La cultura, una obra de fe
La falta de salas que permitan contener el flujo de shows, sigue siendo una asignatura pendiente. Por Gustavo Martinelli - Editor de Espectáculos.
29 Septiembre 2009 Seguir en 
Dice Amartya Sen, el economista hindú formado en Oxford ganador del premio Nobel de Economía en 1998, que el desarrollo social debe ser entendido también en términos de "libertades intelectuales". Es decir, como la opción real de aprender a leer, a escribir, a interpretar, a calcular, a pertenecer a un sistema económico, a poder eludir a la muerte evitable... pero no como un frío número del PBI. ¿Qué pasaría entonces en el mundo si el desarrollo de los países se dimensionara por su riqueza cultural y no por sus reservas en dólares? ¿Qué sucedería si el desarrollo se concibiera como una expansión de libertades y no de capitales? ¿Cómo sería la sociedad si una función de teatro tuviera más peso que los números del Indec o los bolsones? Posiblemente todo sería distinto. Quizás, menos doloroso o tal vez más digno. Porque las sociedades que se olvidan de la cultura, en realidad no tienen mucho futuro. Apenas poseen un triste presente que se yergue en medio de los embates del mercado y los absurdos sortilegios de las estadísticas.
Entonces, que Tucumán esté desde hace más de un mes inundado por espectáculos, charlas, muestras, festivales, debates y exhibiciones a causa de su ya tradicional Septiembre Musical es muy auspicioso. Más aún si esa actividad tiene su continuidad con el Festival de Cine y con la Muestra de Cine Europeo que se iniciarán el jueves. Semejante proyección, en un año marcado por la crisis y los vaivenes políticos, es toda una osadía que, dicho sea de paso, puede tener un efecto multiplicador. No sólo como una manera de promover el cine nacional o europeo con películas que nunca llegarán al circuito comercial, sino también como una herramienta efectiva para despertar los aletargados sentidos de los tucumanos a través de las imágenes.
El rol de las imágenes
Susan Sontag señaló que las imágenes por sí solas son incapaces de explicar nada, pero son inagotables en su capacidad de promover la fantasía, la deducción y la especulación. Las imágenes también ayudan a pensar. Invitan al descubrimiento de nuevos horizontes. Provocan casi el mismo efecto que la lectura. Y, aunque resulta paradójico, muchas veces las películas suelen incentivar el hábito de la lectura. Basta comprobar cómo una nueva camada de chicos que sólo disfrutaba de los juegos electrónicos y del chat, se volcó a la lectura de libros de aventuras después del impresionante éxito de los filmes de Harry Potter. Lo mismo ocurre con "Boogie el aceitoso", el inolvidable personaje de Roberto Fontanarrosa cuyo debut en el cine, el 8 de octubre, ya ha disparado la venta de los libros de la famosa historieta.
Planificación
Claro que apostar por la cultura requiere también de una cuidadosa planificación. De nada sirve, por ejemplo, generar una grilla con shows y espectáculos para todos los públicos, si esos encuentros se superponen con otros planificados por los artistas independientes o por la Universidad Nacional de Tucumán. Es cierto que hay público para todo. Pero también es real que cuando un festival folclórico se hace el mismo día que un espectáculo del mismo género en la plaza Independencia, uno de los dos encuentros saldrá perjudicado.
Esta situación se vivió el verano pasado, cuando se superpusieron en una misma noche varios festivales importantes en distintas localidades de la provincia. Todos, con artistas de gran relieve. Entonces, para ganar, hay que planificar, sino los esfuerzos se diluyen. Hay que planificar y también invertir.
Asignatura pendiente
Un respetado actor tucumano comentó días atrás que los grandes teatros de la provincia se hicieron a principios del siglo pasado y que, en los años siguientes, nunca más se volvió a construir una sola sala. En las últimas décadas, lejos de levantar nuevos espacios, se cerraron algunos que constituían verdaderos emblemas de la cultura local. Y eso incluye, por supuesto, las salas de cine del centro de la ciudad. Hoy, con una actividad cultural en permanente ebullición, es casi imposible entender por qué no se abren salas nuevas o se rescatan aquellos estadios que pueden albergar grandes espectáculos, como el Palacio de los Deportes. Si uno le preguntara a los artistas -sobre todo a los actores y directores de teatro- por qué no organizan temporadas más amplias con sus obras, seguramente responderán al unísono: "¡por que no hay salas!" Y las que existen no alcanzan a contener todo el fervor creativo que hay en la provincia. De allí que, la inversión en nuevos espacios, sigue siendo una asignatura pendiente. Hasta ahora, los locales que se incorporaron a la vida cultural tucumana fueron levantados por el esfuerzo de artistas independientes, fuera del circuito teatral convencional. Por eso, aún queda mucho por hacer. No sólo por parte de las autoridades provinciales, sino también por parte del público. Porque la cultura es algo que está en permanente evolución y, al mismo tiempo, en constante peligro. Y el porvenir siempre será una obra de fe.
