Las macetitas de la indiferencia
La Corte Suprema dio su fallo sobre drogas pero en Tucumán las cosas no han cambiado. Los adictos esperan. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
Las cosas se dieron vuelta. Hoy el juez de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni puede decir tranquilamente que "nadie puede ordenar un allanamiento por un porro o una planta" y que en casa "un porro, una macetita, se puede tener". Alude a la marihuana, y la sociedad está un poco estupefacta pero ya no se escandaliza. Es que, como señaló el sociólogo Alberto Calabrese, la estrategia contra las drogas fue equivocada y el consumo se universalizó. El fallo de la Corte Suprema, que tiene que ver con un cambio en la legislación -en breve- apunta a que se deje perseguir al adicto y que se ataque al narcotraficante.
La polémica por el fallo se ha apagado un poco. Los que se asustaban por la despenalización -caso José Ramón Granero, titular de la Sedronar, organismo nacional de prevención y lucha contra el narcotráficio- ahora dicen que hay que poner el foco en los narcotraficantes, pese a que siguen pensando que el tema de la marihuana es contraproducente. Pero lo que no pueden negar es que las décadas de lucha contra las drogas se centraron en la persecución de perejiles mientras los narcos se reían de la Policía y se universalizaba el consumo.
Las cosas cambiaron poco. Así como la sociedad está estupefacta, también los organismos oficiales siguen expectantes o indiferentes, porque no acusan recibo del golpe y no advierten que hay que barajar y dar de nuevo.
En el plano policial, los agentes siguen deteniendo perejiles. La Patrulla Motorizada detuvo, en lo que va del año, a unos 120 adictos (o trafiadictos, como los llaman), mientras los policías de Drogas Peligrosas, que son los que realmente encaran el combate a los narcos, están sobrepasados. Necesitan más elementos y más capacitación. Las autoridades no parecen entender que, como dice Calabrese, los traficantes toman este "negocio" con la ley de la oferta y la demanda de un producto que les deja muchas ganancias. Tienen el dinero -para comprar, para moverse, para coimear-, tienen una fuerte entrada cultural, y tienen la indiferencia social.
Por el lado de la salud, Tucumán sigue sin precisiones acerca de cómo tratar a los adictos. El convenio del gobierno con las ONGs, caído desde hace nueve meses, no se ha renovado y eso hace que cientos de jóvenes carezcan de contención y que los servicios de los hospitales Padilla y Avellaneda estén desbordados.
El Siprosa, según se explicó, no pudo tratar el convenio porque estuvo sobrepasado por la emergencia de gripe A, primero, y ahora por la protesta hospitalaria. Y viene la pregunta: ¿siempre estará desbordado por emergencias de dengue, influenza, obesidad o paros de médicos? ¿No haría falta un trabajo más profundo, vinculado con una política integral? Es decir: en nombre de los nuevos tiempos se terminó el convenio con la Secretaría de Prevención de Adicciones, que dirige Alfredo Miroli, y se pasó el problema de las drogas al área de Salud. Pero no se hizo nada. De hecho, desde el año pasado en la Legislatura duerme un proyecto de ley para debatir la atención de adicciones. No parece que los legisladores vayan a ocuparse del tema en lo inmediato.
El asunto no está en que Zaffaroni hable de macetitas para marihuana. El juez desnudó la hipocresía de un sistema que no funcionaba. El problema es que hay macetitas mucho más grandes, en las que se cultiva y crece la indiferencia por el drama de las adicciones.







