Amontonados

El hacinamiento en comisarías se reitera. Muestra falta de soluciones de fondo en ciertas áreas de la seguridad. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 20 Octubre 2009
Cuando José Alperovich hizo cambiar el Código Procesal Penal para sacar de circulación a "500 delincuentes que no dejan en paz a los tucumanos", se escucharon pocas voces críticas. Es que el objetivo parecía tranquilizador en una sociedad en la que inquieta la inseguridad. Una de las voces críticas fue la del entonces presidente de la Corte Suprema, Antonio Gandur, quien, al referirse al objetivo de la reforma -ampliar la prisión preventiva para los detenidos in fraganti- iba a causar un colapso. Cabe preguntarse, ahora, si ese colapso está llegando, ante la denuncia de que la cárcel y las comisarías están repletas de detenidos.

De tanto en tanto

En principio, se trata de dos problemas en uno. El primero es endémico: la situación espantosa de hacinamiento y abandono de las comisarías tucumanas, que estalla cada tanto desde 2004, cuando funcionarios judiciales reclamaron al Gobierno porque en las celdas los presos estaban amontonados y, lo que era peor, que se mezclaba a procesados -que debían estar en la cárcel- con muchachos aprehendidos por desorden que no habían tenido plata para pagar una multa. Así como ahora se menciona que hay 320 detenidos en las seccionales policiales, hace un año y medio se informaba que no había lugar para albergar a 375 reclusos, que se encontraban allí porque en la cárcel no había lugar.
No es, entonces, que el sistema esté por colapsar. Ya está colapsado desde hace tiempo; sólo que sale a la luz cuando ocurren situaciones como la del domingo en la Dirección de Investigaciones, cuando algunos de los 29 detenidos  quemaron colchones en protesta por el hacinamiento. ¿Qué hizo el Estado? Los trasladó a otros lugares de detención -comisarías-, sin preocuparse demasiado.
Después de todo -habrán pensado los responsables- en julio del año pasado, cuando hubo otro escándalo por el hacinamiento, en Investigaciones había 28 detenidos, uno menos que ahora, y nadie dijo nada. Es que en 2008 el problema había saltado en Lules, de cuya vetusta comisaría se habían escapado dos delincuentes. Cuando se aplacó la polvareda de esa fuga, las comisarías siguieron atestadas, a pesar de los reclamos de la Justicia, que hace mucho tiempo ha ordenado que los procesados deben ser enviados a la cárcel. Pero como Villa Urquiza está colapsada, la verdad es que las comisarías, las brigadas y hasta Bomberos están con presos. Si no hay fugas como la de Lules en julio de 2008 o de la seccional 5a en diciembre pasado, debe ser por milagro, porque las condiciones edilicias, en general, son lamentables en esas sedes policiales, a excepción de la flamante comisaría de San Cayetano y, en pocos días más, de la seccional 13a, cuyo local nuevo está a punto de ser habilitado.

Pescados in fraganti
El otro problema es la tendencia a buscar detenciones in franganti, a partir de la reforma del Código Procesal Penal. Aunque la Justicia acaba de decir que es inconstitucional aplicar 30 días de detención a personas detenidas por delitos menores como arrebato, el accionar de los policías está dirigido a esto. Esa instrucción tienen los hombres de la Patrulla Motorizada, y el 80% de los arrestos son en flagrancia, según explicó el jefe de Policía. A tal punto, que al parecer están resignando la aprehensión de contraventores a cambio de dedicarse a la detención de supuestos delincuentes.
Capturan a ocho personas por día (la Justicia debe determinar luego si el operativo de detención fue correcto), pero en la cárcel apenas pueden recibir a 10 procesados cada 15 días. ¿A dónde van los detenidos? Y... seguramente tendrán que contribuir al colapso de las comisarías. No hay dónde más alojarlos.
Suele ser difícil encuadrar la discusión sobre este asunto. La sociedad no ve con malos ojos que se detenga a supuestos delincuentes y poco le importa lo que pase en las comisarías. Además, la Policía está convencida de que está cumpliendo bien su tarea. Pero algo debería decirnos el hecho de que cada cierto tiempo haya fugas o que se denuncie que en las celdas se mezcla a jóvenes o a contraventores con delincuentes, o que la Justicia rechace muchas de las detenciones que los agentes realizan con febril diligencia.
La espera hasta que haya fondos para remodelar más comisarías o para tener más lugar en la cárcel será larga. Hasta entonces habrá que hacer algo. Gandur sugirió hace dos años una fórmula: "es esencial la prevención, una buena labor policial y una buena vigilancia", dijo. Pero parece que, para la Policía, eso sólo se logra deteniendo gente a rolete.

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