Se puso dramático el entremés de los K
Los gobernadores están pidiendo más protagonismo a una gestión cuya billetera ya no es tan generosa. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
Las maderas del escenario ceden. La tarima tambalea porque no hay plata para mantener la obra con el éxito de otras temporadas. La taquilla no responde. La protagonista de la obra pierde popularidad. Los críticos dicen que sólo tiene un 23% de imagen positiva. Con ese guarismo, resulta dificultoso sostener la gigantografía en la marquesina del teatro. Mientras tanto, los actores de reparto la observan con desconfianza. Están más obligados que siempre a mendigar en las oficinas de la producción artística.
Cristina Fernández de Kirchner reparte y redistribuye cada vez menos dinero. No sólo Néstor Kirchner está nervioso por el escenario fiscal que se avisora. También los gobernadores experimentan esa sensación. Muchos de ellos apelan a medidas de ajuste presupuestario, aunque en los hechos traten de presentarlo de otra forma. Llegar a fin de mes le resulta tan complicado a las provincias como a las familias que tratan de estirar, como chicle, los ingresos mensuales. La presidenta de la Nación primero retiene y luego reparte. Sucede con el Plan de Asistencia Financiera (PAF). Los primeros días de cada mes, el Gobierno nacional retiene la cuotaparte de coparticipación que garantiza aquel préstamo que sólo sirve para estirar los vencimientos de la deuda a las provincias. Hay días que las planillas bancarias que detallan las transferencias llegan con saldo cero a la provincia deudora. Sin embargo, el gran acreedor demora el envío de la remesa mensual. Los personajes cambian de roles. La obra tiende a convertirse en un drama. Hace tiempo que dejó de ser un entremés.
En Tucumán, aún hay margen financiero para hacerle el aguante al kirchnerismo. En el último día de agosto, el gobernador José Alperovich recibió los $ 36 millones que corresponden a la cuota mensual del PAF. No se trata de dinero constante y sonante. En los últimos minutos del 31 del mes pasado llegó para evitar que Tucumán cierre el ejercicio con un agosto deficitario.
De dichos y hechos
Por la plata baila el mono, señala el dicho popular. Y cuando no se la tiene se buscan los instrumentos que permitan tocar la música que le gusta bailar al político, para sostener su imagen, su popularidad, sus alianzas y su estrategia de continuidad.
Mientras el cobro de impuestos nacionales sigue cayendo estrepitosamente, en Tucumán la Dirección General de Rentas recauda como pocas veces antes lo había hecho. Es cierto que se han perfeccionado mecanismos de fiscalización y de lucha contra la evasión. Pero también lo es que no le está dando respiro a los contribuyentes. El agobio fiscal no es buen consejero. En el Poder Ejecutivo lo saben y por eso ordenaron flexibilizar algunas normas, lo que no quiere decir que serán medidas permanentes. Cambia, todo cambia.
Las proyecciones fiscales obligan al Gobierno a aguzar el ingenio. Necesita plata para mantener el aparato estatal. Es posible que el Presupuesto de 2010 tenga una partida general de erogaciones que superará los $ 7.000 millones. Sí, unos $ 1.000 millones más que lo que se prevé gastar este 2009. En el mejor de los casos, los ingresos por transferencias federales pueden subir al 10%, pero al Presupuesto provincial seguirá acechando los reclamos salariales (en torno del 15%), la inflación (que oscila entre el 12% y el 15% anual) y hasta los servicios (el Estado usuario también deberá abonar el reajuste tarifario en algún momento).
Corriendo el telón
Acostumbrados a cumplir roles secundarios, esta vez los gobernadores están obligados a reclamar papeles protagónicos. Por caso, hay una corriente de mandatarios que está pidiendo a la Casa Rosada que sea la Nación la que pague el costo político de la emisión de títulos públicos. Hay varios argumentos que sostienen este planteo de refinanciar en, al menos, 10 años de plazo y a tasas razonables la deuda global de las provincias, estimada en unos $ 99.000 millones. Por caso, se dice que no hay que convocar a tantos acreedores para convenir un arreglo: la Nación, en promedio, es acreedora del 70% del stock de endeudamiento provincial. Más profunda es la dependencia de Tucumán (el 90% del pasivo corresponde a créditos otorgados por la Nación). Además, sin rediscusión acerca de la transferencia de fondos, el goteo de la coparticipación no llega a superar el 30% del volumen total recaudado por la Nación. Ni siquiera se garantiza el piso constitucional de girar cerca del 35% de lo ingresado por recaudación federal.
