20 Octubre 2009 Seguir en 
Hace una semana, comenzó a arder una de las laderas del cerro San Javier. El siniestro se inició en la zona conocida como El Rulo, a la altura del kilómetro 17 de la ruta 338. Luego, las llamas se acercaron peligrosamente al Parque Biológico de la Universidad Nacional de Tucumán. Mientras tanto, se registraban incendios en la zona de Potrero de las Tablas, en Lules, y en La Picada, en Tafí Viejo.
En nuestra edición del 15 de octubre, informamos que el jefe de los Bomberos de la Policía había señalado que eran varios incendios en un radio de aproximadamente 10 hectáreas debido al viento, cuyas ráfagas levantaban cenizas y elementos encendidos, los llevaban a otros puntos del cerro, generando un nuevo foco. El trabajo de los bomberos se había complicado por lo escarpado del terreno. Como los camiones no podían llegar hasta los focos del incendio, el personal debió cargar mochilas con agua y subir por los senderos.
La escasa lluvia caída el jueves pasado pareció apagar el incendio y los focos que aún quedaban activos, pudieron ser controlados. Hasta ese momento, se estimaba que se habían quemado unas 11 hectáreas. Sin embargo, el viernes el fuego se reinició y se ubicó a sólo cuatro kilómetros de algunas viviendas prefabricadas, ocupadas por familias empleados de la escuela de Agricultura de la UNT. Los pobladores confiaban en que río Frontino iba a impedir el paso de las llamas. Pese a que no tiene agua, su extenso cauce está lleno de piedras, que impiden el crecimiento de la vegetación. De manera que no hay materia inflamable.
Llegar a los focos del incendio fue una gran complicación para los bomberos voluntarios de Yerba Buena y de Lules. Acompañados por guardaparques y baqueanos, tuvieron que caminar alrededor de cuatro kilómetros por senderos de montaña para alcanzar las llamas e intentar controlarlas. Luego de casi cinco días de un incendio que se tornaba cada vez más incontrolable, llegó de Jujuy un avión hidrante, provisto por el Gobierno nacional mediante el Plan Nacional de Manejo del Fuego.
El aparato realizó 25 vuelos y arrojó un total de 50.000 litros sobre los puntos de incendio. De ese modo, bomberos voluntarios de Lules, de Tafí Viejo y de Yerba Buena, pudieron controlar los focos en el paraje El Tapial; otro entre la Gruta de la Virgen y el santuario del Gauchito Gil, y el tercero al norte, dentro de la reserva Parque Sierra San Javier. Ayer, el titular de la Dirección de Defensa Civil provincial dijo que los tres focos habían sido extinguidos.
Un biólogo de la Fundación Lillo indicó que a la vegetación le llevará dos o tres años como mínimo regenerarse. Explicó que el fuego más alto afecta el brote que está naciendo e impide que la planta siga creciendo. Añadió que en el período de lluvias podrían generarse inundaciones porque al no haber vegetación que retenga el agua, esta bajará a gran velocidad buscando los sectores más bajos. En esa carrera puede arrastrar barro y piedras y provocar algún desastre.
A juzgar por las acciones, da la impresión de que el siniestro fue de algún modo subestimado por las autoridades. Ante las dificultades topográficas para combatir el fuego, el avión hidrante debería haber llegado a la provincia al segundo o tercer día de la quemazón. Hasta el sábado inclusive, los bomberos, policías y guardaparques estuvieron trabajando a pulmón, abriéndose camino a machetazos entre la vegetación. El daño provocado hasta ahora por las llamas es más que preocupante. Es de esperar que el siniestro se extinga y una vez superada esta contingencia, se proyecte para el futuro un plan de prevención para incendios en montaña y una campaña de concientización en la población para evitar catástrofes.
En nuestra edición del 15 de octubre, informamos que el jefe de los Bomberos de la Policía había señalado que eran varios incendios en un radio de aproximadamente 10 hectáreas debido al viento, cuyas ráfagas levantaban cenizas y elementos encendidos, los llevaban a otros puntos del cerro, generando un nuevo foco. El trabajo de los bomberos se había complicado por lo escarpado del terreno. Como los camiones no podían llegar hasta los focos del incendio, el personal debió cargar mochilas con agua y subir por los senderos.
La escasa lluvia caída el jueves pasado pareció apagar el incendio y los focos que aún quedaban activos, pudieron ser controlados. Hasta ese momento, se estimaba que se habían quemado unas 11 hectáreas. Sin embargo, el viernes el fuego se reinició y se ubicó a sólo cuatro kilómetros de algunas viviendas prefabricadas, ocupadas por familias empleados de la escuela de Agricultura de la UNT. Los pobladores confiaban en que río Frontino iba a impedir el paso de las llamas. Pese a que no tiene agua, su extenso cauce está lleno de piedras, que impiden el crecimiento de la vegetación. De manera que no hay materia inflamable.
Llegar a los focos del incendio fue una gran complicación para los bomberos voluntarios de Yerba Buena y de Lules. Acompañados por guardaparques y baqueanos, tuvieron que caminar alrededor de cuatro kilómetros por senderos de montaña para alcanzar las llamas e intentar controlarlas. Luego de casi cinco días de un incendio que se tornaba cada vez más incontrolable, llegó de Jujuy un avión hidrante, provisto por el Gobierno nacional mediante el Plan Nacional de Manejo del Fuego.
El aparato realizó 25 vuelos y arrojó un total de 50.000 litros sobre los puntos de incendio. De ese modo, bomberos voluntarios de Lules, de Tafí Viejo y de Yerba Buena, pudieron controlar los focos en el paraje El Tapial; otro entre la Gruta de la Virgen y el santuario del Gauchito Gil, y el tercero al norte, dentro de la reserva Parque Sierra San Javier. Ayer, el titular de la Dirección de Defensa Civil provincial dijo que los tres focos habían sido extinguidos.
Un biólogo de la Fundación Lillo indicó que a la vegetación le llevará dos o tres años como mínimo regenerarse. Explicó que el fuego más alto afecta el brote que está naciendo e impide que la planta siga creciendo. Añadió que en el período de lluvias podrían generarse inundaciones porque al no haber vegetación que retenga el agua, esta bajará a gran velocidad buscando los sectores más bajos. En esa carrera puede arrastrar barro y piedras y provocar algún desastre.
A juzgar por las acciones, da la impresión de que el siniestro fue de algún modo subestimado por las autoridades. Ante las dificultades topográficas para combatir el fuego, el avión hidrante debería haber llegado a la provincia al segundo o tercer día de la quemazón. Hasta el sábado inclusive, los bomberos, policías y guardaparques estuvieron trabajando a pulmón, abriéndose camino a machetazos entre la vegetación. El daño provocado hasta ahora por las llamas es más que preocupante. Es de esperar que el siniestro se extinga y una vez superada esta contingencia, se proyecte para el futuro un plan de prevención para incendios en montaña y una campaña de concientización en la población para evitar catástrofes.
Lo más popular
Ranking notas premium







