18 Noviembre 2009 Seguir en 
Los egipcios, los griegos y los romanos fueron posiblemente los mentores de los baños públicos. En Atenas existían desde el siglo V a. de C. En varios de estos lugares había salas reservadas exclusivamente para mujeres, pero las frecuentaban las atenienses de clase modesta, las cortesanas y las esclavas pues las mujeres de clase alta se bañaban en sus casas. El baño público para los hombres era el momento ideal para encontrarse con amigos y charlar; era un lugar ideal para filosofar. Famosas son las Termas de Caracalla, un amplio complejo de baños de la Roma imperial, construidas entre 212 y 216 d.C, durante la administración del emperador Caracalla. Las extensas ruinas de estas termas son actualmente una atracción turística importante en la capital italiana. Se conservan aún grandes fragmentos de mosaicos, algunos de ellos correspondientes a la planta superior del edificio, que se desplomó.
En San Miguel de Tucumán no hay baños públicos, excepto en el parque 9 de Julio, en la terminal de ómnibus y en las estaciones de servicios. Tampoco existe norma alguna que prescriba la obligatoriedad de instalar sanitarios. Los comprovincianos que recorren diariamente las reparticiones del Estado y los bancos no tienen adónde acudir a hacer sus necesidades. Por ejemplo, el moderno edificio de Rentas donde se constituye con frecuencia una gran cantidad de ciudadanos carece de sanitarios. En este sentido, la excepción pareciera ser la Anses.
En las plazas, los árboles cumplen el rol de los mingitorios y otro tanto ocurre con las veredas, los papeleros o los locales abandonados del microcentro. Los bares y restaurantes sólo permiten a sus clientes el uso de los sanitarios y excepcionalmente permiten a las mujeres encintas que lo hagan. Los comerciantes que tienen sus bares cerca de las reparticiones públicas sostienen que reciben a diario el pedido de muchas personas para usar los baños y se quejan porque -según dicen- porque su mantenimiento implica un gasto significativo.
El subsecretario municipal de Servicios Públicos dijo que se está estudiando la posibilidad de instalar estos espacios. Se hará previamente un análisis para determinar cómo se efectuará el mantenimiento y estimó que el sector más favorable ubicar para los sanitarios sería la plaza Sur, ubicada en San Lorenzo y Congreso.
Por otro lado, los ediles están analiza un proyecto de ordenanza para exigir a las reparticiones que atienden al público en forma masiva que cuenten con baños acordes a la cantidad de personas que concurre al lugar. La medida incluye a las entidades bancarias donde se realizan pagos de tributos nacionales, provinciales o municipales.
La ausencia de este servicio en nuestra capital es observado en varios sitios turísticos en internet. En ciudades como Córdoba, sí hay sanitarios públicos -por ejemplo, en la misma plaza San Martín, que es la principal-, mientras que en otras urbes se han instalado baños químicos en sus peatonales. En Nueva York, Madrid o París hay sanitarios distribuidos en diferentes zonas y para acceder a ellos se debe abonar un costo mínimo que se destina al mantenimiento.
Por lo visto, los tucumanos no tenemos la costumbre de filosofar con lo hacían los griegos en lugares públicos y menos en los baños. Nos parece positivo que tanto funcionarios como concejales se estén ocupando del asunto. Es increíble que tanto las reparticiones del Estado como en instituciones privadas no piensen en la comodidad de los ciudadanos que son quienes, por lo general, las sostienen. En una provincia, donde hacer cola para pagar cualquier cosa es un mal hábito -también una falta de respeto cuando la espera se prolonga por mucho tiempo-, es inconcebible que no haya baños públicos.
En San Miguel de Tucumán no hay baños públicos, excepto en el parque 9 de Julio, en la terminal de ómnibus y en las estaciones de servicios. Tampoco existe norma alguna que prescriba la obligatoriedad de instalar sanitarios. Los comprovincianos que recorren diariamente las reparticiones del Estado y los bancos no tienen adónde acudir a hacer sus necesidades. Por ejemplo, el moderno edificio de Rentas donde se constituye con frecuencia una gran cantidad de ciudadanos carece de sanitarios. En este sentido, la excepción pareciera ser la Anses.
En las plazas, los árboles cumplen el rol de los mingitorios y otro tanto ocurre con las veredas, los papeleros o los locales abandonados del microcentro. Los bares y restaurantes sólo permiten a sus clientes el uso de los sanitarios y excepcionalmente permiten a las mujeres encintas que lo hagan. Los comerciantes que tienen sus bares cerca de las reparticiones públicas sostienen que reciben a diario el pedido de muchas personas para usar los baños y se quejan porque -según dicen- porque su mantenimiento implica un gasto significativo.
El subsecretario municipal de Servicios Públicos dijo que se está estudiando la posibilidad de instalar estos espacios. Se hará previamente un análisis para determinar cómo se efectuará el mantenimiento y estimó que el sector más favorable ubicar para los sanitarios sería la plaza Sur, ubicada en San Lorenzo y Congreso.
Por otro lado, los ediles están analiza un proyecto de ordenanza para exigir a las reparticiones que atienden al público en forma masiva que cuenten con baños acordes a la cantidad de personas que concurre al lugar. La medida incluye a las entidades bancarias donde se realizan pagos de tributos nacionales, provinciales o municipales.
La ausencia de este servicio en nuestra capital es observado en varios sitios turísticos en internet. En ciudades como Córdoba, sí hay sanitarios públicos -por ejemplo, en la misma plaza San Martín, que es la principal-, mientras que en otras urbes se han instalado baños químicos en sus peatonales. En Nueva York, Madrid o París hay sanitarios distribuidos en diferentes zonas y para acceder a ellos se debe abonar un costo mínimo que se destina al mantenimiento.
Por lo visto, los tucumanos no tenemos la costumbre de filosofar con lo hacían los griegos en lugares públicos y menos en los baños. Nos parece positivo que tanto funcionarios como concejales se estén ocupando del asunto. Es increíble que tanto las reparticiones del Estado como en instituciones privadas no piensen en la comodidad de los ciudadanos que son quienes, por lo general, las sostienen. En una provincia, donde hacer cola para pagar cualquier cosa es un mal hábito -también una falta de respeto cuando la espera se prolonga por mucho tiempo-, es inconcebible que no haya baños públicos.
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