18 Enero 2009 Seguir en 
Durante los últimos años Argentina no logró disipar las dudas sobre la sustentabilidad de la deuda pública y, por lo tanto, alejar del horizonte financiero un nuevo episodio de default. Tal percepción responde a la desconfianza en los datos estadísticos oficiales, que va desde la inflación hasta las propias cuentas públicas, al deterioro fiscal proyectado para el 2009; la caída de las exportaciones lo que reducirá la disponibilidad de dólares; la restricción para acceder a los mercados de deuda internacionales, hecho que se daba antes de la crisis; y las próximas elecciones que llevarán a una sobreexpansión del gasto público. Bajo este marco, que vale aclarar prevalecía antes de la profundización de la crisis financiera internacional, el Gobierno intentó despejar las dudas sobre su capacidad de pago, anunciando el pago de la deuda al Club de París al contado usando reservas del Banco Central por una suma de U$S 6.800 millones y avanzar en una propuesta para los bonistas que no aceptaron el canje en el 2005. A los pocos días de los anuncios, el Gobierno mostró sus serios errores de pronóstico y la realidad imperante en los mercados financieros, se encargó de que las iniciativas esbozadas quedaran en eso, en meros anuncios. Al agudizarse la crisis financiera internacional, se pusieron en evidencia con más claridad las vulnerabilidades de la economía. El Gobierno necesitaba contar con un fondo anticíclico y optó por estatizar el ahorro previsional que administraban las AFJP, una suerte de "default selectivo". De aquí surgen las necesidades de divisas que tiene el Gobierno. Ante este panorama y suponiendo un deterioro fiscal por la caída en las retenciones, las cuentas públicas nacionales estarán más exigidas lo que elevará las restricciones presupuestarias provinciales. Con lo cual si bien las dudas en materia de cumplir con los compromisos financieros parecen despejarse en el 2009. No hay señales de retomar las negociaciones con el Club de París porque se afectarían las reservas del Banco Central en un contexto reducción del superávit de la balanza comercial, y con los bonistas que no aceptaron el canje se espera que mejoren las circunstancias en los mercados financieros externos. Ahora bien, los atajos que usó el Gobierno para mostrar solvencia y capacidad de pago, no son gratuitos. Los costos de estatizar las AFJP, afecta la solvencia fiscal intertemporal y debilita de manera significativa el mercado de capitales.
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