27 Octubre 2009 Seguir en 
Desde hace unos lustros y como consecuencia de los vaivenes económicos y de la falta de trabajo, se incrementaron notablemente los comedores para indigentes y escolares. Proliferaron los planes sociales y al mismo tiempo, el clientelismo se incrementó. La realidad de Tucumán no es diferente a la de otras provincias. Unos 190.000 niños de los casi 300.000 alumnos -de entre 5 y 14 años- que van a la primaria comen en las escuelas, o reciben un complementario dietario sobre la base de leche.
De acuerdo con el amplio informe que publicamos en nuestra edición de ayer, unos 51.700 alumnos de 127 escuelas reciben desayuno o merienda, con una partida de $ 0.65 por niño y por día, más leche en polvo. Alrededor de un centenar de escuelas del Gran San Miguel con una población de 86.700 alumnos cuentan con un refuerzo de yogur, tres veces a la semana. Un poco más de 300 establecimientos (34.000 chicos) de jornada simple y alta vulnerabilidad reciben desayuno y almuerzo con $ 1,85 por día y por niño. A 97 escuelas de jornada completa (18.600 alumnos), se les brinda tres comidas diarias, a $ 2,50 por niño y por día, más leche. Unos 1.500 chicos de 15 escuelas albergue (de alta montaña) acceden a las cuatro comidas diarias, con $ 3,50, por niño, más leche fortificada. En total, el Plan Alimentario tiene una cobertura de 645 escuelas con más de 190.000 alumnos, de 5 a 14 años, a un costo $ 5 millones mensuales. El Gobierno provincial invierte el 50 % de los $ 5 millones mensuales que demanda la atención alimentaria. El resto es enviado por la Nación.
En el sur de la provincia, se estima que más del 20 % de los niños va a la escuela con el objetivo de comer más que de estudiar. Es el caso, por ejemplo, de un chico de 8 años que en lugar de asistir a la escuela de Iltico (Concepción), donde vive, camina diariamente tres kilómetros hasta la "Javier Frías" de El Molino porque esta tiene comedor y la otra no. "Mi papá es limonero y no todos los días se puede comer bien. A veces la pasamos a mate cocido no más. Aquí como bien. Las comidas son ricas. A mí me gusta el arroz con lentejas y las albóndigas", contó.
También se registran casos de chicos que renuncian a parte de su ración para que sus hermanos o su madre también puedan comer. Una docente de la escuela de El Molino dijo que varios alumnos van a la escuela sólo para comer porque provienen de familias muy pobres. "Aquí comen bastante bien. Les damos alimentos muy nutritivos. Algunos llegan con mucho hambre, porque caminan varios kilómetros para venir a clase", relató.
Un informe del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil, de Buenos Aires, indica que el país hay 2,5 millones de niños, de entre 2 y 19 años que sufren sobrepeso y obesidad. Respecto de los menús ofrecidos en los comedores escolares, se indica que en muchos casos son preparados con el criterio de maximizar la cobertura de beneficiarios y el contenido calórico, aunque con bajos niveles de adecuación en algunos nutrientes como calcio o vitamina A.
Más que un ámbito del saber, en los últimos tiempos la escuela, en muchos casos, se ha ido convirtiendo en un comedor y el docente ya no se concentra en educar sino que se convierte en ama de casa y se ocupa de hacer distribuir las comidas en el aula porque el establecimiento, por lo general, carece de infraestructura.
Los roles, por cierto, están cambiando. La pobreza y la desocupación vienen haciendo estragos en miles de familias que con un escuálido plan social, no pueden paliar su acuciante realidad. El Estado debe esforzarse por generar empleo porque se sabe que el trabajo decoroso hace a la dignidad de la persona y evaluar la interesante propuesta que acaba de formular la Iglesia.
De acuerdo con el amplio informe que publicamos en nuestra edición de ayer, unos 51.700 alumnos de 127 escuelas reciben desayuno o merienda, con una partida de $ 0.65 por niño y por día, más leche en polvo. Alrededor de un centenar de escuelas del Gran San Miguel con una población de 86.700 alumnos cuentan con un refuerzo de yogur, tres veces a la semana. Un poco más de 300 establecimientos (34.000 chicos) de jornada simple y alta vulnerabilidad reciben desayuno y almuerzo con $ 1,85 por día y por niño. A 97 escuelas de jornada completa (18.600 alumnos), se les brinda tres comidas diarias, a $ 2,50 por niño y por día, más leche. Unos 1.500 chicos de 15 escuelas albergue (de alta montaña) acceden a las cuatro comidas diarias, con $ 3,50, por niño, más leche fortificada. En total, el Plan Alimentario tiene una cobertura de 645 escuelas con más de 190.000 alumnos, de 5 a 14 años, a un costo $ 5 millones mensuales. El Gobierno provincial invierte el 50 % de los $ 5 millones mensuales que demanda la atención alimentaria. El resto es enviado por la Nación.
En el sur de la provincia, se estima que más del 20 % de los niños va a la escuela con el objetivo de comer más que de estudiar. Es el caso, por ejemplo, de un chico de 8 años que en lugar de asistir a la escuela de Iltico (Concepción), donde vive, camina diariamente tres kilómetros hasta la "Javier Frías" de El Molino porque esta tiene comedor y la otra no. "Mi papá es limonero y no todos los días se puede comer bien. A veces la pasamos a mate cocido no más. Aquí como bien. Las comidas son ricas. A mí me gusta el arroz con lentejas y las albóndigas", contó.
También se registran casos de chicos que renuncian a parte de su ración para que sus hermanos o su madre también puedan comer. Una docente de la escuela de El Molino dijo que varios alumnos van a la escuela sólo para comer porque provienen de familias muy pobres. "Aquí comen bastante bien. Les damos alimentos muy nutritivos. Algunos llegan con mucho hambre, porque caminan varios kilómetros para venir a clase", relató.
Un informe del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil, de Buenos Aires, indica que el país hay 2,5 millones de niños, de entre 2 y 19 años que sufren sobrepeso y obesidad. Respecto de los menús ofrecidos en los comedores escolares, se indica que en muchos casos son preparados con el criterio de maximizar la cobertura de beneficiarios y el contenido calórico, aunque con bajos niveles de adecuación en algunos nutrientes como calcio o vitamina A.
Más que un ámbito del saber, en los últimos tiempos la escuela, en muchos casos, se ha ido convirtiendo en un comedor y el docente ya no se concentra en educar sino que se convierte en ama de casa y se ocupa de hacer distribuir las comidas en el aula porque el establecimiento, por lo general, carece de infraestructura.
Los roles, por cierto, están cambiando. La pobreza y la desocupación vienen haciendo estragos en miles de familias que con un escuálido plan social, no pueden paliar su acuciante realidad. El Estado debe esforzarse por generar empleo porque se sabe que el trabajo decoroso hace a la dignidad de la persona y evaluar la interesante propuesta que acaba de formular la Iglesia.
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