Otros tiempos y otras lealtades

El alperovichismo desentona con la historia del peronismo: los trabajadores van a la plaza por razones opuestas a las de 1945. Incomodan el ayer, el hoy y el mañana. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

17 Octubre 2009
El miércoles 17 de octubre de 1945 tuvo un antecedente salarial poco difundido pero decisivo, que fue uno de los detonantes de esa movilización única que la tradición peronista celebra como el "Día de la Lealtad".
El historiador Félix Luna recuerda que el martes 16 era día de pago de la quincena. Cuando los obreros se presentaron a cobrar se dieron con que no les habían liquidado el feriado del viernes 12, que debía pagarse según un decreto firmado, días antes, por Juan Domingo Perón, detenido desde el 13 y, por tanto, separado de sus cargos de vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y, especialmente, secretario de Trabajo y Previsión. Los panaderos y los textiles habían sido los más perjudicados y nadie los recibía en el Gobierno. La sarcástica respuesta gubernamental y patronal consistió en que iban a tener que ir a reclamárselo a Perón. Fue un desacierto histórico: los obreros, al día siguiente, les hicieron caso. Pasadas las 23, aún había 300.000 personas en la Plaza de Mayo, que sólo se calmaron cuando su líder pasó de la isla Martín García a los balcones de la Casa Rosada. Desde allí, él agradeció el apoyo y pidió, "por esta vez", que cumplieran al día siguiente la huelga general convocada por la CGT.
"Enfatizaron (los sindicalistas) que no se trataba de defender a un militar sino de preservar las reivindicaciones conquistadas", precisa Luna en El 45.
Cuatro meses después advendría la primera presidencia de Perón. Y seis décadas más tarde, ese "orden natural" del peronismo sería subvertido en Tucumán por el alperovichismo. Aquí, los trabajadores de la salud deben autoconvocarse porque sus gremialistas no los representan. Los empleados de la sanidad están en la calle, también los miércoles: semana tras semana, miles y miles, van a la plaza Independencia para protestar contra el gobierno de signo peronista que, paradójicamente, no les paga lo que les corresponde. Por el contrario, les niega el derecho de huelga que Perón enarbolaba, y les aplica descuentos infernales incluso a los que no han hecho paro.
Al alperovichismo no le va muy bien con el pasado histórico del movimiento en el que desembarcó hace poquito para tener estructura electoral.

Contradictorio presente

Queda claro que tampoco le va muy bien con el presente. El argumento de que el Gobierno "no tiene plata" para afrontar las demandas de ese sector ha sido desmentido por el propio oficialismo, que demuestra tener recursos de sobra. En todo caso, sólo está dispuesto a usarlos -y sin mezquindades- para el bienestar de su funcionarado.
La Legislatura viene demostrándolo una y otra vez.
El oficialismo parlamentario, cuya única pelea interna durante este mandato se dio porque los que recibirían $ 50.000 mensuales para los discrecionales "gastos sociales" querían un aumento del 20%, cuestionó a los que protestan. A los que reclaman una suba salarial porque, en el sur, ganan un promedio de $ 3,40 por cada consulta que atienden. Y ese resultado no incluye las cirugías que realizan.
Para los que salvan la vida de los tucumanos no hay dinero. Pero sí hay para que sus representantes insistan -corrección mediante- en la expropiación de la casona de los Manganelli, a fin de que los autos del Tribunal de Cuentas accedan a las cocheras también por calle San Lorenzo. O sea, le van a expropiar la casa a una familia tucumana para comodidad de la burocracia.
Este comportamiento, incluso, empezó a minar axiomas de la democracia pavimentadora: el alperovichismo no presume de tener políticas de Estado, pero hace. Por ejemplo, no alardea de su política de salud (asumiendo que la hay), pero hace hospitales.
Contra esto, han declarado que el Hospital del Este tiene pronóstico reservado porque al Gobierno le faltan $ 25 millones para terminar la obra. Sin embargo, sí tiene para incrementar en $ 73 millones los gastos para la catedral legislativa. En noviembre de 2007, la idea era construir un edificio de 7.000 m2 con un presupuesto de $ 21 millones: $ 3.000 por metro cuadrado. Ahora, la superficie es de 14.500 metros cuadrados y el monto asciende a $ 93,8 millones. Es decir, casi $ 6.500 por metro cuadrado.
La calidad institucional refiere a actitudes de grandeza, no a la dudosa virtud de lo grandote.
Acaso por ello, el alperovichismo también le angustia el futuro.

