27 Septiembre 2009 Seguir en 
Así como una ciudad es el reflejo de quienes viven en ella, del mismo modo la clase dirigente lo es de sus representados que son, en definitiva, los que la eligen y la sostienen. En los últimos años, se viene observando en la Argentina que va produciendo la paulatina y peligrosa desaparición de los partidos políticos, y se percibe también una crisis del sindicalismo, como consecuencia que los afiliados se autoconvocan, prescindiendo de sus gremialistas.
En estos días, difundimos los resultados del informe "Tucumán: ciudadanía, instituciones y rol del Estado", del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que fue presentado en la Casa de Gobierno. Este se efectuó a partir de una encuesta domiciliaria de 500 casos, en agosto pasado, y los participantes fueron mayores de 18 años. En el trabajo, realizado por la consultora Sociología y Mercado, se precisa que tres de cada cuatro tucumanos no simpatiza con un partido político; siete de cada 10 querría poder votar a sus representantes sin que estos tuvieran que postularse por medio de una agrupación, es decir que verían con agrado que los partidos no tuvieran el monopolio de la representación pública en materia de cargos electivos.
Uno de los aspectos más llamativos es el alto índice de desinterés por participar en los asuntos públicos. La estadística indica que al 31 % no le interesa meterse en la cosa pública, mientras que al 51,6 % le atrae, pero no participa. Sólo un 17 % se inmiscuye en temas de interés de la comunidad.
También llama la atención que 74,6 % de los consultados no se identifica con ningún partido político, pero al mismo tiempo consideran que son necesarios. Este porcentaje se divide en el 32 % señala que deben reformarse para evitar la corrupción; el 23 % sostiene que deben estar más cerca de la gente y el 21 % apunta que deben ayudar a pensar el país en que queremos vivir. En los últimos lustros, los partidos políticos han sido opacados por los candidatos. Ya no se votan plataformas, programas partidarios, sino personas, con el consiguiente riesgo que ello implica. Por ejemplo, ha sucedido que en 2003 hubo tres candidaturas presidenciales representando al peronismo. También ha influido en esta tendencia el hecho de que no han aparecido nuevas fuerzas políticas.
Una de las integrantes de la consultora que efectuó el informe señaló que el ejercicio de la ciudadanía no se agota en el acto electoral, sino que mantiene su actitud de seguimiento y de control de la labor de sus representantes, pero no tanto a través de la agrupación política sino por medio de las acciones de grupos de pertenencia definidos por atributos diferentes de la identidad partidaria. "Por ejemplo, movimientos de jubilados, sectores de la salud, defensores de los intereses del campo. Estos núcleos se manifiestan respecto de temas puntuales vinculados con problemáticas particulares", indicó.
El estudio es, por cierto, interesante para que la reflexión acerca de los tiempos que se viven, muy diferentes al de décadas pasadas en que teníamos un sistema bipartidista, hacia el cual ahora el Gobierno nacional propone regresar. Por otro lado, el bajo índice de participación en la cosa pública es muy preocupante; está reflejando también el mal concepto que una parte importante de la ciudadanía tiene de la actividad política. Por otra parte, esta actitud descomprometida tiene que ver con la crítica constante sobre las acciones de los otros, y con la nula acción para intentar modificar la realidad que se condena. El famoso "yo, argentino", es decir "no me meto", está muy arraigado en la ciudadanía.
La democracia se apoya en el funcionamiento de las instituciones republicanas, en los partidos políticos y en la participación ciudadana que es la que debe producir la renovación de la dirigencia.
En estos días, difundimos los resultados del informe "Tucumán: ciudadanía, instituciones y rol del Estado", del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que fue presentado en la Casa de Gobierno. Este se efectuó a partir de una encuesta domiciliaria de 500 casos, en agosto pasado, y los participantes fueron mayores de 18 años. En el trabajo, realizado por la consultora Sociología y Mercado, se precisa que tres de cada cuatro tucumanos no simpatiza con un partido político; siete de cada 10 querría poder votar a sus representantes sin que estos tuvieran que postularse por medio de una agrupación, es decir que verían con agrado que los partidos no tuvieran el monopolio de la representación pública en materia de cargos electivos.
Uno de los aspectos más llamativos es el alto índice de desinterés por participar en los asuntos públicos. La estadística indica que al 31 % no le interesa meterse en la cosa pública, mientras que al 51,6 % le atrae, pero no participa. Sólo un 17 % se inmiscuye en temas de interés de la comunidad.
También llama la atención que 74,6 % de los consultados no se identifica con ningún partido político, pero al mismo tiempo consideran que son necesarios. Este porcentaje se divide en el 32 % señala que deben reformarse para evitar la corrupción; el 23 % sostiene que deben estar más cerca de la gente y el 21 % apunta que deben ayudar a pensar el país en que queremos vivir. En los últimos lustros, los partidos políticos han sido opacados por los candidatos. Ya no se votan plataformas, programas partidarios, sino personas, con el consiguiente riesgo que ello implica. Por ejemplo, ha sucedido que en 2003 hubo tres candidaturas presidenciales representando al peronismo. También ha influido en esta tendencia el hecho de que no han aparecido nuevas fuerzas políticas.
Una de las integrantes de la consultora que efectuó el informe señaló que el ejercicio de la ciudadanía no se agota en el acto electoral, sino que mantiene su actitud de seguimiento y de control de la labor de sus representantes, pero no tanto a través de la agrupación política sino por medio de las acciones de grupos de pertenencia definidos por atributos diferentes de la identidad partidaria. "Por ejemplo, movimientos de jubilados, sectores de la salud, defensores de los intereses del campo. Estos núcleos se manifiestan respecto de temas puntuales vinculados con problemáticas particulares", indicó.
El estudio es, por cierto, interesante para que la reflexión acerca de los tiempos que se viven, muy diferentes al de décadas pasadas en que teníamos un sistema bipartidista, hacia el cual ahora el Gobierno nacional propone regresar. Por otro lado, el bajo índice de participación en la cosa pública es muy preocupante; está reflejando también el mal concepto que una parte importante de la ciudadanía tiene de la actividad política. Por otra parte, esta actitud descomprometida tiene que ver con la crítica constante sobre las acciones de los otros, y con la nula acción para intentar modificar la realidad que se condena. El famoso "yo, argentino", es decir "no me meto", está muy arraigado en la ciudadanía.
La democracia se apoya en el funcionamiento de las instituciones republicanas, en los partidos políticos y en la participación ciudadana que es la que debe producir la renovación de la dirigencia.
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