En el campo gana el que planifica

La sequía que afectó este año a la soja dejó un tendal de perdedores. Se salvaron de la crisis quienes actuaron como empresarios.

11 Mayo 2003
El exitismo que había en Tucumán al inicio de la actual campaña sojera, tras dos cosechas récord seguidas y ganancias siempre en alza, se podría comparar con el exceso de confianza que la humanidad tenía en sí misma a principios del siglo pasado, etapa que culminó abruptamente con el hundimiento del mítico Titanic, la obra cumbre del espíritu positivo de aquella época.
A mediados de 2002 había un claro ganador entre los distintos sectores productivos que componen la actividad agropecuaria tucumana: la soja. Varios factores incidieron para que esta oleaginosa se posicionara entonces por encima del tradicional azúcar y del poderoso limón. La devaluación favoreció notablemente al grano, que se exporta casi en su totalidad. Además, los precios de este producto son más o menos estables, y no se modifican porque en Tucumán haya una cosecha récord o porque se venda la producción en su totalidad en un mismo momento. Con rindes en franco y sostenido crecimiento, por efecto de una gradual actualización de la tecnología, los sojeros de esta provincia ganaron mucha plata en los últimos años e incluso avanzaron sobre los terrenos de otros cultivos y de otras actividades agropecuarias.
Pocos se imaginaban que el clima echaría por tierra las enormes expectativas que se habían generado en torno de la presente campaña sojera. Debido a la sequía, se estima que sólo se cosechará un 50% (300.000 toneladas) del volumen de soja calculado en un principio. En el sector todos perdieron algo. Algunos se quedaron con las manos vacías, mientras que otros salvaron los gastos e incluso hubo quienes, pese a la catástrofe, ganaron dinero. ¿Quiénes son estos últimos, que se las ingeniaron para burlar la crisis? Según el presidente de la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), José Manuel Paz, se trata de los empresarios del campo, profesionales que planifican al detalle las campañas y que tienen una clave para ganar siempre: diversificar su riesgo.
Paz brindó algunas claves útiles que emplean los productores tradicionales:
Los que trabajan con esquema de granos saben que es posible que aparezca una sequía al menos cada cinco años con lluvias.
Siempre se planifican siembras en distintas áreas para repartir los riesgos climáticos.
Hay que analizar los números y trabajar sobre promedios. Nunca se debe proyectar cosechas y rentabilidades en función de los resultados de un año bueno.

El gerenciamiento
El empresario ruralista Roberto Martínez Zavalía, ex titular de la SRT, considera que el secreto del éxito en el campo está en el gerenciamiento. "Una de las herramientas más importantes es lograr la minimización del riesgo, y para ello es necesario atender y estudiar las distintas variables que pueden acrecentar las posibilidades de pérdidas", explicó. El dirigente recalcó que en la moderna gestión rural no tiene cabida el productor que no toma los recaudos que exige el mundo de los negocios. Estableció algunas pautas que deberían contemplarse para reducir los riesgos:
Se debe prevenir, como en cualquier empresa.
Hay que sembrar en distintas zonas, y nunca apostar todo en lugares marginales. Por ejemplo, sembrar 2.000 hectáreas en El Bobadal, en Santiago del Estero, al límite con Tucumán, sería una inversión que tiene alto riesgo de perderse.
A su vez, es importante sembrar en distintas fechas. Esto y el hecho de tener cultivos dispersos reduce bastante el riesgo de pérdidas por sequía, porque es difícil que este fenómeno se manifieste de igual manera en todos lados y al mismo tiempo.
En caso de arriendo, lo ideal es firmar un contrato por cinco años, para hacerle al campo una inversión que reditúe.
Es fundamental determinar el estado del campo que se arrienda. No es lo mismo arrendar un terreno que recibió buen tratamiento, como por ejemplo la rotación de cultivos, a uno que fue objeto de monocultivo durante algunos años. Con una buena cobertura de suelos crece la resistencia del lote ante una posible sequía.
Algo dejó en limpio la experiencia de este año en la soja: estos son los tiempos de las empresas agropecuarias, de los profesionales y del gerenciamiento en el campo. La improvisación y la aventura no tienen lugar en la agricultura de hoy, y son el camino más corto hacia el fracaso.


No se descuidarán los cultivos
Martínez Zavalía vaticinó que el agro tucumano seguirá apostando fuerte a la soja, pese al golpe que significó la última sequía. "Caerán las inversiones, pero no en una menor incorporación de tecnología, ya que el productor no descuidará sus campos. Sí habrá menos desmontes, o no tantos cambios de maquinarias ni renovaciones de camionetas. Tal vez el productor no se vaya de vacaciones, pero sí procurará lograr una buena siembra. Habrá un ajuste, pero no en los cultivos", apuntó el empresario.


El drama de los "improvisados"

"Venimos de una campaña 2001-2002 que fue muy exitosa para la soja, por la devaluación y la posterior pesificación. En el actual proceso, a los productores tradicionales se sumaron muchos referentes de otros sectores, que vieron buenas posibilidades en la soja y se lanzaron a invertir en la actividad", indicó el presidente de la Sociedad Rural de Tucumán, José Manuel Paz. "Estos -remarcó- fueron los más afectados por las pérdidas ocasionadas a raíz de la sequía".
En general, los "improvisados rurales" se extendieron con sus cultivos hacia las zonas marginales de la provincia, especialmente a terrenos ubicados en el este tucumano y en el oeste santiagueño. En esos lugares los riesgos son altos y el impacto de una sequía siempre es mayor que en los campos ubicados en las zonas centrales.
A partir de la devaluación se generó un proceso de aumento en los valores de los campos, especialmente aquellos vinculados a actividades rurales exportadoras. Los precios que más subieron fueron los de los lotes para soja. Incluso, el auge de este cultivo llevó a que terrenos habitualmente sembrados con otras producciones cedieran su espacio a nuevos emprendimientos con soja. En muchos de estos casos aparecieron los que fueron derrotados por la sequía.
El dirigente ruralista, Roberto Martínez Zavalía, sostuvo que mayormente no se trató de "aventureros" que buscaron sumarse al éxito de la soja, sino de productores de otras actividades que se volcaron a los granos y de capitalistas que aportaron fondos a las campañas de agricultores establecidos. "Estos perdieron todo", sentenció.


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