Como niño con juguete viejo

Cada vez que los gobernantes notan el hartazgo de la sociedad, sacan al ruedo la necesidad de implementar una reforma política. Puras monerías. Por Fernando Stanich - Redacción LA GACETA.

30 Octubre 2009
Cuando un niño comete una travesura, lo primero que busca es redención. Por lo general, recurre a las monerías que le salen casi mecánicamente y con las que, sabe, arrancará la tan añorada sonrisa de sus padres. Salvando las distancias entre el daño que puede provocar una travesura infantil y el que genera otra, orquestada por un adulto, la reforma política que se acaba de anunciar integra el manual de monerías K. Claro está, con el perdón que todo pequeño se merece por esta campaña de desprestigio contra el mundo de los bajitos.
Parece un hecho sintomático. Cada vez que los gobernantes perciben cierto clima de hartazgo en la sociedad, recurren al libreto de la reforma política, de la transparencia electoral y del fortalecimiento de los partidos. Ocurrió después de la implosión nacional de 2001, con el propio Eduardo Duhalde como principal impulsor. Pero el fervor puritano duró tan poco como el enojo de un padre con su hijo. El propio Kirchner, antes de las elecciones legislativas de 2005, se encargó de que desapareciera todo vestigio: en lugar de internas para dirimir la composición de las listas, selección a dedo de los candidatos. Claro que, por esa época, el oficialismo aún no requería del perdón social. La gente, asqueada del bochorno menemista, aún disfrutaba de las mieles kirchneristas. Y la cuestión política, en momentos de buenaventura, lamentablemente no es un asunto que despierte el mismo entusiasmo que un juguete nuevo en un niño.

¿Y Tucumán?

Quizás por ser la más chica, Tucumán fue la primera en haber metido los dedos en el enchufe. Se electrocutó con los sublemas y, como en una función para niños, hasta payasos animaron la fiestita. Pero la sociedad terminó como todo pequeño cuando no hace caso y se quema: envuelta en un mar de lágrimas.
En busca de la redención, el alperovichismo y el ahora devaluado jurismo diseñaron el sistema de internas abiertas y simultáneas. Pero como todo el que se quema con leche, ve una vaca y llora, la gente le dio la espalda a ese menjunje. A los bandeños los invitaron a la celebración en 2005, pero faltaron sin previo aviso: el radicalismo tuvo que recurrir a una interpretación agraciada de la Junta Electoral para poder presentar un candidato a intendente, porque en la interna no había obtenido la adhesión del 10% del padrón. La mayoría de los partidos pequeños, directamente, no recibió la tarjeta de invitación: se sintió excluido.
En medio de ese jardín de infantes que fue la oposición durante la reforma de la Constitución, el alperovichismo pintó con crayones sobre la pared y garabateó el acople. Después, sí, ninguno faltó a la fiesta: más de 120 nuevos partidos y decenas de dirigentes acompañaron a José Alperovich al momento de soplar las velitas. En lugar de dirimir la interna oficialista dentro del Partido Justicialista, la sociedad debió contentarse con ver el rostro sonriente del agasajado con más de un convidado por vez. Y orientar el voto se transformó más complicado que armar una figura medianamente firme con esos tambaleantes bloques de ladrillos que se venden en las jugueterías.
Parafraseando a Joan Manuel Serrat, ellos están "jugando el juego que mejor juegan y que más les gusta". Es decir, están tratando de endulzar los sentidos con las monerías propias de un niño en falta. Por lo pronto, suena paradójico que el kirchnerismo pretenda establecer un sistema similar al que ya suspendió mediante decreto en 2005 y que derogó antes de 2007. Y que lo haga con la inocencia de un infante.
De la misma manera, cómo avizorar que ciertos avances electorales puedan aplicarse en Tucumán, cuando las últimas internas para dirimir candidaturas en serio datan desde antes del desembarco alperovichista en el PJ. O cuando el propio Alperovich es quien suele anunciar las listas del oficialismo antes de que el congreso partidario las convalide. O peor aún, cuando el sistema de acoples figura en la propia Constitución provincial.

Piezas para armar

Por eso ya hay algunos scouts de la Casa de Gobierno que advierten que una cosa será la legislación para establecer candidaturas de senadores y de diputados nacionales -los partidos de distrito deberán readecuar sus cartas orgánicas y, según las nuevos requisitos de afiliación, sólo quedarían en pie el PJ, la UCR y FR- y otra muy distinta, la que se reserve para las postulaciones de gobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados rurales. En definitiva, no es lo mismo ser invitado a una fiesta que, una vez dentro, pretender arrebatarle el protagonismo al dueño de la celebración. Ningún chico permite que otro, en su cuarto, le imponga con qué juguetes jugar.
Cuando un niño quiere comenzar a hablar, suelta las mismas palabras -y únicas que sabe- ante cualquier consigna. Es decir, responde con evasivas. Algo similar ocurre ahora con quienes están en el poder. Cuando a Kirchner le hablan del castigo que le inflingió la sociedad en las urnas, contesta con monosílabos que suenan tiernos pero que no son más que una puñado de sinsentidos. En Tucumán, Alperovich dice un día que se deben fortalecer el PJ y la UCR y, al otro, que la legislación electoral local está bien tal como está. Es decir, con cientos de partidos a los que cursa una invitación.
En realidad, lo que hacen son puras monerías. Lástima que no sean dos niños los que están jugando.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios