Llegó la hora de crecer con equidad

Habría que buscar la recomposición del tejido social extremadamente debilitado por las prácticas corruptas. (Por Hugo Ferullo).

01 Junio 2003
Desde la recuperación de la vida democrática en 1983 hasta hoy, la sociedad argentina fracasó visiblemente en la solución conjunta de los enormes problemas socioeconómicos exacerbados durante la trágica dictadura militar. Pero este fracaso global parece ir de la mano de una suerte de estrategia colectiva de tipo paso a paso, donde los grandes problemas se buscan resolver uno por uno.
De acuerdo con esta interpretación, defendida por varios analistas, la presidencia de Raúl Alfonsín coincidió con la consolidación de la democracia como forma definitiva de gobierno, mientras que el primer período de Carlos Menem marcó una clara apuesta por la estabilidad económica, en contra de la inflación galopante. A partir de allí, lo que esta secuencia esquemática reclamaba era un profundo cambio institucional capaz de combatir la corrupción -creció de manera desproporcionada en la década de 1990- tanto en el sector público como en el de los grandes sectores privados. Además, había que buscar la recomposición del tejido social extremadamente debilitado por estas prácticas corruptas generalizadas y por la concentración del ingreso nacional en cada vez menos manos.
Después de la segunda presidencia de Menem y del breve período de Fernando de la Rúa, lapso donde no puede consignarse absolutamente ningún logro global social, este esquema simple de razonamiento pone como obligación gruesa del flamante gobierno de Néstor Kirchner una verdadera reforma en el funcionamiento institucional de nuestra vida socioeconómica y política.

Un reclamo urgente
A Kirchner se le pide crecimiento económico con mucha mayor equidad en la distribución del ingreso y que cumpla con las obligaciones que el bien común impone a todos, en particular a los políticos, los jueces y los grandes contribuyentes del sistema impositivo.
Hay que tomar conciencia de que una reforma institucional de este tipo requiere de políticas concretas que lesionarán muchas prebendas que la impunidad reinante permitió concentrar en sectores económicos y políticos muy poderosos. Y la reacción previsible de estos, en defensa de sus propios intereses prebendarios, los llevará a oponerse de cualquier manera a los cambios más profundos que la sociedad argentina reclama con urgencia.

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