El drama de la intermediación

En una zafra difícil para los cañeros se generó el caldo de cultivo ideal para los aprovechadores de siempre. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

19 Octubre 2009
Está a punto de finalizar la zafra azucarera que probablemente en el futuro será recordada por haber sido la campaña previa a la puesta en marcha del programa de biocombustibles en la Argentina. Tal vez se diga que en esta temporada los industriales y los cañeros hicieron un gran esfuerzo para lograr que suba el precio interno del azúcar, que durante buena parte de la molienda se mantuvo a niveles ruinosos. Es posible que se agregue que la retracción de los ingresos perjudicó especialmente a los cañeros de menor escala, que se vieron obligados a malvender su producción en plena zafra a fin de compensar la falta de financiamiento para la actividad. Puede que en ese futuro alguien se acuerde de que, cuando el precio finalmente subió, los cañeros chicos no tenían prácticamente azúcar blanco para vender. Y si el futuro es promisorio y serio como se proyecta -a partir del cambio de paradigma que representará para el sector el paso a los biocombustibles-, tal vez se recuerde que en la zafra 2009 todavía existían los intermediarios que se aprovechaban de la debilidad de los pequeños productores para operar, con la complicidad de ingenios y del Gobierno provincial, que decía combatirlos. ¿Tendrán algo que ver los intermediarios con la quema de cañaverales, práctica que este año pareció alcanzar proporciones monumentales?
Algunos cañeros sospechan que los intermediarios podrían tener alguna vinculación con la quema de cañas, más allá de que en muchos casos son los mismos productores los que llevan adelante esta modalidad, que sirve para acelerar la molienda de materia prima afectada por heladas, condenada a perder rindes si no se procesa rápidamente. El problema se presenta cuando el campo de un productor pequeño es consumido por las llamas sin que este haya propiciado la quema; en este caso, se ve obligado a vender la producción a algún comprador que se ocupará de  cosechara y de depositarla en el canchón del ingenio. Claro que para que se logre este cometido el cañero tiene que resignar una buena parte de los ingresos que le iba a generar esa caña, y al mismo tiempo debe existir un pacto entre el intermediario y el responsable de la recepción de caña de determinado ingenio. O sea, si en los ingenios no se aceptara caña quemada cosechada con máquinas integrales, como dice la ley, no tendrían sentido los incendios en los campos. Faltaría mencionar que el Gobierno, que tiene capacidad demostrada para detectar y perseguir evasores de impuestos, conoce quiénes ofician de intermediarios en el sector azucarero tucumano. Los cañeros también podrían ayudar a combatir la intermediación, si molieran temprano para evitar que su caña sea alcanzada por las heladas.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios