24 Octubre 2010 Seguir en 

Por Julio Carabelli
Para LA GACETA - Tucumán
Los mineros salieron de la mina
remontando sus ruinas venideras... (César Vallejo)
Alberdi y Sarmiento fueron, sin duda, las mentes sobresalientes del siglo XIX para nuestro país. La posición de Alberdi defendiendo a Urquiza quedó trunca y la desconfianza del sanjuanino en el caudillaje en general es aún la de muchos, es una desconfianza que se asoma a tres siglos, pero Sarmiento estaba más cerca de una realidad que hoy nos envuelve a casi todos los argentinos. Su obsesión por plantar la Sociedad de Minas en San Juan, minas que no se pensaban a cielo abierto, lo llevó a peticionar capitales que fueron renuentes, pero no se equivocaba en el futuro de la minería que daría a su provincia puestos de trabajo y al país entero enormes ganancias. Él comparó la minería con aquella leyenda de El Dorado diciendo "Diez pesos por carga de tierra, donde se pueden extraer millones de millones de cargas, y lo que es más, ¡sin perjudicar a la agricultura, ni a las poblaciones, ni a los pastos, ni excavar la tierra a grandes profundidades!".
Hoy que se da la pelea por la ley de protección de los glaciares y nos sobrecoge a todos la problemática del agua contaminada, me situé frente al televisor preocupado por aquellos hombres atrapados en la panza de una gran ballena e impaciente ante la inminencia del gran rescate, algo digno de Visconti o de Ettore Scola por la sobriedad aunque lo compararan erróneamente con Hollywood. Era maravilloso saber que aquella cápsula podía arrancar a los rehenes del fondo de la mina. Otra vez el ser humano con su eterna dualidad provocando los comentarios de los periodistas, a la fuerza muy reiterados, en los que nunca se lo nombró aunque él había trabajado allí, en Copiapó varios años comiendo sólo escasos porotos secos. Cuando salió el minero número 33 me dije que frente a la emoción colectiva y al éxito absoluto del rescate era comprensible que nadie se acordara de él, a quien yo recordaba con casco en los libros de la primaria, el Sarmiento de pronunciada sordera, debido a los tiros para volar los peñascos, que casi pierde la vida en una mina de Copiapó y quizá ahora, con este simple recuerdo logre hacer salir, para que lo conozcan todos, al minero número 34.
© LA GACETA
Julio Carabelli - Novelista, poeta y ensayista.
Es director de "Letrarte".
Para LA GACETA - Tucumán
Los mineros salieron de la mina
remontando sus ruinas venideras... (César Vallejo)
Alberdi y Sarmiento fueron, sin duda, las mentes sobresalientes del siglo XIX para nuestro país. La posición de Alberdi defendiendo a Urquiza quedó trunca y la desconfianza del sanjuanino en el caudillaje en general es aún la de muchos, es una desconfianza que se asoma a tres siglos, pero Sarmiento estaba más cerca de una realidad que hoy nos envuelve a casi todos los argentinos. Su obsesión por plantar la Sociedad de Minas en San Juan, minas que no se pensaban a cielo abierto, lo llevó a peticionar capitales que fueron renuentes, pero no se equivocaba en el futuro de la minería que daría a su provincia puestos de trabajo y al país entero enormes ganancias. Él comparó la minería con aquella leyenda de El Dorado diciendo "Diez pesos por carga de tierra, donde se pueden extraer millones de millones de cargas, y lo que es más, ¡sin perjudicar a la agricultura, ni a las poblaciones, ni a los pastos, ni excavar la tierra a grandes profundidades!".
Hoy que se da la pelea por la ley de protección de los glaciares y nos sobrecoge a todos la problemática del agua contaminada, me situé frente al televisor preocupado por aquellos hombres atrapados en la panza de una gran ballena e impaciente ante la inminencia del gran rescate, algo digno de Visconti o de Ettore Scola por la sobriedad aunque lo compararan erróneamente con Hollywood. Era maravilloso saber que aquella cápsula podía arrancar a los rehenes del fondo de la mina. Otra vez el ser humano con su eterna dualidad provocando los comentarios de los periodistas, a la fuerza muy reiterados, en los que nunca se lo nombró aunque él había trabajado allí, en Copiapó varios años comiendo sólo escasos porotos secos. Cuando salió el minero número 33 me dije que frente a la emoción colectiva y al éxito absoluto del rescate era comprensible que nadie se acordara de él, a quien yo recordaba con casco en los libros de la primaria, el Sarmiento de pronunciada sordera, debido a los tiros para volar los peñascos, que casi pierde la vida en una mina de Copiapó y quizá ahora, con este simple recuerdo logre hacer salir, para que lo conozcan todos, al minero número 34.
© LA GACETA
Julio Carabelli - Novelista, poeta y ensayista.
Es director de "Letrarte".
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