Un cambio de cultura

Punto de vista. José Blunda - Psicólogo - Experto en gestión.

17 Enero 2010
Cambiar la cultura, de eso se trata. Pero con cambios radicales. Mientras que en el sector privado, el cliente está en el centro de la escena, en la actividad pública, los funcionarios y los empleados  deben poner al usuario como el principal foco de atención. Será el punto de partida para mejorar la calidad del servicio y contrarrestar esa impronta de burocracia, donde el expediente -en muchos casos- es más importante que el ciudadano que hace gestiones. 
Para el cambio es necesario un mayor nivel de flexibilidad en todos sus estamentos, lo mismo que sucede en una empresa que se aggiorna, producto de los avances tecnológicos. 
A su vez, los directores de área o de repartición deben tender a convertirse en una suerte de gerentes, con el fin de descubrir talentos, mejorar las competencias y la calidad de los servicios dentro de su entorno laboral. No importa la edad cronológica que tengan los empleados a su cargo, en la medida que esa propia gente tenga la capacidad de adecuarse a las mayores demandas de servicio.
Otro punto que puede contribuir al cambio en la mentalidad del estatal, es instrumentar herramientas de dirección, como las evaluaciones de desempeño y sistemas de beneficios que permitan detectar, reconocer y promover los buenos hábitos de trabajo. 
Algo que está demasiado ausente, no sólo en el sector público sino también en la actividad privada, es la vocación de servicio. Esto debe entenderse como la actitud de un trabajador frente a su puesto y a su responsabilidad. Esto no sólo implica una relación con una retribución económica, sino también el efecto que produce su trabajo en las personas que requieren de los servicios del Estado. Así esa personas puede darle un sentido de trascendencia al empleo en la función pública. 

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