Complejo porvenir

El gobernador medita por estos días sobre una reunión que, en principio, mantendrá la semana que viene en Buenos Aires con el ex presidente en ejercicio, Néstor Kirchner. Hasta ayer, no había soltado mucha prenda acerca de las razones del encuentro pero, complementariamente, dicen que empezó a hablar de 2011. Y habría dejado entrever que si él no se postula para un tercer período consecutivo (porque la Justicia no lo deje, porque él no quiere, o porque el kirchnerismo le abra otros horizontes), lo conveniente, de buenas a primeras, sería dejar como sucesor a Juan Manzur.
El vicegobernador de licencia, de hecho, le habría transmitido a sus allegados, en la última visita, que le preocupan las consecuencias de su eyección del escenario político provincial. En Buenos Aires, con independencia de los resultados sanitarios, no le va políticamente muy bien. Para 2010, bajó un 10% el presupuesto del Ministerio de Salud de la Nación con respecto a este año, mientras que la Administración de Programas Especiales (donde Mario Koltan duró 24 horas y fue desplazado por la gente del camionero Hugo Moyano) incrementó sus recursos en un 10%. Al ministro apenas le dejaron $ 54 millones para enviar, durante todo el año que viene, a Tucumán: por mes, el Siprosa gasta más que eso. Por eso, afirman que Manzur ya cavila si debe reasumir como vicegobernador en 2010.
El gobernador, mientras tanto, ha empezado a lamentar en voz alta que, a cambio de tener reservada una banca de senador nacional, deba perder al nuevo vicegobernador, Sergio Mansilla, a quien le debe las gestiones que destrabaron la creación del CAM. Mansilla también viaja a la Capital Federal la semana próxima, junto con la senadora electa Beatriz Rojkés, para reunirse con el titular del bloque del PJ en la Cámara Alta, Miguel Angel Pichetto, por el recambio de diciembre.
Ese tipo de alteraciones en el Gobierno enoja a Alperovich. De hecho, supo ofuscarse con la temprana salida de su equipo de Antonio Jalil (ex superministro), quien se saludó como lo hacen los viejos conocidos con Felipe Solá, cuando él visitó Tucumán. Si Jalil vuelve a la política, lo hará como opositor a los K.
Acaso, lo que Alperovich rechaza es la idea de su propio alejamiento del Gobierno, por cuanto huele que la designación de su sucesor puede complicarse. Tal vez no alcance con su bendición.
Concretamente, el intendente Domingo Amaya no enfrentará en las urnas al gobernador, pero sí a cualquier otro. El jefe municipal (siempre asesorado por el diputado Germán Alfaro) goza de la misma buena imagen que el gobernador, según las encuestas oficiales. Y, a la par, tejió amistad política con el opositor José Cano y su socio radical, José Hugo Saab. Y el senador electo (que se encamina a conducir la UCR local) gusta decir que la intendencia capitalina no le desagrada.
En ese contexto, la interna oficialista en el Concejo Deliberante cristalizó muchas situaciones. La división fue encarada por ediles que responden al diputado Gerónimo Vargas Aignasse y al titular del Ente de Infraestructura Comunitaria, Rolando "Tano" Alfaro, dos que codician la jefatura municipal. Dos que dijeron a su gente que Alperovich les pidió que cesaran las hostilidades "porque no es tiempo".
La lista de dirigentes a quienes saludar por el Día de la Lealtad se achica para el gobernador. No puede culpar a nadie: son cada vez menos los que le harán a él un regalo para la fecha. Por ahora, le queda la tranquilidad de que la construcción de poder dentro del PJ local es una deuda pendiente de Amaya, que celebrará la fecha en Buenos Aires.
En Tucumán, al menos, podrán festejar que el ministro político, Edmundo Jiménez, ya inauguró 400 unidades básicas en la provincia. Porque, por lo demás, el oficialismo tucumano conmemorará el 17 de octubre en una sede alquilada: toda una alegoría.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios