Habrá cambios profundos

Tucumán camina por una áspera transición. Es indispensable que retorne el crédito. (Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción).

01 Junio 2003
Ya se dio el primer gran paso: la asunción de un presidente siempre provoca esperanza, más allá de lo que diga o haga en los primeros tiempos. Pero para que Tucumán advierta señales de mejora en la situación global existen otros requisitos ineludibles.
Por un lado, el populismo con equilibrio fiscal, sin déficit, del kirchnerismo, y el capitalismo nacional que pregona deben ser útiles para impulsar el crecimiento en Tucumán con rapidez. No hay demasiado margen para prometer y no cumplir, a causa de las presiones sociales.
Por otra parte, es indispensable que retorne el crédito, si el Presidente consigue reordenar el sistema financiero. Y también urge que la gente vea perspectivas de recuperación. El desempleo es, para los tucumanos, el problema excluyente e insoluble en el corto plazo. Es el germen de todos los dramas.
En las encuestas, las calamidades que azotan a la situación económico-social dejan muy atrás a los reclamos sobre seguridad, educación y salud.
En esta provincia, los empresarios están expectantes y son cautelosos. No tienen confianza en el equipo que llegó al poder y analizan con inquietud lo que puede ocurrir en Tucumán. La economía anticipa un buen año, pero los políticos pueden encargarse de provocar frustraciones Por ahora, los empresarios sólo observan maniobras gubernamentales para afianzar el control estatal y reflotar regulaciones.
El viraje del anterior modelo pro-mercados hacia otro más estatista implica una buena cantidad de cambios y reacomodamientos mentales y prácticos por parte de los empresarios. Tanto sobre los mecanismos para competir, la presión impositiva, cómo hacer lobby y qué se produce.

Un brusco viraje
Muchos hombres de negocios tucumanos están en estado de shock y no están en condiciones de absorber la nueva realidad, adaptarse y superarla.
Acostumbrados durante una década a las reglas de juego del menemismo y a la estabilidad que emanaba de la convertibilidad, les cuesta adaptarse a los bruscos virajes que puede imponer el ministro Lavagna.
Sobre todo después de los impresionantes cambios introducidos hace un año y medio por Duhalde, que rompieron la seguridad jurídica y los contratos.
El Presidente tiene el ciclo económico a favor y jugará fuerte no sólo para aprovechar esta circunstancia, sino para trasladarla a la política. "Kirchner va a todo o nada, a muerte", dicen los que lo conocen. El test electoral que habrá en Tucumán este mes será una prueba de fuego que pondrá en discusión el poder presidencial.
Armará cabezas de playa en provincias estratégicas, sobre todo en las que dependen del poder central, y hará lo imposible para ganar todas las elecciones, en especial los comicios que habrá en octubre para renovar la Cámara de Diputados y el Senado.
A las compañías tucumanas que esperan el entierro final de los Bocade y batallan en el mercado interno les cuesta entender cómo se treparán a los beneficios de la reactivación, que hasta ahora sólo hizo llover dinero sobre los exportadores y los que sustituyen importaciones.
El comercio y los servicios tratan de seducir a consumidores tucumanos que cuidan el escaso dinero que tienen. El dato es clave porque el consumo será el motor del crecimiento en los próximos años. El escenario internacional no se presenta favorable para el comercio.
Pero para acelerar el crecimiento es necesario un shock de confianza que estimule la inversión privada en Tucumán y que el Estado no la espante. Debe ser alentada a fondo para poder salir del pozo. La inversión pública nunca es superior al 10%. Sólo si tiene fe en Kirchner, el sector privado se animará a pedir créditos, a sacar la plata del colchón y a hacer negocios.

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