Godot y su llegada a Tucumán

Punto de vista. Por Federico A. M. Lannes - Ex ministro de Economía de Tucumán.

08 Marzo 2009
La consulta de La Gaceta me trajo a la memoria la genial obra de Beckett que emplea, a menudo, el humor filosófico para forzarnos a afrontar nuestra inseguridad que, para la mayoría, se deriva de la simple ignorancia, y nos impide relacionarnos con los demás y con nuestro medio. Vladimir y Estragón, los dos personajes de Beckett, están esperando a Godot al borde del camino. ¿Quién es Godot? No está claro. ¿Qué pasará cuando llegue? No lo saben. ¿Por qué siguen esperando? ¿Merece la pena esperar a Godot? Frustrados por no saber el motivo de su espera, aparece en escena un extraño - un hombre rico con su sufrido sirviente-, cuya presencia les da nuevas ideas a considerar. Pero finalmente terminan en el mismo punto en el que empezaron: confusos, inseguros, esperando no se sabe qué. Al final de la obra nos reímos de Vladimir y Estragón, pero con una risa incómoda porque nos damos cuenta de que nos reímos de nosotros mismos.
Dentro de la economía capitalista, el mercado no es ni bueno ni malo; es la pedana donde los esgrimistas concretan las transacciones. Y estas deben ser lo más transparentes posible: deben concretarse entre iguales. De lo contrario, el mercado se desnaturaliza, se vuelve instrumento de envilecimiento. En este caso, he escuchado voces que consideran importante que en Tucumán ingrese al mercado azucarero un segundo operador grande, porque equilibraría un poco más las cosas entre demandantes y oferentes.
Por otra parte, Godot no llega recién a Tucumán, ni es un extraterrestre. Pertenece al NOA. Hay citricultores que -me lo han dicho- hicieron con él buenos negocios en los últimos dos años. También algunos azucareros cuya suerte dependió de los negocios que Godot hizo basándose en su know how de muchos años en varias cuestiones. Nadie enseña lo que no sabe. Por eso, Alberdi se preocupaba superlativamente por la capacidad de trabajo y por el conocimiento de los inmigrantes. Ya se lo he dicho muchas veces a Vladimir y a Estragón: "la innovación tecnológica no siempre genera desempleo. Asociada a una gestión eficiente y al marketing (inteligencia de mercados), puede abrir nuevos y modernos horizontes laborales. Así como necesitamos buenos maestros y buenos médicos, necesitamos empresarios eficaces (independientemente de que sean tucumanos o de afuera de la provincia), capaces de comprender las exigencias de la solidaridad y actuar en consecuencia.
Apostar a esta estrategia en la batalla contra la miseria no implica renunciar a las obligaciones naturales, ni instaurar la avaricia como valor central de nuestra cultura económica. Es necesario que los empresarios se comprometan a ser verdaderos arquitectos del orden social. Pero también necesitan que se les reconozca su legítimo liderazgo dentro de un esquema de relacionamiento que fortalezca la ética a partir de buenos proyectos, con suficientes chances de empleos productivos y respetando el desarrollo sustentable.
Es importante que Godot sepa que su llegada abre una expectativa muy grande en este duro contexto actual, en el que miles de norteños nos están exigiendo inventar respuestas efectivas y con sentido común. El sector agroalimentario tiene posibilidades ciertas de mejorar nuestra economía complementando su actividad con la producción de alconafta. Por eso, tucumanos, ¡a las cosas!

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