Motor de la cultura de Tucumán

26 Octubre 2009
Posiblemente uno de los mejores regalos que le hicieron sus demócratas a Tucumán hace dos décadas y media fue una institución que iba a convertirse en un motor insustituible de la cultura provincial. El Centro Cultural de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) celebra hoy sus bodas de plata.
El viernes 26 de octubre de 1984, el entonces rector normalizador de la UNT, Eugenio Flavio Virla, inauguró el nuevo organismo de la casa de altos estudios en 25 de Mayo 265, donde habían funcionado los diarios El Orden y El Trópico, así como la imprenta universitaria. El edificio había sido remodelado por el arquitecto Jorge de Lassaletta, también responsable de la dirección técnica de la obra. En su discurso, el tres veces rector destacó que se trataba de un lugar para la difusión de la creación artística, las ciencias y la técnica. En su discurso, Virla se refirió a los objetivos humanísticos que deben definir los esfuerzos culturales de los pueblos y luego valoró la función asignada en el contexto regional a la nueva entidad de la Universidad.
La primera directora del Centro Cultural que luego de la muerte del rector fue bautizado con el nombre de Virla, contó que tras los oscuros años de la dictadura, se pensó en que la Universidad debía proyectarse hacia los artistas y la comunidad. Se implementó el mes de cada Facultad. Por ejemplo, Medicina disponía de las galerías para lo académico, pero también para otras inquietudes. Además, la exposición de un pintor o de cualquier otro artista debía estar autorizada por el consejo asesor, o sea que no dependía de las autoridades del Centro. Señaló que otro logro de su gestión fue la creación de Educación para Adultos Mayores.
Otra de sus directoras que estuvo al frente de la institución entre 1991 y 2007, indicó que el objetivo de las políticas culturales no era ganar dinero, sino apoyar a los artistas que poseen una sensibilidad especial. "A pesar de ser experimentados, plásticos, actores y músicos se ponían nerviosos antes de ofrecer su arte. Y ahí era cuando estábamos nosotros con la mejor predisposición y la palabra de aliento", manifestó.
La actual directora indicó que el programa institucional tiene cuatro áreas: la de formación, donde hay crítica y reflexión; la de expresión (teatro, música, danza, cine, fotografía). La tercera comprende proyectos que tienen que ver con el diseño y están orientadas a niños y jóvenes, y la cuarta área se refiere al equipamiento del edificio, e incluye la instalación de aire acondicionado central, iluminación, sonido y pintura, entre otras.
A lo largo de 25 años sería interminable nombrar a los artistas de todas las disciplinas que pasaron por el Virla; muchos de ellos iniciaron su camino profesional en ese ámbito; hubo decenas de congresos y jornadas intelectuales y científicas y se incrementaron las actividades de extensión universitaria que le dan un sustento espiritual a toda labor cultural. No se trata sólo de presentar espectáculos, sino de formar a los ciudadanos en la cultura. Una doctora en Filosofía, consultada en nuestro suplemento de Actualidad, emitió una apreciación con la que seguramente coincidirán muchos tucumanos. "El Virla se constituyó, desde su origen, en el espacio donde esa palabra reveladora de nosotros mismos tuvo su epifanía. Fue el soporte material de nuestra identidad. Allí los tucumanos concretamos, desde hace 25 años, el relato de nuestra propia cultura en el intento de encontrar -con un lenguaje único, creativo, de artista, pensador, científico o religioso- nuestras propias marcas de identidad. Desde su creación abrió sus puertas para permitirnos ser nosotros mismos".
Instituciones como el Centro Cultural, hijas de la democracia y de hacedores como Eugenio Flavio Virla, nos enorgullecen a los tucumanos.

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