Entonces, que Tucumán esté desde hace más de un mes inundado por espectáculos, charlas, muestras, festivales, debates y exhibiciones a causa de su ya tradicional Septiembre Musical es muy auspicioso. Más aún si esa actividad tiene su continuidad con el Festival de Cine y con la Muestra de Cine Europeo que se iniciarán el jueves. Semejante proyección, en un año marcado por la crisis y los vaivenes políticos, es toda una osadía que, dicho sea de paso, puede tener un efecto multiplicador. No sólo como una manera de promover el cine nacional o europeo con películas que nunca llegarán al circuito comercial, sino también como una herramienta efectiva para despertar los aletargados sentidos de los tucumanos a través de las imágenes.
El rol de las imágenes
Susan Sontag señaló que las imágenes por sí solas son incapaces de explicar nada, pero son inagotables en su capacidad de promover la fantasía, la deducción y la especulación. Las imágenes también ayudan a pensar. Invitan al descubrimiento de nuevos horizontes. Provocan casi el mismo efecto que la lectura. Y, aunque resulta paradójico, muchas veces las películas suelen incentivar el hábito de la lectura. Basta comprobar cómo una nueva camada de chicos que sólo disfrutaba de los juegos electrónicos y del chat, se volcó a la lectura de libros de aventuras después del impresionante éxito de los filmes de Harry Potter. Lo mismo ocurre con "Boogie el aceitoso", el inolvidable personaje de Roberto Fontanarrosa cuyo debut en el cine, el 8 de octubre, ya ha disparado la venta de los libros de la famosa historieta.
Planificación
Claro que apostar por la cultura requiere también de una cuidadosa planificación. De nada sirve, por ejemplo, generar una grilla con shows y espectáculos para todos los públicos, si esos encuentros se superponen con otros planificados por los artistas independientes o por la Universidad Nacional de Tucumán. Es cierto que hay público para todo. Pero también es real que cuando un festival folclórico se hace el mismo día que un espectáculo del mismo género en la plaza Independencia, uno de los dos encuentros saldrá perjudicado.
Esta situación se vivió el verano pasado, cuando se superpusieron en una misma noche varios festivales importantes en distintas localidades de la provincia. Todos, con artistas de gran relieve. Entonces, para ganar, hay que planificar, sino los esfuerzos se diluyen. Hay que planificar y también invertir.
Asignatura pendiente
Un respetado actor tucumano comentó días atrás que los grandes teatros de la provincia se hicieron a principios del siglo pasado y que, en los años siguientes, nunca más se volvió a construir una sola sala. En las últimas décadas, lejos de levantar nuevos espacios, se cerraron algunos que constituían verdaderos emblemas de la cultura local. Y eso incluye, por supuesto, las salas de cine del centro de la ciudad. Hoy, con una actividad cultural en permanente ebullición, es casi imposible entender por qué no se abren salas nuevas o se rescatan aquellos estadios que pueden albergar grandes espectáculos, como el Palacio de los Deportes. Si uno le preguntara a los artistas -sobre todo a los actores y directores de teatro- por qué no organizan temporadas más amplias con sus obras, seguramente responderán al unísono: "¡por que no hay salas!" Y las que existen no alcanzan a contener todo el fervor creativo que hay en la provincia. De allí que, la inversión en nuevos espacios, sigue siendo una asignatura pendiente. Hasta ahora, los locales que se incorporaron a la vida cultural tucumana fueron levantados por el esfuerzo de artistas independientes, fuera del circuito teatral convencional. Por eso, aún queda mucho por hacer. No sólo por parte de las autoridades provinciales, sino también por parte del público. Porque la cultura es algo que está en permanente evolución y, al mismo tiempo, en constante peligro. Y el porvenir siempre será una obra de fe.
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