El escritorio es un reflejo de lo que nos sucede

Los riesgos de ser desordenados en la oficina. Una persona que no cuida el entorno laboral transmite una mala imagen. Sin embargo, esa conducta puede originarse en problemas internos. Facetas de la personalidad.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 08 Septiembre 2009
El desorden es cosa seria. A tal punto que, según estudios realizados en Estados Unidos, la falta de planificación, ese desorden o la confusión puede costarle a las empresas un 7% de sus ingresos anuales. Aún más, una investigación de la Universidad de Columbia reveló que un 59% de los ejecutivos de ese país tiene una mala imagen de los trabajadores desordenados. Claro que hay excepciones a la regla. El escritorio de Albert Einstein, siempre fue un caos, con pilas de papeles por doquier o fórmulas incompletas. "Si una mesa abarrotada es síntoma de una mente abarrotada, entonces ¿qué debemos pensar de un escritorio vacío?", respondía cuando le preguntaban sobre el desorden.  
"La mayoría de los empleados creativos suele mostrar esa imagen de una oficina desbordada de cosas, pero -a diferencia de otros- encuentra la solución en cinco segundos y no valora tanto el orden", dice a LA GACETA Graciela Chamut, magister en Dirección Ejecutiva de Empresas.
El estado del escritorio de la oficina desnuda la personal de un ejecutivo, un jefe o un simple empleado. Papeles desparramados, carpetas apiladas, vasos vacíos, comida y revistas. Portarretratos, floreros, portalápices, mochilas, carteras o portafolios. Todo eso puede acumularse en un escritorio. Según Chamut, el orden material en la oficina puede estar directamente vinculada con otras dos facetas de la personalidad de un trabajador: lo mental y lo físico, que se transmiten en el escritorio como un reflejo de lo que le pasa a esa persona en su vida.
"A veces, un escritorio desordenado responde a la inseguridad que tiene ese trabajador o jefe en la tarea que desempeña. O tal vez, desnuda lo que le está sucediendo en otro plano de su vida (problemas en casa o en sus finanzas", puntualiza la experta. Es lo que comúnmente se denomina desorden interno, que no está ligado exclusivamente a la falta de higiene o a la disciplina. Por esa razón, aclara Chamut, pueden brindarse distintas interpretaciones respecto de la conducta en la oficina.
Una persona ordenada se transforma en desordenada. "Está pasando por una situación difícil o hay algo que no puede acomodar en su vida", indica la especialista.
El desordenado que siempre lo fue. "Es el 'consistente', que muestra poca disciplina interior o escasa capacidad de planificación. Para ellos sólo existe el hoy y no el mediano plazo", acota. Prefieren improvisar sobre la marcha.
El obsesivamente ordenado. "Con ese aparente orden, está peleando con su desorden interno. No tiene las cosas acomodadas y trata de ser perfecto, lo cual no lleva a la productividad. Generalmente se demora, a diferencia de lo que sucede con el creativo", afirma la especialista.
Chamut cree que de nada sirven los extremos. "Lo mejor es tener un orden razonable, no volverse loco por cambiar las cosas de lugar. Debemos darnos cuenta que, a veces, el desorden no depende del gusto (estética) o del deseo de estar en esa situación (costumbre), sino a una imprevista situación personal", finalizó. Con el equilibrio emocional, las cosas volverán a su lugar.

La PC desnuda la personalidad
Según los expertos, todo trabajador tiende a marcar su territorio personalizando la PC. Y el fondo de pantalla dice muchas cosas nuestras.

Un fondo de paisaje puede significar el deseo de escaparse de la oficina, o una PC con muchos íconos simboliza una vida signada por el caos, sin orden.

Tener la papelera llena es como aferrarse a las cosas materiales. Iconos sumamente ordenados delatan a una persona armónica o a un maníaco de la limpieza.

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