Si falla la obediencia truena el escarmiento
El alperovichismo no hace más que exacerbar los dos principios del peronismo: la lealtad y la verticalidad. Por Miguel Velárdez - Redacción LA GACETA.
27 Octubre 2009 Seguir en 
El manual -hasta ahora nunca escrito- del alperovichismo tiene una máxima que no se discute: "obediencia política". Los subordinados que, cotidianamente, cumplan esa condición tendrán contención, pero quienes intenten sacar los pies del plato pagarán las consecuencias.
Es el modo en que el alperovichismo ejerce el poder y así lo hace saber hacia los cuatro puntos cardinales. Una vez más, quedó demostrado en los últimos 10 días. Primero, con el mensaje que dio la senadora nacional electa, Beatriz Rojkés de Alperovich, el 17 de octubre, cuando intentó descalificar las protestas de los autoconvocados de la salud. Palabras más, palabras menos, la presidenta del PJ tucumano dijo que el error del Gobierno fue no haber nombrado en los hospitales a empleados con filiación peronista. "(Ellos) saben lo que es la lealtad", había dicho tajante ante el clamor popular en la sede partidaria.
Ese pensamiento implica un retroceso de siglos y sorprende que salga de boca de una mujer que en el Parlamento del Mercosur embandera la lucha contra la discriminación. ¿Acaso hay que formar guetos de acuerdo a las motivaciones políticas, religiosas, culturales, y raciales?... ni siquiera cabe la pregunta.
Las palabras que utilizó la actual diputada nacional en su discurso no sólo le dieron más impulso a las protestas, sino que también sumaron a otros sectores antialperovichistas al reclamo de la salud. La senadora electa debería comprender que una cosa es la lealtad político-partidaria y otra, muy distinta, es el servilismo.
Cada vez que habla en público, la esposa del gobernador dice lo que se piensa en las entrañas del poder. Suele ventilar lo que se pretende guardar entre las cuatro paredes. Por esa razón, en el entorno del gobernador, José Alperovich, algunos funcionarios preferirían que si la primera dama va a defender de ese modo al Gobierno sería mejor que callara. Ya había ocurrido tiempo atrás, cuando ella misma divulgó el famoso "vamos por todo".
¿Por qué no te callas?
Otra exhibición de cómo ejerce el poder el alperovichismo quedó en evidencia con lo ocurrido en la Municipalidad de la capital. El diputado Germán Alfaro acusó un pacto entre el oficialismo y el bussismo en perjuicio del intendente Domingo Amaya. También dijo que se hacen negocios con la política.
Pero la gota gorda fue que los alfaristas terminaran copando el Concejo Deliberante en el acto de asunción de la mesa de autoridades como si fuese una tribuna futbolera para medir fuerzas en público.
Tras el grito de "olé... olé olé... Germán... Germán" explotó la ira alperovichista y, de un plumazo, se desactivó la estructura política y territorial en la que se asentaba el amayismo con la mirada puesta en 2011. Asustado y presuroso, Amaya se distanció del diputado Alfaro para resguardar su futuro, pero el traspié fue tan grande que sólo puede conformarse con terminar la gestión y punto.
En adelante, el intendente de la capital sólo tendrá que cumplir la máxima del alperovichismo: obediencia y más obediencia. Para evitar sobresaltos ante el nuevo escenario amayista, el alperovichismo pondrá una cerca alrededor del intendente a fin de controlar que, en sus movimientos, no reciba influencias desde las sombras.
De todos modos, el gobernador no le soltará la mano a Amaya, porque una caída del jefe municipal precipitaría otros conflictos con repercusión directa en la Casa de Gobierno. Además, el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, un confeso aspirante al sillón de la intendencia, suele generar recelos en el círculo alperovichista.
Un canto de unidad
La actitud de los concejales oficialistas también demuestra la sumisión. El trío rebelde comandado por el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse y el titular del Ente de infraestructura Comunitaria, Rolando "Tano" Alfaro, escuchó la orden de no quebrar el bloque. Los ediles Esteban Dumit, Noemí Correa y Luis Marcuzzi salieron del asado con el gobernador con un solo canto de unidad. Tendrán que guardar sus críticas a la gestión municipal por un largo tiempo. Sin embargo, ayer no asistieron al acto de asunción del nuevo secretario de Gobierno municipal, Marcos Díaz. De seguir con esa actitud el trío y sus dos mentores se darán de narices contra el pavimento.
La docilidad de los concejales también se notó en la actitud de Christian Rodríguez, que ayer se bajó de su candidatura a presidente de la bancada. El nuevo titular del bloque será José "Pepe" Miranda, hermano del ex gobernador Julio Miranda.
