Alfil a la presidencia, Alperovich al poder

Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción.

02 Septiembre 2009
Cuando un político no conoce con cuántos seguidores cuenta para avanzar en un tema en el que va en juego su propio cuero o futuro, lo mejor es llamar a votación. Es una regla fundamental a seguir, especialmente en una asamblea partidaria, cuando los sectores en pugna tienen dudas sobre el número de las lealtades. Un viejo negociador peronista, hábil en este tipo de trinquiñuelas, aconsejaba votar, y por una nimiedad si fuera necesario, para separar las aguas y contar los porotos propios y los ajenos en un plenario que pinta trabado. Este mecanismo formaba parte del folclore peronista de antaño, cuando había grupos o líneas internas que no se sacaban tantos cuerpos de ventaja en el PJ como ocurre hoy -donde la mayoría es alperovichista, por ejemplo, y la oposición interna no existe, o bien esta reducida a papeles con sellos-, cuando la lucha era cabeza a cabeza, y las fidelidades eran como cicatrices. Si había que imponer un candidato, una lista o modificar la carta orgánica y los cálculos sobre los delegados propios eran inciertos, nada mejor que llamar a una votación previa, por ejemplo, para elegir las autoridades de la asamblea. Cada sector proponía, se sufragaba, uno ganaba, otro perdía. Así se sabía si con las fuerzas propias se daba quórum y si se impondrían sus mociones. En síntesis, si lo que está en juego define la subsistencia política de un grupo, nada mejor que sufragar. !Qué mejor uso se le puede dar a la democracia!
Si se mira el escenario político local, el Gobierno está en un brete que puede enfrentar con esta vieja estrategia política. ¿Por qué? Porque el mantenimiento en el poder del alperovichismo depende de una decisión judicial, y antes de que el fallo se conozca -oh casualidad-, en el medio debe haber un plenario que puede decir mucho sobre el sentido final de la sentencia. ¿Qué plenario? El que debe reunirse para elegir las nuevas autoridades de la Corte Suprema de Justicia de la provincia. En ese caso, la forma en qué voten los integrantes del cuerpo puede permitir avizorar -por lo menos al oficialismo- qué clase de Poder Judicial se viene para los próximos dos años -dato no menor este-, en términos políticos, claro. En los últimos tiempos, en medio de los planteos de los abogados contra aspectos de la reforma constitucional, el gobernador, José Alperovich, acusó a la Justicia de ser un poder político más; es decir, un sector entrometido en lo que no debía, que lo confrontaba y que afectaba sus intereses.
En estos últimos meses, a dos años de la próxima elección provincial de renovación de autoridades -otro dato temporal a tener en cuenta-, el titular del Poder Ejecutivo habló públicamente, en forma reiterada, respecto de su re-reelección. Interpreta que la Constitución -artículo 159- es clara en cuanto a que le permite presentarse nuevamente.
Se puede preguntar por qué con tanto tiempo de anticipación a los comicios mencione, repetidamente, esta cuestión. La respuesta surge a la luz de la vieja táctica de saber con cuántos votos se cuenta en un plenario crucial para definir subsistencias. Esa próxima asamblea es, nada más y nada menos, que la de la Corte. En términos políticos, Alperovich desea que allí se sufrague aunque, obviamente, no sea una nimiedad resolver la integración del alto tribunal. A él le interesa el resultado, porque, estima, le permitirá intuir qué puede sobrevenir de parte de la Justicia.
Así también es obvio que estará más tranquilo si su alfil en la Corte se convierte en rey. O sea, Antonio Estofán, que ya está jugando sus cartas para seducir a alguno de sus rivales: Antonio Gandur, Alberto Brito y René Goane. Claudia Sbdar, se supone, jugará con el ex fiscal de Estado. A votar, a votar, parece pedir Alperovich desde la Casa de Gobierno. Y si todo sale como él lo piensa, además de gestionar tranquilo el resto de su administración con media re-reelección bajo el brazo, habrá logrado lo que nadie en Tucumán: que hombres surgidos de su gabinete estén al frente de los otros dos poderes del Estado, aunque uno en uso de licencia por haber asumido como ministro de Salud de la Nación. En ese sentido, un elemento a tener en cuenta es que la Constitución de 2006 fijó que la Junta Electoral Provincial esté integrada por el vicegobernador o titular del Poder Legislativo, el presidente de la Corte Suprema y el fiscal de Estado. Con esa línea de tres: Estofan, Juan Manzur -si retorna de su puesto en la Nación- y Pedro Giudice, Alperovich tendrá bien cuidada sus espaldas en los comicios de 2011. Si desea mantenerse en el puesto de gobernador, Alperovich llegaría bien pertrechado. Con la re-reelección, el acople electoral pergeñado en el Ministerio de Gobierno y los recursos -pocos o muchos- de los Kirchner, aquel "vamos por todo" puede convertirse en una realidad. Claro que, antes de todas estas especulaciones, hay un hecho clave que debe ocurrir en el medio; una votación a la que Alperovich no llamó, pero que aguarda con expectativa: la designación del nuevo presidente de la Corte Suprema. Es parte de la subsistencia política, aunque no sin razón otros podrán decir que es parte de un proceso de acumulación de poder.

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