El Gobierno sólo se preocupa en embarrar la cancha

La lista de hechos preocupantes se hace cada vez más grande. La única buena noticia fue la reapertura del canje, que le asegurará cierta tranquilidad económica al país. Por Hugo E. Grimaldi - Columnista de DyN.

25 Octubre 2009
BUENOS AIRES.- La sensación de cancha embarrada fatiga a la sociedad. El episodio del avión de Aerolíneas Argentinas a Montevideo, las plantas de marihuana del hijo de Emilio Pérsico que viajaban en una camioneta oficial, el pedido al FMI para que no le diga a nadie qué cosas contienen las cuentas argentinas, el uso que se hace de Canal 7 para atacar al periodismo, el retiro de la distribución de una edición del diario "Crónica" porque señalaba que Néstor Kirchner y Diego Maradona habían estado jugando al fútbol, la aparición de un presunto espía de la Policía Federal dentro del gobierno porteño, los prejuicios que ya hay sobre el sentido de la Reforma Política, la metodología de acción violenta de grupos que reciben financiamiento del Gobierno, en fin, las miserias del día a día que salen a la luz casi con el desparpajo que a algunos parece darle la impunidad, están superando ampliamente a las miserias de la condición humana en la que viven sumergidos millones de argentinos.
La casi única buena noticia de los últimos días fue el pedido que se hará al Congreso para levantar de modo transitorio la "ley cerrojo" y reabrir así el canje de deuda en condiciones menos favorables para los inversores que el anterior y con dinero fresco para el Fisco.
Se sabe que la obsesión del habitante de Olivos es muy clara: cómo construir poder político y económico, aunque en este caso tuvo que optar entre sumar aliados en el Congreso con un proyecto que podía seducir a muchos opositores o conseguir dinero fresco para financiar su propia carrera electoral, rumbo a 2011. Ahora, cuando las cuentas fiscales demuestran flacura y los fondos adicionales del Estado, agotamiento, el pragmatismo de Kirchner le ganó a la ideología.
Sin embargo, en tiempos en que el país busca recrear la confianza, uno de los puntos del listado de las graves situaciones que tuvieron lugar en la semana se entronca de modo muy controvertido con ese anuncio ministerial, ya que el pedido de silencio que se le ha planteado al Fondo Monetario Internacional, como condición obligatoria para que vuelva a la Argentina a auditar las cuentas, resulta patético. Y lo peor es que las autoridades del organismo parecen estar de acuerdo, con una exigencia que atenta contra las instituciones y sobre todo contra la competitividad. Eso se llama, lisa y llanamente, censura.
¿De qué valdrán las verificaciones que hará el Fondo de acuerdo a lo que prescriben sus Estatutos (algo que ha pedido el G-20 del que la Argentina es miembro, para que todos los países sepan de qué se trata) si las mismas no podrán ser publicadas? ¿Qué significado tendrá para un inversor lo que puedan sugerir los técnicos del organismo, si éste se convierte en cómplice de un sistema que impide transparentar lo que debe ser transparentado?
Para un gobierno que quiere imponer un relato único de las cosas y que ha importado desde Santa Cruz la idea de que todos los medios son comprables es lógico que se crispe cuando las opiniones son diversas y no regimentadas. Y si no se puede acallar al mensajero, ahora se ha optado por pactar con quien hasta hace pocas semanas era el mismísimo diablo. Hasta la propia Presidenta ha dicho una expresión poco feliz cuando describió la caída del "mito de la libertad de prensa independiente", como si la dependencia pudiera ser sustento de la libertad. En tanto, para no quedarse atrás, algunos funcionarios se han ocupado en la semana de explicarle a los cronistas cómo deben preguntar. Este fue el caso del gerente general de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde cuando, al mejor estilo del desvío del foco central al que es tan afecto el Gobierno, le sugirió a dos periodistas de Radio El Mundo que lo interrogaban sobre la lista de pasajeros que fueron en el avión que fletó la compañía estatal para ver a la Selección al Uruguay: "¿Por qué no le preguntan a Ernestina Herrera de Noble de quién son sus hijos?".
Inmediatamente, los periodistas le señalaron a Recalde qué tenía que ver esa cuestión con el revuelo que había generado el vuelo y el funcionario señaló que sí, que tenía que ver: "¿Acaso no trabajan en el medio de ella?", preguntó inquisitivamente como si fuese un pecado para los profesionales de la prensa trabajar en el Grupo Clarín.
