11 Septiembre 2010
Por Mario Fridman - DYN

ROSARIO.- Finalmente ocurrió. Las Leonas y Holanda eran las máximas favoritas para llegar a la final y ahí están. Es cierto que las europeas estuvieron a nueve minutos de perder todo en la semifinal contra Inglaterra, pero demostraron que en los momentos difíciles sacan a relucir su temple de campeonas.

Las chicas argentinas, en cambio, llegan sin pasar demasiados sobresaltos. Se las ve sólidas, confiadas. Y no es para menos: que en seis partidos en un torneo de primer nivel te marquen sólo tres goles es algo que genera seguridad. Que no te generen córners en varios de esos partidos es inimaginable. Ahora, a las conducidas por Carlos Retegui les faltar trepar hasta el escalón más alto; queda un sólo paso por dar. No será fácil desplazar a Holanda de la cima, pero estas Leonas están capacitadas para lograrlo.

Si algo les sobra es corazón, entrega. Hasta Luciana Aymar, la jugadora más talentosa del mundo, se tira al piso para evitar que una rival cruce el centro del terreno. Y eso agranda más su figura. Carla Rebecchi desborda, deja por el piso a rivales, pero no le alcanza: corre a bloquear cada salida del rival, ya sea que el equipo vaya empatando o ganando 5-0. Ni hablar del despliegue de Rosario Lucchetti o de lo que se brinda Soledad García, jugando casi en el mismo nivel que alcanzó en Sydney 2000 o en Perth 2002. Y qué decir de Mariela Scarone o de Claudia Burkart, jugadoras de perfil bajo que han sido las principales culpables de que Belén Succi tuviera poco trabajo.

Este equipo tiene talento, pero se destaca también por su actitud, por la solidaridad que expresa cada jugadora dentro del campo. Jugando así llegaron hasta acá, jugando así hoy intentarán subir el último escalón.

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