Días de política

En los últimos días se produjo una serie de sucesos que cuentan con un denominador común: todos huelen mal. Las bravuconadas de Maradona y el asesinato de Etcharrán. Por Hugo E. Grimaldi - Columnista de DyN.

18 Octubre 2009
BUENOS AIRES.- La subversión de valores que rige a la sociedad argentina ha determinado que por estas horas la opinión pública y los medios hayan estado más preocupados por Diego Armando Maradona que por Gonzalo Etcharrán. Sin embargo, uno y otro han sido víctimas de la misma alienación: Diego, como la causa emergente de un estilo de soberbia e intolerancia que busca imponerse en la Argentina, algo que, desde su primitivismo, él mismo exacerbó hasta llegar al insulto soez hacia el resto del mundo que no le sigue la corriente y Gonzalo, a quien mataron en su auto de un tiro en la sien mientras viajaba con su hijo y a su esposa a punto de parir, como la consecuencia natural de esa siembra de vientos, que viene siendo alentada desde muy arriba del poder. ¿Por qué correr el riesgo de exagerar, a la hora de emparentar el caso Maradona con tamaño crimen, uno más de la inseguridad que por parecer tan normal ya ha generado en la sociedad la patología del acostumbramiento? Porque aunque debido a su enfermedad Diego quizás ni siquiera lo imagine, sus exabruptos de ocasión se engarzan perfectamente con este asesinato y con otros sucesos de lo más inmundo de la política ocurridos estos días.
Los casos de espionaje denunciados por políticos de la oposición, el armado de denuncias anónimas en contra del periodista Carlos Pagni por internet, la dosis de violencia que aplicaron en la semana las patotas de estudiantes de izquierda o de piqueteros kirchneristas contra la embajadora estadounidense, Vilma Socorro Martínez, y el presidente de la UCR, Gerardo Morales, la manipulación del Consejo de la Magistratura por parte del oficialismo para intentar salvar y hundir luego al juez Federico Faggionatto Márquez o la cooptación de varios legisladores que se sumaron al voto del FPV de buenas a primeras. Son todos sucesos que tienen un hilo en común: muy mal olor.
Esos episodios están en línea con lo que debe haber sentido Maradona cuando dijo lo que dijo o los asesinos a la hora de apretar el gatillo. ¿Por qué no habría de creerse entonces que Diego, Julio Grondona y hasta los jugadores de la Selección, han formado parte de una campaña orquestada por el poder político, destinada a esmerilar a la prensa, que apuntó primero a la descalificación pública de aquellos que se oponen a la Ley de Medios, acusados de ser clarinescos, y que siguió luego con mofas y palazos verbales al periodismo de parte de la mitad oficialista del Senado en medio del debate y que continuó con la difusión trapera de la edición de un video destinado a erosionar la credibilidad del diario La Nación, presentado con aires de ingenuidad mediante las pantallas del mismísimo y oficialista Canal 7?
A esta última pregunta -y la consecuente politización del tema- la ha respondido directamente un dirigente cercano al kirchnerismo, Edgardo Depetri, quien dijo que lo que hizo Maradona ha sido producto de todas las presiones que viene recibiendo, a partir de haber apoyado públicamente la decisión del Gobierno nacional para que todos los argentinos podamos ver fútbol gratis por los canales de televisión de aire y por su apoyo a la Ley de Servicios Audiovisuales recientemente sancionada, sin contar su adscripción al chavismo y a Fidel Castro. Como se verá, para esta concepción de pensamiento, la culpa no ha sido de Diego, siempre es de los demás, como es la doctrina del matrimonio Kirchner.
Es seguro que, subido aún en el pedestal de futbolista que no logra revalidar como DT, Maradona no ha pensado siquiera en la posibilidad de que pudo haber sido usado como el que más, encerrado como está en una soberbia sin límites que le impide reconocer sus fallas como profesional de la dirección técnica, como así también que la clasificación argentina al Mundial tuvo poco de trabajo y mucho de azar. Si el caso de Diego se ha politizado, los escraches y la violencia bárbara que vivieron Martínez en Mendoza y Morales en Jujuy con lanzamiento de naranjas y huevos contra ellos y roturas de instalaciones tienen también su explicación política, bien cercana a los episodios que durante los días anteriores protagonizaron la interna sindical de Kraft, los estudiantes de la FUBA y los gremialistas del subte en rutas y calles y túneles de la ciudad. Decir que la nueva embajadora ha pecado de ingenua por haber hablado a favor de una