El alperovichismo no hace más que exacerbar los dos principios fundamentales del peronismo: la lealtad y la verticalidad. El problema es que no siempre esos dos principios han podido aplicarse en forma simultánea porque, en momentos de crisis política, chocan entre sí. En la capital, hubo un intento por quebrar la verticalidad, el alperovichismo olfateó una deslealtad y, de inmediato, tronó el escarmiento en la Municipalidad.
Es el modo en que el alperovichismo ejerce el poder y así lo hace saber hacia los cuatro puntos cardinales. Una vez más, quedó demostrado en los últimos 10 días. Primero, con el mensaje que dio la senadora nacional electa, Beatriz Rojkés de Alperovich, el 17 de octubre, cuando intentó descalificar las protestas de los autoconvocados de la salud. Palabras más, palabras menos, la presidenta del PJ tucumano dijo que el error del Gobierno fue no haber nombrado en los hospitales a empleados con filiación peronista. "(Ellos) saben lo que es la lealtad", había dicho tajante ante el clamor popular en la sede partidaria.
Ese pensamiento implica un retroceso de siglos y sorprende que salga de boca de una mujer que en el Parlamento del Mercosur embandera la lucha contra la discriminación. ¿Acaso hay que formar guetos de acuerdo a las motivaciones políticas, religiosas, culturales, y raciales?... ni siquiera cabe la pregunta.
Las palabras que utilizó la actual diputada nacional en su discurso no sólo le dieron más impulso a las protestas, sino que también sumaron a otros sectores antialperovichistas al reclamo de la salud. La senadora electa debería comprender que una cosa es la lealtad político-partidaria y otra, muy distinta, es el servilismo.
Cada vez que habla en público, la esposa del gobernador dice lo que se piensa en las entrañas del poder. Suele ventilar lo que se pretende guardar entre las cuatro paredes. Por esa razón, en el entorno del gobernador, José Alperovich, algunos funcionarios preferirían que si la primera dama va a defender de ese modo al Gobierno sería mejor que callara. Ya había ocurrido tiempo atrás, cuando ella misma divulgó el famoso "vamos por todo".
¿Por qué no te callas?
Otra exhibición de cómo ejerce el poder el alperovichismo quedó en evidencia con lo ocurrido en la Municipalidad de la capital. El diputado Germán Alfaro acusó un pacto entre el oficialismo y el bussismo en perjuicio del intendente Domingo Amaya. También dijo que se hacen negocios con la política.
Pero la gota gorda fue que los alfaristas terminaran copando el Concejo Deliberante en el acto de asunción de la mesa de autoridades como si fuese una tribuna futbolera para medir fuerzas en público.
Tras el grito de "olé... olé olé... Germán... Germán" explotó la ira alperovichista y, de un plumazo, se desactivó la estructura política y territorial en la que se asentaba el amayismo con la mirada puesta en 2011. Asustado y presuroso, Amaya se distanció del diputado Alfaro para resguardar su futuro, pero el traspié fue tan grande que sólo puede conformarse con terminar la gestión y punto.
En adelante, el intendente de la capital sólo tendrá que cumplir la máxima del alperovichismo: obediencia y más obediencia. Para evitar sobresaltos ante el nuevo escenario amayista, el alperovichismo pondrá una cerca alrededor del intendente a fin de controlar que, en sus movimientos, no reciba influencias desde las sombras.
De todos modos, el gobernador no le soltará la mano a Amaya, porque una caída del jefe municipal precipitaría otros conflictos con repercusión directa en la Casa de Gobierno. Además, el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, un confeso aspirante al sillón de la intendencia, suele generar recelos en el círculo alperovichista.
Un canto de unidad
La actitud de los concejales oficialistas también demuestra la sumisión. El trío rebelde comandado por el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse y el titular del Ente de infraestructura Comunitaria, Rolando "Tano" Alfaro, escuchó la orden de no quebrar el bloque. Los ediles Esteban Dumit, Noemí Correa y Luis Marcuzzi salieron del asado con el gobernador con un solo canto de unidad. Tendrán que guardar sus críticas a la gestión municipal por un largo tiempo. Sin embargo, ayer no asistieron al acto de asunción del nuevo secretario de Gobierno municipal, Marcos Díaz. De seguir con esa actitud el trío y sus dos mentores se darán de narices contra el pavimento.
La docilidad de los concejales también se notó en la actitud de Christian Rodríguez, que ayer se bajó de su candidatura a presidente de la bancada. El nuevo titular del bloque será José "Pepe" Miranda, hermano del ex gobernador Julio Miranda.
El alperovichismo no hace más que exacerbar los dos principios fundamentales del peronismo: la lealtad y la verticalidad. El problema es que no siempre esos dos principios han podido aplicarse en forma simultánea porque, en momentos de crisis política, chocan entre sí. En la capital, hubo un intento por quebrar la verticalidad, el alperovichismo olfateó una deslealtad y, de inmediato, tronó el escarmiento en la Municipalidad.
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