Los problemas que se deben resolver

En el plano comercial, los azucareros deben evitar situaciones de alto riesgo que serían una carga para el sector. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA

23 Noviembre 2009
El proceso para que el sector azucarero se recupere de una historia plagada de decisiones no siempre acertadas e ingrese a una etapa definitiva de éxitos sostenidos no se presenta sencillo. Quedan muchos cabos sueltos que deben ser asegurados lo antes posible, para evitar que la bonanza tan esperada termine concentrándose sólo en los poderosos y en los avivados.
Los popes de la industria azucarera volvieron a machacar en los últimos días sobre la necesidad de que cada actor del sector azucarero cumpla con la parte que le toca en el suministro del mercado interno. El mensaje apunta a que se entienda que no es conveniente "sentarse" sobre el azúcar a esperar que suban rápidamente los precios, porque podrían generalizarse denuncias por desabastecimiento de un producto que es clave en la canasta alimentaria, lo que obligaría al Gobierno nacional a tomar medidas. Y, como se sabe, un cambio en las condiciones de mercado para el sector azucarero, propiciado, por ejemplo, por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, no traduciría en una simple multa para la actividad, sino cosas mucho peores. Sólo si impulsara la suba de las retenciones a las exportaciones de azúcar, que hasta ahora son supuestamente neutras a raíz de las compensaciones que recibe el sector, la actividad recibiría un golpe tremendo. Con una medida de este tipo -casi imposible revertir-, el Estado nacional se quedaría con buena parte de los ingresos azucareros.
Por el momento, las grandes industrias están ofertando lo suficiente como para que la sangre no llegue al río, aun cuando el salir a tapar los huecos que dejan los especuladores les significa tener que modificar su estrategia comercial (tienen que vender ahora a precios moderados el azúcar que planeaban colocar en el mercado interno el año que viene a valores más interesantes).
Por el lado de los cañeros, lo trascendente de la última semana fue el retorno al "ruedo" del Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu), que a mediados de año se había desligado de la mesa negociadora del sector. Ahora, con mesa directiva nueva, Cactu busca consensos para regresar primero a la mesa cañera, y luego a la mesa de seguimiento de las exportaciones de azúcar, en la cual las entidades industriales y de productores de caña definen las pautas del negocio del sector. Pero no todos los cañeros están de acuerdo con otorgarle un indulto a Cactu, al menos no sin una disculpa pública de esta institución por los supuestos daños colaterales que provocó con su alejamiento, en particular por el recurso de amparo que la entidad presentó para que los dueños de los ingenios se abstengan de exportar los azúcares de sus asociados cañeros. Por el lado de la industria, las máximas autoridades del Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART) preferirían hacer un rápido borrón y cuenta nueva, y permitir que Cactu se reincorpore rápidamente a la mesa de decisiones. Creen que hay situaciones más importantes que atender que ponerse a revisar hechos desafortunados que ya quedaron en el pasado.
También "pidió pista" la organización Cañeros Unidos del Este (CUE), que protagonizó el viernes una protesta frente a la plaza Independencia contra lo que sus dirigentes consideran un avasallamiento de la industria azucarera por sobre el sector productivo cañero. Estos quieren que el Gobierno tucumano sea una especie de árbitro en la actividad.
Y por último, están los trabajadores agrupados en Fotia, que se sienten estafados por los cañeros, que -según aquellos- exigen reivindicaciones a los industriales, pero pagan salarios de miseria.
Como se ve, no son situaciones tan complicadas las que deben resolverse en el seno del sector azucarero, pero requieren de voluntad política de las partes para superarlas.

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