En la semana, Elisa Carrió había desestimado con fuertes declaraciones, que respondió del mismo modo Estela de Carlotto, la posibilidad de que el Congreso avance en una Ley por la cual se obligue de modo compulsivo a efectuar exámenes de ADN a todos aquellos de los que se pudiera sospechar que son hijos de desaparecidos, ya que atenta contra las libertades individuales. Precisamente, Recalde fue a ese punto, corroborando la sospecha de Carrió de que la Ley apuntaba desde otro ángulo a Clarín: "A mí me señalan por ser hijo de Héctor Recalde. Yo me puedo hacer un ADN para confirmar que soy hijo de él, quisiera que los hijos de la señora de Noble hicieran lo mismo", insistió.
Para seguir con la caza de brujas necesaria para seguir desviando el centro de la cuestión, justamente fue Cabandié quien dijo en otra radio que el autor de la infidencia que le dio la pista al periodismo sobre el viaje al Uruguay fue Alberto Fernández, lo que el ex Jefe de Gabinete negó porque, según dijo, estaba en el exterior. Sin embargo, después se supo que los medios que publicaron en sus tapas la historia se habían percatado de un pedido de informes que efectuó en la Cámara de Diputados, el legislador del partido Demócrata, el  mendocino Omar de Marchi.
Lo cierto es que, pese a que la situación del avión semivacío involucra dinero de los contribuyentes, que bien podría usarse en otros menesteres prioritarios, además Aerolíneas es una empresa que va a seguir perdiendo plata hasta 2013. No parecía que el escándalo pudiera crecer tanto, pero la impericia Recalde lo potenció de tal forma que, según una fuente gubernamental que cotejó DyN, el propio ministro Julio De Vido pidió su remoción.
En cuanto al periodismo, que ha reflejado como ametralladora cada uno de los casos señalados al inicio, hay que decir que suele vivir por definición en la burbuja de la inmediatez, lo que le oscurece a veces los procesos, y en general prefiere denunciar a quienes, surgidos del voto popular, deben encargarse de cuidar a la sociedad, si desatienden esa función en otros menesteres non sanctos.
Para el Gobierno, si la prensa habla de la degradación de la política y del deterioro de las instituciones y muestra cómo hoy a la dirigencia parece que no le resulta prioritario encontrar soluciones para el problema de fondo, hay gato encerrado. Pero mucho más duro sería si lo que sucede alrededor de la proliferación del hambre y la ignorancia se expusiera con mayor enjundia, tal como se vio en la semana en el programa de televisión "Perros de la calle", en relación a cómo la condición humana se degrada al extremo cuando la miseria eyecta a los más vulnerables hacia la droga y la violencia.
En este aspecto, ha sido la Iglesia quien más se ha propuesto ser el guardián de las necesidades de los más vulnerables, tratando de pedir serenidad a los dirigentes, algo que por estas horas no es de fácil cosecha. En sus críticas ponen como ejemplo al Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, a quien apuntan no tanto por su verborragia, sino por su modo de caldear el ambiente. El ministro acaba de negar que en el país exista un clima "enrarecido", lo que había sido afirmado en todo caso por otros dirigentes kirchneristas, quienes suelen hablar livianamente de "golpes destituyentes".     Por eso, ya han puesto a circular un proyecto de Ingreso Básico para la Igualdad y la Equidad de la Niñez (BIEN) que tiene muchos puntos en común con otros que han presentado el ARI, la UCR y fracciones de centroizquierda y que consiste en otorgar de modo universal, una asignación familiar por hijo a todos los niños, adolescentes y embarazadas en situación de vulnerabilidad social, independientemente de la condición, social o laboral de sus padres, del orden de $ 180 mensuales. La cifra total, que representa 5,6% del Presupuesto 2010 y algo más de un punto del PIB, supone un gasto anual cercano a los $ 13.000 millones y los propulsores estiman que podría ser cubierta con reasignación de partidas del presupuesto social o con la baja de algunos subsidios, más lo que ese gasto, que iría directamente al consumo, podría generar en impuestos.
No es algo menor el financiamiento, pero números más, números menos, lo más importante es tener en claro que la Iglesia -que no abandona la idea de que el Gobierno lo haga suyo- le está pidiendo a todos los sectores de la política que se avance legislativamente en un tema caliente, por todas las implicancias que tiene no sólo en cuestiones de hoy, sino hacia la inclusión futura.

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