20 Octubre 2009 Seguir en 
Toda empresa puede ser considerada como una comunidad de aprendizaje, en la que cabe el consenso y el disenso. La organización solo existe mientras se encuentren personas en interrelación y con capacidad de comunicarse entre sí y actuar conjuntamente para alcanzar un objetivo compartido. A partir de ese concepto, Lisandro Gioda, gerente de Personal de Grupo Consultores de Empresas, señala algunos aspectos esenciales para afianzar las relaciones internas en la compañía:
Establecer una patrón de trabajo colaborativo.
Reconstruir las barreras implícitas y explícitas que se puedan presentar.
Identificarse, y aceptarse, como un sistema abierto, complejo y retroalimentado.
Encarar un trabajo abarcativo que contemple las necesidades individuales y colectivas.
Pero, en todo equipo hace falta un capitán que se ocupe de encauzar a los players. Por eso, se deberá entender a ese líder tal como lo propone el experto argentino Eugenio Gimeno Balaguer: "un hombre nuevo, capaz de discernir, no repetir, que tenga una visión sistémica, no puntual, que propicie las relaciones interpersonales, no el individualismo, que pueda compartir sin egoísmos, que pueda liderar el cambio, formando a su vez nuevos líderes que aseguren su continuidad y que puedan transformar esos cambios en valores compartidos que mejoren las estructuras sociales y culturales existentes".
¿Y los miembros del equipo organizacional qué? Gioda asegura que cada uno es más que uno. "Al administrar el factor humano, se deben incorporar nuevas herramientas. Una de ellas, es el concepto de resiliencia. Aquí, entendemos se encuentra la clave del aporte que cada persona puede, y debe, hacer a su organización en tiempos de crisis como la actual", puntualiza.
La resiliencia fue un concepto usado en su origen para demostrar la resistencia de un material al choque. Sin embargo, en las últimas décadas se ha comenzado a aplicar a personas y organizaciones que visualizan situaciones críticas. Algunos expertos explican que la resiliencia puede definirse como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a estrés grave o simplemente inherentes al mundo de hoy. "Dentro de este paraguas argumental, la aplicación de procesos de resiliencia individual por parte de los miembros de las organizaciones favorecerá al conjunto en sí mismo", dice Gioda. Algunos de los beneficios que aportan son:
Enseña habilidades para la vida en relación: promueve un desarrollo profesional personal e integra a los demás en él.
Establece límites claros: en cuanto a políticas y reglas que coadyuvan al cumplimiento de los objetivos institucionales.
Favorece vínculos prosociales: genera trabajo cooperativo, a pesar de las diferencias que pudiesen existir.
Establecer una patrón de trabajo colaborativo.
Reconstruir las barreras implícitas y explícitas que se puedan presentar.
Identificarse, y aceptarse, como un sistema abierto, complejo y retroalimentado.
Encarar un trabajo abarcativo que contemple las necesidades individuales y colectivas.
Pero, en todo equipo hace falta un capitán que se ocupe de encauzar a los players. Por eso, se deberá entender a ese líder tal como lo propone el experto argentino Eugenio Gimeno Balaguer: "un hombre nuevo, capaz de discernir, no repetir, que tenga una visión sistémica, no puntual, que propicie las relaciones interpersonales, no el individualismo, que pueda compartir sin egoísmos, que pueda liderar el cambio, formando a su vez nuevos líderes que aseguren su continuidad y que puedan transformar esos cambios en valores compartidos que mejoren las estructuras sociales y culturales existentes".
¿Y los miembros del equipo organizacional qué? Gioda asegura que cada uno es más que uno. "Al administrar el factor humano, se deben incorporar nuevas herramientas. Una de ellas, es el concepto de resiliencia. Aquí, entendemos se encuentra la clave del aporte que cada persona puede, y debe, hacer a su organización en tiempos de crisis como la actual", puntualiza.
La resiliencia fue un concepto usado en su origen para demostrar la resistencia de un material al choque. Sin embargo, en las últimas décadas se ha comenzado a aplicar a personas y organizaciones que visualizan situaciones críticas. Algunos expertos explican que la resiliencia puede definirse como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a estrés grave o simplemente inherentes al mundo de hoy. "Dentro de este paraguas argumental, la aplicación de procesos de resiliencia individual por parte de los miembros de las organizaciones favorecerá al conjunto en sí mismo", dice Gioda. Algunos de los beneficios que aportan son:
Enseña habilidades para la vida en relación: promueve un desarrollo profesional personal e integra a los demás en él.
Establece límites claros: en cuanto a políticas y reglas que coadyuvan al cumplimiento de los objetivos institucionales.
Favorece vínculos prosociales: genera trabajo cooperativo, a pesar de las diferencias que pudiesen existir.







