La clave: moverse con rapidez

Análisis. Por Jorge Cassinelli - Columnista de NA.

29 Marzo 2009

BUENOS AIRES.- En una situación como la actual, en que la globalización marca la diferencia respecto de otras épocas del mundo, la decisión de una inversión está beneficiada por la acción de la tecnología que abre las puertas para saber qué está ocurriendo, al instante, en cualquier lugar del planeta.
La crisis ofrece condiciones propicias para la inversión si se está dispuesto a correr riesgos, teniendo en cuenta el viejo adagio de que quien no arriesga, no gana.
En un mundo tan convulsionado como el actual, quedarse quieto es morirse poco a poco. En una Argentina como la de hoy, que se encuentra aislada del mundo financiero, pero conectada con él tecnológicamente, la decisión es difícil, pero no imposible.
Sí, hay que destacar los plazos durante los que se quiere invertir y definir previamente cómo clasificarlos dentro del contexto argentino que difiere del resto del mundo, especialmente por la imprevisibilidad con que se comporta el Gobierno de nuestro país.
El corto plazo, en la Argentina, se mide en días o, a lo sumo, en semanas, mientras que el mediano no pasaría de un par de meses o de un trimestre si se considera un hecho el adelantamiento de las elecciones para el mes de junio de este año.
De ahí en más, se abre el largo plazo que puede ser tan imprevisible como peligroso porque no se sabe qué podrá decidir el Gobierno frente al resultado de los comicios anticipados. En cualquier caso, habrá que moverse con rapidez por aquello de que: quien pega primero, pega dos veces.
El corto plazo abre expectativas inmediatas y el dólar estadounidense aparece como la inversión más segura porque el temor a una recesión mundial deja a la Argentina huérfana de cualquier apoyo por su aislamiento tras un default que subsiste por incumplimientos con el Club de París y los bonistas no ingresados en el canje de 2005.
Como el país es poco creíble en términos internacionales, la compra de dólares surge como más conveniente ante una aceleración de hecho en la depreciación del peso frente a la divisa verde.
Esa posibilidad se acrecienta si hablamos del largo plazo si los acontecimientos precipitaren una devaluación masiva del peso después de las elecciones de junio.
A diferencia de la Argentina, paradójicamente, el país que desató el caos financiero internacional, y ahora principal deudor del mundo (al final de la Segunda Guerra Mundial era el primer acreedor), es el receptáculo de ingresos de fondos a través de la compra de sus Bonos del Tesoro (BT) y de un afianzamiento de su moneda frente a las principales del planeta.
Es que Estados Unidos siempre pagó los intereses de sus BT y nunca cambió el dólar como su unidad monetaria, sin importar las modificaciones impuestas en su diseño a través del tiempo: un dólar de 100 años atrás siempre es canjeable uno a uno por un dólar de hoy.
Eso genera cumplimiento y confianza, algo que está ausente en la Argentina de hoy.

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