La ley ampara la producción de vinos pateros en los Valles
El vino casero más conocido como patero es un producto originario de los cerros tucumanos. Su producción fue perseguida por los autoridades del Instituto Nacional de Vitivinicultura hasta que en 2002 se los amparó por medio de una resolución de ese organismo. Actualmente es una incipiente economía regional.
07 Febrero 2010 Seguir en 
La producción de vinos caseros es una incipiente posibilidad económica para los habitantes del valle calchaquí. Esta actividad fue perseguida asiduamente por las autoridades del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) hasta que en 2002 la entidad decidió regular la elaboración de vinos caseros por medio de la Resolución N° C.27/02. A partir de ese año, los pequeños productores trabajan amparados por la ley y cuentan con la asistencia técnica del instituto. Actualmente, Amaicha de la Valle, Colalao del Valle, El Pichao y El Bañado, entre otras localidades, reúnen alrededor de 15 pequeños elaboradores de vino y unos 50 productores de uva. Además de las tres bodegas ubicadas en esa región. Sin embargo, el censo del INV indica que sólo 11 de esos productores están registrados oficialmente.
Esta diferencia sería equiparada en marzo, cuando se producirá la inscripción de la mayoría de los productores del valle. En diálogo con LA GACETA, Eduardo Nieva, presidente de la comunidad indígena calchaquí, destacó que se esta trabajando con las comunidades de la zona para llegar a un acuerdo y constituir una marca regional que abarque todas los artículos producidos en la región. "Esperamos concluir las negociaciones lo antes posible para registrarnos conjuntamente. Si todo se da como lo pautamos a mediados de marzo estaríamos en condiciones de avanzar en la concreción de este importante proyecto. Al registrarnos en el INV podremos solicitar, como comunidad, subsidios y créditos blandos", explicó el dirigente.
La elaboración de vinos caseros es una tradición familiar que se transmite entre generaciones. Por eso las autoridades del INV buscan proteger y preservar esta economía regional de los grandes inversores ajenos a las zonas donde surgieron los vinos pateros. La idea del INV es mejorar la calidad del producto y elevar la rentabilidad de sus elaboradores. Encarnación Teresa Rodríguez de Colombo tiene 80 años y la tradición del cultivo de la vid esta en su familia desde la época de sus abuelos. Junto a sus hijos y nietos trabaja sus tierras en Colalao del Valle y en el Tolombon. "La producción varía todos los años, si se produce una helada intensa o cae granizo podemos perder toda la cosecha. El año anterior fue bueno y producimos 250.000 botellas de vino 3/4, además de vender la uva y el jugo de uva", precisó Colombo. La rentabilidad de una producción regional similar al de otras economías precisa de circuitos de venta para ubicar sus productos y ese es el talón de Aquiles de los vinos pateros. Este problema se pudo solventar con la formación de la cooperativa Trassoles, creada por un grupo de pequeños productores de Cafayate que comercializa con todos los elaboradores de los cerros calchaquíes. "Trabajar con la cooperativa nos permite asegurar la venta y obtener un mayor rendimiento. Además, intercambiamos técnicas para mejorar la calidad de nuestros vinos", explicó la productora. También resaltó que a pesar del avance que se logró por la relación comercial con la cooperativa, es necesaria la intervención del Gobierno. "Uno de los principales problemas de vivir en la montaña es el suministro de agua. Si contáramos con una mejor provisión podríamos usar mejores sistemas de riego. Este tipo de sembradío es delicado y requiere agua continuamente", concluyó Colombo.
El vino patero es uno de los productos más representativos de los valles calchaquíes, pero su crecimiento como economía regional esta dando sus primeros pasos.
Proyectos para aumentar la producción
Entre los 50 productores que trabajan en los valles calchaquíes tucumanos, completan un total estimado de 15 a 20 hectáreas de viñedos. Para 2011 tienen planificado elevar ese número de hectáreas. El año pasado sufrieron una mala producción pero este año esperan una buena cosecha. Por eso, en sus proyectos figura sembrar entre cinco y 10 hectáreas más de las que tienen actualmente. Otro de sus objetivos es mejorar la calidad de sus vinos por medio de prácticas tradicionales combinadas con nuevas técnicas. Los elaboradores de esta incipiente economía concuerdan en que la producción de vinos es un buen complemento para su trabajo agrícola pero que no se puede vivir sólo de este cultivo.
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