Mientras tanto, Alperovich aguanta. Se ha propuesto no pedirle nada a Cristina hasta tanto la tormenta pase. Entonces será el momento de la cosecha. Tal vez sea al finalizar este año. Ayer fue hasta el Palacio de Hacienda de la Nación para establecer dónde está parada la economía argentina y qué sucederá con las provincias. En la endeble tarima del escenario nacional, el gobernador juega al equilibrista, mientras Cristina busca un nuevo guión, para controlar las ansias de las provincias y evitar que el telón del kirchnerismo caiga definitivamente en 2011.
Cristina Fernández de Kirchner reparte y redistribuye cada vez menos dinero. No sólo Néstor Kirchner está nervioso por el escenario fiscal que se avisora. También los gobernadores experimentan esa sensación. Muchos de ellos apelan a medidas de ajuste presupuestario, aunque en los hechos traten de presentarlo de otra forma. Llegar a fin de mes le resulta tan complicado a las provincias como a las familias que tratan de estirar, como chicle, los ingresos mensuales. La presidenta de la Nación primero retiene y luego reparte. Sucede con el Plan de Asistencia Financiera (PAF). Los primeros días de cada mes, el Gobierno nacional retiene la cuotaparte de coparticipación que garantiza aquel préstamo que sólo sirve para estirar los vencimientos de la deuda a las provincias. Hay días que las planillas bancarias que detallan las transferencias llegan con saldo cero a la provincia deudora. Sin embargo, el gran acreedor demora el envío de la remesa mensual. Los personajes cambian de roles. La obra tiende a convertirse en un drama. Hace tiempo que dejó de ser un entremés.
En Tucumán, aún hay margen financiero para hacerle el aguante al kirchnerismo. En el último día de agosto, el gobernador José Alperovich recibió los $ 36 millones que corresponden a la cuota mensual del PAF. No se trata de dinero constante y sonante. En los últimos minutos del 31 del mes pasado llegó para evitar que Tucumán cierre el ejercicio con un agosto deficitario.
De dichos y hechos
Por la plata baila el mono, señala el dicho popular. Y cuando no se la tiene se buscan los instrumentos que permitan tocar la música que le gusta bailar al político, para sostener su imagen, su popularidad, sus alianzas y su estrategia de continuidad.
Mientras el cobro de impuestos nacionales sigue cayendo estrepitosamente, en Tucumán la Dirección General de Rentas recauda como pocas veces antes lo había hecho. Es cierto que se han perfeccionado mecanismos de fiscalización y de lucha contra la evasión. Pero también lo es que no le está dando respiro a los contribuyentes. El agobio fiscal no es buen consejero. En el Poder Ejecutivo lo saben y por eso ordenaron flexibilizar algunas normas, lo que no quiere decir que serán medidas permanentes. Cambia, todo cambia.
Las proyecciones fiscales obligan al Gobierno a aguzar el ingenio. Necesita plata para mantener el aparato estatal. Es posible que el Presupuesto de 2010 tenga una partida general de erogaciones que superará los $ 7.000 millones. Sí, unos $ 1.000 millones más que lo que se prevé gastar este 2009. En el mejor de los casos, los ingresos por transferencias federales pueden subir al 10%, pero al Presupuesto provincial seguirá acechando los reclamos salariales (en torno del 15%), la inflación (que oscila entre el 12% y el 15% anual) y hasta los servicios (el Estado usuario también deberá abonar el reajuste tarifario en algún momento).
Corriendo el telón
Acostumbrados a cumplir roles secundarios, esta vez los gobernadores están obligados a reclamar papeles protagónicos. Por caso, hay una corriente de mandatarios que está pidiendo a la Casa Rosada que sea la Nación la que pague el costo político de la emisión de títulos públicos. Hay varios argumentos que sostienen este planteo de refinanciar en, al menos, 10 años de plazo y a tasas razonables la deuda global de las provincias, estimada en unos $ 99.000 millones. Por caso, se dice que no hay que convocar a tantos acreedores para convenir un arreglo: la Nación, en promedio, es acreedora del 70% del stock de endeudamiento provincial. Más profunda es la dependencia de Tucumán (el 90% del pasivo corresponde a créditos otorgados por la Nación). Además, sin rediscusión acerca de la transferencia de fondos, el goteo de la coparticipación no llega a superar el 30% del volumen total recaudado por la Nación. Ni siquiera se garantiza el piso constitucional de girar cerca del 35% de lo ingresado por recaudación federal.
Mientras tanto, Alperovich aguanta. Se ha propuesto no pedirle nada a Cristina hasta tanto la tormenta pase. Entonces será el momento de la cosecha. Tal vez sea al finalizar este año. Ayer fue hasta el Palacio de Hacienda de la Nación para establecer dónde está parada la economía argentina y qué sucederá con las provincias. En la endeble tarima del escenario nacional, el gobernador juega al equilibrista, mientras Cristina busca un nuevo guión, para controlar las ansias de las provincias y evitar que el telón del kirchnerismo caiga definitivamente en 2011.
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