27 Septiembre 2009 Seguir en 
HONRAR LA VIDA
Dios, la vida y mi trabajo me permitieron conocer a Milly. Era una hermosa nena y padecía parálisis cerebral. Pese a esta grave patología que limitó su vida y la ponía en riesgo constante, ella era muy feliz. Su carita y su sonrisa permanente eran muestra de ello. El gran responsable de su felicidad fue su papá. El dedicó los 14 años que vivió Milly a su atención, a su contención y a solicitar asistencia médica especializada, para mejorar su calidad de vida, dada la multiplicidad de síntomas y manifestaciones que la ponían en peligro constante. En noviembre de 2007, profesionales del Hospital Garrahan le efectuaron en esta provincia una operación con un alto costo y un post-operatorio con controles cada tres meses; por ello debía viajar a Buenos Aires. Su lucha fue constante, nunca bajó los brazos y todo esto sin recursos económicos. Milly desparramó alegría, amor y agradecimiento a todos los que tuvimos la bendición de conocerla y quererla. Sus manos nos acariciaban; fue lo más puro que conocí en mi vida. Hoy, su muerte dejó un profundo vacío y desconsuelo en este abnegado papá, que fue ejemplo de amor, lucha y perseverancia. Este papá sí que honró la vida.
María Angela Martínez
Laprida 1.288
S. M. de Tucumán
Dios, la vida y mi trabajo me permitieron conocer a Milly. Era una hermosa nena y padecía parálisis cerebral. Pese a esta grave patología que limitó su vida y la ponía en riesgo constante, ella era muy feliz. Su carita y su sonrisa permanente eran muestra de ello. El gran responsable de su felicidad fue su papá. El dedicó los 14 años que vivió Milly a su atención, a su contención y a solicitar asistencia médica especializada, para mejorar su calidad de vida, dada la multiplicidad de síntomas y manifestaciones que la ponían en peligro constante. En noviembre de 2007, profesionales del Hospital Garrahan le efectuaron en esta provincia una operación con un alto costo y un post-operatorio con controles cada tres meses; por ello debía viajar a Buenos Aires. Su lucha fue constante, nunca bajó los brazos y todo esto sin recursos económicos. Milly desparramó alegría, amor y agradecimiento a todos los que tuvimos la bendición de conocerla y quererla. Sus manos nos acariciaban; fue lo más puro que conocí en mi vida. Hoy, su muerte dejó un profundo vacío y desconsuelo en este abnegado papá, que fue ejemplo de amor, lucha y perseverancia. Este papá sí que honró la vida.
María Angela Martínez
Laprida 1.288
S. M. de Tucumán
Lo más popular
Ranking notas premium







