PERENNE. A casi 30 años de su partida, Fromm mantiene una enorme vigencia.
17 Enero 2010 Seguir en 

Psicoanalista, psicólogo social, filósofo y humanista alemán, este autor apasionado por la relación hombre-naturaleza, sociedad-crisis de valores y, sobre todo, por las aventuras y desventuras del conocimiento y la verdad, transita los derroteros vitales por donde circula la humanidad actual.
A casi 30 años de su partida, testigo central y protagonista privilegiado del siglo pasado, su obra se mantiene actual en el abordaje de la condición humana. Así, el primer pecado es concebido como un "acto de desobediencia", un primer gesto de libertad, el comienzo de la historia humana y según la cual la necesidad de crecer precisa no vivir en el paraíso.
La idea de destino como un futuro no elegido queda subordinado a la elección que construya, sostenga y mantenga valores sólo concebidos como reunión con el conocimiento. El consumismo, como modelo negativo, parece definir al hombre por su sumisión otorgada a la ignorancia y la pasividad. Una sociedad sin líderes creíbles patentiza aún más la carencia de hombres libres. Similar percepción es dable observar cuando, al referirse a la relación hombre-naturaleza, ya superadas sus eternas luchas, logrará que dentro del hombre la naturaleza deje de ser lisiada, y fuera de él, deje de ser estéril. Más que insistir, como suele hacerse, en que Fromm era un adelantado a su tiempo, no existen dudas de que sus aciertos conceptuales se revitalizan por la tendencia a la repetición que caracteriza la historia humana.
Escrito con estilo fluido, con esa cortesía de claridad, al decir de Ortega y Gasset, que el lector agradece, la lectura de este valioso texto se desliza, apasionante, por las temáticas universales. Entre otras consideraciones centrales, Fromm establece una ética universal aplicada a situaciones humanas específicas, alejando así el escepticismo que se despierta al analizar el inevitable conflicto entre sociedad e intereses personales.
© LA GACETA
A casi 30 años de su partida, testigo central y protagonista privilegiado del siglo pasado, su obra se mantiene actual en el abordaje de la condición humana. Así, el primer pecado es concebido como un "acto de desobediencia", un primer gesto de libertad, el comienzo de la historia humana y según la cual la necesidad de crecer precisa no vivir en el paraíso.
La idea de destino como un futuro no elegido queda subordinado a la elección que construya, sostenga y mantenga valores sólo concebidos como reunión con el conocimiento. El consumismo, como modelo negativo, parece definir al hombre por su sumisión otorgada a la ignorancia y la pasividad. Una sociedad sin líderes creíbles patentiza aún más la carencia de hombres libres. Similar percepción es dable observar cuando, al referirse a la relación hombre-naturaleza, ya superadas sus eternas luchas, logrará que dentro del hombre la naturaleza deje de ser lisiada, y fuera de él, deje de ser estéril. Más que insistir, como suele hacerse, en que Fromm era un adelantado a su tiempo, no existen dudas de que sus aciertos conceptuales se revitalizan por la tendencia a la repetición que caracteriza la historia humana.
Escrito con estilo fluido, con esa cortesía de claridad, al decir de Ortega y Gasset, que el lector agradece, la lectura de este valioso texto se desliza, apasionante, por las temáticas universales. Entre otras consideraciones centrales, Fromm establece una ética universal aplicada a situaciones humanas específicas, alejando así el escepticismo que se despierta al analizar el inevitable conflicto entre sociedad e intereses personales.
© LA GACETA







