¿Por qué ganó el Nobel de la Paz?

Las singularidades de Obama. Por Carlos Duguech, para LA GACETA - Tucumán.

18 Octubre 2009
La decisión de la Academia Sueca de premiar al presidente norteamericano generó controversias alrededor del mundo. Pero Obama ya cuenta con numerosos méritos y cualidades forjados en los pocos meses que lleva de mandato: desde inéditos y audaces pronunciamientos hasta gestiones concretas que posibilitan la erradicación del mayor riesgo que sufre el planeta.

La primera de las singularidades que suele ocurrírsele a la gente está relacionada con su origen racial. La otra no es menos significante: nació en un lugar extracontinental, Honolulu, a 8.000 kilómetros de Washington, en el archipiélago más aislado del mundo (Hawai), en el Pacífico. Y podríamos agregar otra: debió jurar por segunda vez, un día después de aquella jornada fría y ante más de dos millones de personas reunidas en el National Mall de Washington y ante el mundo que seguía la ceremonia de investidura por televisión.
Pero no son éstas las singularidades que queremos destacar en esta nota. Las que cuentan, las que en verdad valen, son aquellas determinadas por su accionar y sus decisiones políticas de envergadura que provocaron un giro copernicano en la política exterior de los Estados Unidos. Veamos: su discurso de asunción ya revelaba lo que podía esperarse del nuevo ocupante principal de la Casa Blanca, tendiendo la mano hacia la comprensión y el diálogo y desmontando el "eje del mal" construido fervorosamente por Bush, Cheney y sus seguidores mediante aquella doctrina de la "guerra preventiva". Y en los hechos fue dejando señales claras e indubitables del perfil que adquiriría su gobierno, pese al muy denso bloque de republicanos opositores casi a todo en el Congreso y a lo endeble, no obstante el número, del bloque demócrata.
 En su exposición hecha en Praga el 5 de abril, dentro del período emblemático de los primeros "100 días", manifestó con precisión que su país anhelaba "un mundo libre de armas nucleares". Ningún predecesor suyo -demócrata o republicano- hubiera osado pronunciarse de tal manera, poseedor los Estados Unidos del mayor arsenal de armas nucleares del planeta, seguido de cerca por Rusia. Sí dijeron y actuaron (a instancias de un líder tan carismático como Gorbachov) en planes de reducción de armas de destrucción masiva, no de su eliminación total. Es la primera vez en la historia de los Estados Unidos que un presidente arriesga esa ambición. Es, sin dudas una singularidad a la que se suma otra: la de su discurso en la Universidad de El Cairo, del 4 de junio, donde se muestra, ante el mundo islámico, abierto a todas las instancias del diálogo. Allí pronuncia palabras nunca antes dichas por ningún presidente de su país dirigidas al mundo musulmán. Todo un muestrario de sana y sabia diplomacia con una impronta de profundo humanismo, respetuoso y democrático.

La posibilidad del desarme

Se puede agregar a esta saga de singularidades, sus decisiones sobre la relación con Cuba, su determinación firme sobre Guantánamo y sobre las prácticas de tortura como método para obtener información, y los anuncios sobre retiro programado de tropas de Irak y el desmantelamiento del proyecto del escudo antimisiles frente a Rusia. La más reciente de todas las singularidades que queremos destacar de un personaje que está en todas las vidrieras de la política y la economía mundiales es la de que es el primer presidente de los Estados Unidos que se armó de coraje y de firme determinación para citar a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU con un mes de anticipación, para aprovechar la presencia de los jefes de estado que concurrirían a los inicios de las sesiones ordinarias del 64º período de la Asamblea General de la ONU en su sede de Nueva York.
Esa reunión del consejo presidida por el jefe del Gobierno de los Estados Unidos (nunca en las más de seis décadas de vida de ese cuerpo colegiado otro mandatario del país anfitrión participó) contó con la asistencia de los presidentes y jefes de estado de 14 de los 15 miembros (Libia estuvo representada por su embajador). La histórica resolución unánime del cuerpo más activo de la ONU propuso el desarme nuclear aunque en este caso no tuviese carácter vinculante.
Independientemente de un camino lógico hacia la paz y la seguridad internacionales -dos palabras que aparecen siempre juntas en la Carta de la ONU-, esta resolución apela a la ética de los mandatarios de los países con arsenales nucleares. La ética en la función de los jefes de Estado, que saben sobre los inconmensurables riesgos para la sobrevivencia humana por los arsenales nucleares y su eventual utilización (por error, accidente, terrorismo o determinación de un estadista), debería obligarlos a encarar firmemente el desarme total. Eso mismo se reflejó en la resolución del Consejo de Seguridad. Una mención que conviene hacer: el presidente de China, Hu Jintao, participante por su país en esa reunión especial, ya había anticipado en su discurso de rigor ante la Asamblea General aquel miércoles en que se proponía el desarme nuclear total y la destrucción de los arsenales (mucho de los cuales posee China). Expresado por el líder de uno de los cinco países con asiento permanente y poder de veto en el Consejo, adquiere una significación mayor, aportando a ese consenso del desarme nuclear esperado por los más de 6.000 millones de personas que pueblan el planeta. Distinguido Obama por estas singularidades de las muchas otras que el lector podrá advertir, se perfila nítidamente como un estadista de la humanidad. Hacía falta. Es de esperar que le permitan gobernar, cumpliendo su mandato de cuatro años.
El premio Nobel de la Paz que recibió este año Obama es otra singularidad que, en este caso, deviene de lo que señalamos a lo largo de este texto.
© LA GACETA

Carlos Duguech - Periodista, analista político, conductor en Radio Universidad del programa "Paz en el mundo", miembro del "Movimiento de los cien para seguir viviendo".

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