentar los resultados de las cuentas públicas. ¿Alguien se imagina cuanto durarían en sus puestos Boudou y Pezoa, si tuviesen que enfrentar a sus accionistas en una asamblea y les dijeran que utilizaron los fondos de reserva para tapar el déficit de su gestión?
En verdad, si esto llegara a ocurrir en todos los países del mundo como relata el ministro, el planeta estaría inmerso en un cataclismo.
Es difícil precisar cuanto durará este clima de bonanza financiera internacional con dinero barato y precios de activos altísimos.
Pero hay algo cierto: los ciclos económicos no son permanentes y la Argentina no está preparada para un cambio de este escenario.
Estos son los resultados horrorosos del modelo. Un modelo en el que, de acuerdo con las palabras de la Presidenta de la Nación, Néstor Kirchner es el padre de la criatura y ella, la madre.








