A 110 años del nacimiento del mayor escritor argentino

Borges íntimo. Entrevista a Miguel de Torre Borges.

23 Ago 2009
Miguel de Torre Borges es uno de los dos sobrinos de Jorge Luis Borges. Es hijo de su hermana Norah y del escritor Guillermo de Torre. Miguel, a quien Borges consideraba un hijo, fue una de las pocas personas que conoció en profundidad la intimidad del escritor; una zona que este último preservó especialmente. Ambos (tío y sobrino) son los autores de Fotos y manuscritos, libro en el que se recopilan documentos que ofrecen un testimonio parcial de ese ámbito privado. De Torre complementó ese título con Nosotros los Borges y Apuntes de familia. El sobrino del autor de El Aleph recibe a LA GACETA Literaria en su departamento del barrio porteño de Belgrano, poblado de primeras ediciones de su célebre pariente, de cuadros de su madre y de daguerrotipos en las que aparecen personajes conocidos para los lectores borgeanos, como el coronel Borges.

- Su tío, a través de su obra, parece intelectualmente inaccesible, un autor que constantemente agrega un obstáculo más a quienes intentan interpretarlo, una pista falsa para burlarse de los lectores pretenciosos. Paralelamente, toda su arquitectura racional se presenta como una defensa impenetrable por los sentimientos. ¿Cuán inaccesible era Borges en la intimidad?
- Era un hombre muy distinto del que surge de la imagen que pueden tener sus lectores. Un tipo bromista, muy normal; era un intelectual, por supuesto, que saltaba de un tema a otro, pero podía pasar de la cuestión más abstrusa a la más banal. Como no tenía hijos, él descubrió a los chicos en nosotros. Nos trataba como verdaderos hijos; me llevaba a babucha, jugaba conmigo, me enseñaba a través de un cuento o de un chiste. No era un  tío pesado que recitaba decálogos sino alguien anticonvencional, con un gran sentido del humor y una personalidad encantadora. Lo que sí había en él, y en la familia, es una prevención frente al sentimentalismo. En un cumpleaños, por ejemplo, siempre se buscaba la sobriedad.

- ¿Leyó el libro póstumo de Bioy Casares que reúne sus diarios sobre sus conversaciones con Borges?
- Trabajo en la editorial Losada y cotidianamente me encuentro allí con ese libro. Cada tanto lo agarro y alcanzo a leer solamente un fragmento porque, al conocer tan bien lo que allí se describe, me cuesta digerir rápidamente lo que leo. Lo conocí muy bien a Bioy y, efectivamente, los dos se reunían y satirizaban a muchos de los personajes que conocían.

- ¿Cómo fue su relación con su tío cuando usted era más grande?
- Muy estrecha. Trabajamos juntos en distintas circunstancias. Al cumplir 17 años empecé a trabajar en la Biblioteca Nacional, de la que él era director. Luego, por ejemplo, coordiné el libro Cosmogonías, que hizo con Aldo Sessa.

- Una buena parte de las personas que tuvieron acceso por unos pocos minutos a Borges, han amplificado esos momentos para usufructuar parte de su fama. ¿Cómo procesa usted esa utilización que se hizo de su tío?
- Es cierto, hubo un claro abuso. Muchos se definían como amigos de Borges y se aprovechaban de eso. Mi tío, muchas veces, no sabía con quién estaba hablando. Un chico le tocaba el timbre, le decía que venía de un colegio secundario de Adrogué y él lo hacía pasar para conversar. También es cierto que necesitaba muchos lectores y amanuenses. Pero todas esas personas, además de ayudarlo en lo que necesitaba, lo divertían. Podía pasarse horas hablando con un desconocido si en la conversación aparecía un tema que lo apasionaba. Por pudor, no le gustaba que le hablaran de su obra sino de la de otros.

- ¿Cuánto le costaba relacionarse con las mujeres?
- Era el reverso de Bioy, quien siempre tenía un rol dominante. Mi tío, en cambio, veía a las mujeres como un objeto de adoración siempre inalcanzable. Y esa debilidad fue aprovechada por muchas.
 
- ¿Cuánto pesa el apellido Borges?
- Mucho. Algunos consideran que Cortázar se fue a París porque la figura de mi tío lo aplastaba. Yo, durante demasiado tiempo, no pude pronunciar la palabra "literatura". Si bien estuve toda mi vida ligado al mundo editorial, no me considero un intelectual. Incluso me parece un término muy presuntuoso y discriminatorio. Mi tío se burlaba de  esas categorías y de todo lo que estaba unido a ellas; los títulos, las distinciones, las formalidades. Se reía de los académicos y de sus ambiciones, diciendo que él era un simple bachiller.

- ¿Esa burla bastaba para liberarse de "la importancia de llamarse Borges"?
- No, mi tío y mis padres quisieron sacarme presión pero esta fue enorme: una fuerza que ellos no podían controlar. Mi padre era un escritor prolífico, con más de 20 libros publicados; mi madre una artista famosa; y mi abuela materna tenía una presencia imponente. Yo quise sustraerme de esa presión, pero tardé muchos años en apaciguar la sangre, en encontrar tranquilidad. Hasta que ellos no murieron, no pude escribir. Finalmente encontré mi terapia, que es el tenis.

- ¿Y quién es "el Borges del tenis"?
- Yo creo que Andy Roddick. Pero mi tío elegiría a Roger Federer.

- ¿Porque tampoco es humano?
- Sobre todo porque es el jugador más cerebral... y, encima, es suizo. © LA GACETA

Comentarios