empresa de los Estados Unidos es no conocer cuáles son las instrucciones que le ha dado el Departamento de Estado, en relación con un país como la Argentina que, pese a que Martínez sonría y hable de relaciones cordiales, no está entre los favoritos de la región. La diplomática se verá el día lunes con la Presidenta, pero no lo hará a solas, sino acompañada por sus pares de otros países, en una visita de protocolo. La izquierda más violenta ha irrumpido en la calle y que los grupos afines al kirchnerismo han decidido no dejar que se la arrebaten, más allá de las críticas que el senador Morales ha vertido puntualmente contra la entrega de fondos millonarios del Gobierno nacional a grupos de su provincia, por lo que estos episodios podrían comenzar a escalar en todo el país. En rigor de verdad, la pelea central es por plata. En los 90 se esperaba que hiciera el mercado; ahora lo hacen las pomposamente llamadas organizaciones sociales. Y nadie se quiere quedar afuera de la repartija.
En este aspecto, la aparición creciente de estos grupos más radicalizados le complica la estrategia a Néstor Kirchner, quien confía en que desde el 10 de diciembre los diputados de la izquierda le arrimen muchos de los votos que necesita para no perder la preeminencia en la Cámara de Diputados.
Así, el diputado nacional electo podría estar dispuesto a ofrecer como su primer proyecto propio en el Congreso una nueva Ley de Entidades Financieras de tinte totalmente dirigista, con la banca puesta bajo la espada de Damocles de pasar a ser un servicio público y con la asignación crediticia en manos del Banco Central, con tasas reguladas, mayores márgenes de asistencia al sector público y con el extremo de avanzar hacia la emisión de un bono del Tesoro que recoja para sí o para eventuales obras de infraestructura a largo plazo los depósitos en dólares que hoy no se prestan.
Para darle más fuerza, esa eventual legislación que aún parece estar en el plano de las ideas, por más que haya interesados en fogonearla, podría llevar enancada algo más de música para los oídos de los diputados de izquierda -y aún para muchos radicales- como es la posibilidad de gravar con un impuesto todas las transacciones financieras y que ese dinero se asigne a un subsidio universal para la niñez, por ejemplo. Los límites para tal avance sobre el sector bancario están hoy, paradójicamente, en las necesidades del Tesoro, ya que una ofensiva de tal calibre tiraría por la borda todos los planes de retornar a los organismos externos. Todos saben que el nuevo FMI sigue siendo el FMI y no una institución de fomento y que en el caso de la Argentina vendrá por sangre. Y aún desde dentro del Gobierno, se presume que una legislación de ese tipo tendría resistencia en el Banco Central y en el ministerio de Economía. Igualmente, Kirchner sabe bien cómo hacer para que nuevos borocotós se alineen con sus políticas y, en este aspecto, vale la pena recordar que a la vergüenza de la aprobación del Presupuesto sin cambios en la Cámara baja se le adicionó la extensión a 10 años de varios gravámenes con baja alícuota de coparticipación y a dos años en el caso del impuesto al cheque a lo que los diputados accedieron confiados en la flexibilización de la Ley de Responsabilidad Fiscal.
Pese a todo, la media sanción salió con dos restricciones centrales que vuelven a dejar la pelota del lado del Ejecutivo y a los gobernadores a merced de la Casa Rosada, salvo que los senadores se animen a enmendarla: que las autorizaciones para el endeudamiento se harán caso por caso y que el dinero extra se repartirá siempre que haya algo extra para repartir.
Han sido muchos los opositores que han señalado con tono de denuncia que, con la defección de los gobernadores y la cooptación de legisladores verificados durante esta última semana, se le ha puesto la lápida al federalismo en la Argentina. ¿Qué dirán cuando se conozca el proyecto de Reforma Política que buscará cambiar el método de elección de los presidentes?
Metido en su mundo, Maradona no ha logrado imaginar siquiera cómo sus declaraciones llegaron tan a tiempo para ensombrecer todas las demás cuestiones. Pero si el tono de la voz de Diego exigiéndole favores sexuales a quienes lo criticaron resultó patético antes que procaz, mucho peor fueron las imágenes que lo mostraron sentado en el trono de un quincho, sin capacidad de autocrítica o arrepentimiento, mientras los amigos de ocasión lo ovacionaban como a un héroe. El diario de Yrigoyen no sólo se edita en Olivos.

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