"Es una decisión que no me gusta tomar", dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al justificar el despido de Martín Redrado de la presidencia del Banco Central. José Alperovich, gobernador de Tucumán, había ratificado horas antes su alineamiento incondicional con la Casa Rosada.

Sin nombrar a Redrado, había dicho que una persona no puede cambiar el rumbo de la economía. "Hay políticas", afirmó. Esas palabras indican dónde está parado el gobernador. Lejos de cualquier cortocicuitto con el Gobierno federal, de cuya buena voluntad depender la salud financiera de la provincia. La Presidenta, satisfecha.
Cristina no quiere que se interpongan escollos jurídicos ni políticos en el despliegue de sus planes, aunque la república cruja. El cuarto día hábil de 2010 mostró al Gobierno fortalecido, pero con interrogantes sobre el futuro del conflicto. En el campo de la política y en los tribunales federales se librará otro round de este combate por el control y uso de las reservas monetarias del Banco Central para pagar bonos de deuda. La agenda pública del verano ya tiene un título y un protagonista inesperado: Martín Redrado.








