11 Septiembre 2009 Seguir en 
Hace 121 años, en Asunción del Paraguay se apagaba la vida de uno de los controvertidos próceres que tuvo nuestro país. Domingo Faustino Sarmiento había nacido el 15 de febrero de 1811 en el Carrascal, uno de los barrios más pobres de la ciudad de San Juan. Su personalidad, sin duda, fue multifacética: fue maestro, subteniente de milicias, escritor, periodista, senador, ministro, director general de escuelas, sociólogo, diplomático, gobernador y Presidente de los argentinos, entre 1868 y 1874.
Fue un gran luchador y una de las figuras más importantes de la historia latinoamericana. En 1943, a 55 años de su fallecimiento, la Conferencia Interamericana de Educación (integrada por educadores de toda América) se reunió en Panamá y estableció el 11 de setiembre como Día del Maestro.
Debido a su oposición a Juan Manuel de Rosas y al caudillo riojano Facundo Quiroga, el sanjuanino tuvo que exiliarse en Chile, donde su actividad fue notable. En el plano de la enseñanza, se ocupó de la organización de la primera escuela del magisterio de Sudamérica. Como periodista publicó sus artículos en El Mercurio de Valparaíso y en El Progreso de Santiago. Visitó además Estados Unidos y Europa, donde publicó obras literarias y conoció a pedagogos y escritores.
En 1868 llegó a la presidencia de la Argentina. En un país empobrecido, con la oposición sistemática del Congreso y de la prensa, "el Loco" -como lo llamaban por su fuerte e imprevisible carácter- promovió la introducción de nuevos cultivos, de la capacitación técnica y científica, el ferrocarril, el telégrafo. Contrató maestras norteamericanas para que enseñaran en las escuelas normales de maestros; fomentó la inmigración e impulsó la reorganización y profesionalización de las fuerzas armadas y la creación de un observatorio astronómico. El primer censo en el país, encarado por Sarmiento a un año de su gestión, mostró a la Argentina como un país despoblado y analfabeto: sólo el 30 % de la población estaba alfabetizada. "Antes había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio y la aristocracia. Hoy todos los hombres deben ser igualmente educados", afirmaba. Como escritor, tuvo una vasta producción; su obra cumbre fue "Facundo o Civilización y barbarie".
Consideraba que "la educación primaria es la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización". También sostenía que "los discípulos son la mejor biografía del maestro". Otros pensamientos para tener en cuenta que nos dejó, decían: "Cuando los hombres honrados se van a su casa, los pillos entran en la de gobierno"; "Fui nombrado presidente de la República, y no de mis amigos"; "Hombre, pueblo, Nación, Estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela"; "Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer".
Sin duda, la del maestro es una de las profesiones fundamentales en la construcción de una sociedad. Hasta hace unas décadas, era símbolo de autoridad, cariño y respeto. Alumnos y padres eran incapaces de cuestionar sus decisiones y exigencias. Pero los tiempos modernos, excepto en la zona rural donde sigue siendo el segundo padre o la segunda madre, le han hecho perder jerarquía hasta el punto de que en muchas ocasiones, sufre agresiones verbales y físicas. A menudo mal remunerado, el docente tiene la alta responsabilidad de formar a niños y a jóvenes. Sólo aquellos que poseen una verdadera vocación pueden lograrlo.
Polémico, luchador, intransigente, marcado por contradicciones, Sarmiento soñó a lo grande. No sólo fue un gran educador, sino también un estadista, un visionario, de aquellos que se extrañan en estos tiempos.
Fue un gran luchador y una de las figuras más importantes de la historia latinoamericana. En 1943, a 55 años de su fallecimiento, la Conferencia Interamericana de Educación (integrada por educadores de toda América) se reunió en Panamá y estableció el 11 de setiembre como Día del Maestro.
Debido a su oposición a Juan Manuel de Rosas y al caudillo riojano Facundo Quiroga, el sanjuanino tuvo que exiliarse en Chile, donde su actividad fue notable. En el plano de la enseñanza, se ocupó de la organización de la primera escuela del magisterio de Sudamérica. Como periodista publicó sus artículos en El Mercurio de Valparaíso y en El Progreso de Santiago. Visitó además Estados Unidos y Europa, donde publicó obras literarias y conoció a pedagogos y escritores.
En 1868 llegó a la presidencia de la Argentina. En un país empobrecido, con la oposición sistemática del Congreso y de la prensa, "el Loco" -como lo llamaban por su fuerte e imprevisible carácter- promovió la introducción de nuevos cultivos, de la capacitación técnica y científica, el ferrocarril, el telégrafo. Contrató maestras norteamericanas para que enseñaran en las escuelas normales de maestros; fomentó la inmigración e impulsó la reorganización y profesionalización de las fuerzas armadas y la creación de un observatorio astronómico. El primer censo en el país, encarado por Sarmiento a un año de su gestión, mostró a la Argentina como un país despoblado y analfabeto: sólo el 30 % de la población estaba alfabetizada. "Antes había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio y la aristocracia. Hoy todos los hombres deben ser igualmente educados", afirmaba. Como escritor, tuvo una vasta producción; su obra cumbre fue "Facundo o Civilización y barbarie".
Consideraba que "la educación primaria es la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización". También sostenía que "los discípulos son la mejor biografía del maestro". Otros pensamientos para tener en cuenta que nos dejó, decían: "Cuando los hombres honrados se van a su casa, los pillos entran en la de gobierno"; "Fui nombrado presidente de la República, y no de mis amigos"; "Hombre, pueblo, Nación, Estado, todo: todo está en los humildes bancos de la escuela"; "Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer".
Sin duda, la del maestro es una de las profesiones fundamentales en la construcción de una sociedad. Hasta hace unas décadas, era símbolo de autoridad, cariño y respeto. Alumnos y padres eran incapaces de cuestionar sus decisiones y exigencias. Pero los tiempos modernos, excepto en la zona rural donde sigue siendo el segundo padre o la segunda madre, le han hecho perder jerarquía hasta el punto de que en muchas ocasiones, sufre agresiones verbales y físicas. A menudo mal remunerado, el docente tiene la alta responsabilidad de formar a niños y a jóvenes. Sólo aquellos que poseen una verdadera vocación pueden lograrlo.
Polémico, luchador, intransigente, marcado por contradicciones, Sarmiento soñó a lo grande. No sólo fue un gran educador, sino también un estadista, un visionario, de aquellos que se extrañan en estos tiempos.
Lo más popular
Ranking notas premium







