01 Febrero 2009 Seguir en 
La intervención del gobierno de Néstor Kirchner en el Indec comenzó en enero de 2007. Entonces fue desplazada del cargo la directora del Indice de Precios al Consumidor (IPC), Graciela Bevacqua.
El despido derivó de la indignacion del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ya que Bevacqua, una reconocida profesional de las estadísticas y personal de carrera del ente (había llegado por concurso), se negó, amparándose en el secreto estadístico, a darle al funcionario la lista de comercios donde se relevaban precios.
Un mes antes, Moreno -cuya única función debiera ser velar por el cumplimiento de las leyes de defensa del consumidor- le pidió modificar la medición de la medicina prepaga.
Desde entonces, se desplazaron en el Indec directores y técnicos por personal de menor preparación, pero afín al kirchnerismo.
Mes tras mes el dato de la inflación comenzó a ser más bajo del esperado. La suba de precios golpeaba, pero el Indec decía que era del 0,5% o del 0,3%. Inclusive, un mes calculó que hubo deflación (baja de precios). La manipulación de las estadísticas oficiales después trascendió a otros indicadores, como el de la actividad industrial.
Las direcciones de Estadística de las provincias, amordazadas por la presión del gobierno federal, también difundieron cifras por debajo de las expectativas. A la nota la dieron San Luis y Mendoza, que difundieron porcentajes mensuales superiores a la media del país, considerados realistas.
En los últimos dos años, la inflación acumulada según el Indec fue del 15,7%: 8,5% en 2007 y 7,2% en 2008. Pero, según los estudios privados, en cada año, los precios habrían subido un 15%, casi el doble.
Esta serie de hechos provocó que la credibilidad y el prestigio del Indec cayeran aún más. Y el gobierno de Cristina poco ha hecho por revertir esa tendencia.
El despido derivó de la indignacion del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ya que Bevacqua, una reconocida profesional de las estadísticas y personal de carrera del ente (había llegado por concurso), se negó, amparándose en el secreto estadístico, a darle al funcionario la lista de comercios donde se relevaban precios.
Un mes antes, Moreno -cuya única función debiera ser velar por el cumplimiento de las leyes de defensa del consumidor- le pidió modificar la medición de la medicina prepaga.
Desde entonces, se desplazaron en el Indec directores y técnicos por personal de menor preparación, pero afín al kirchnerismo.
Mes tras mes el dato de la inflación comenzó a ser más bajo del esperado. La suba de precios golpeaba, pero el Indec decía que era del 0,5% o del 0,3%. Inclusive, un mes calculó que hubo deflación (baja de precios). La manipulación de las estadísticas oficiales después trascendió a otros indicadores, como el de la actividad industrial.
Las direcciones de Estadística de las provincias, amordazadas por la presión del gobierno federal, también difundieron cifras por debajo de las expectativas. A la nota la dieron San Luis y Mendoza, que difundieron porcentajes mensuales superiores a la media del país, considerados realistas.
En los últimos dos años, la inflación acumulada según el Indec fue del 15,7%: 8,5% en 2007 y 7,2% en 2008. Pero, según los estudios privados, en cada año, los precios habrían subido un 15%, casi el doble.
Esta serie de hechos provocó que la credibilidad y el prestigio del Indec cayeran aún más. Y el gobierno de Cristina poco ha hecho por revertir esa tendencia.








